¿Cómo podemos lograr que haya más mujeres en la política?

Argentina's newly-elected congresswoman Victoria Donda Perez (C) takes part in a political rally in front of the Naval Mechanics School building, Argentina's infamous torture center also known as ESMA, in Buenos Aires November 17, 2007. Donda, born to political prisoners during Argentina's dirty war then illegally adopted and robbed of her identity, swears to deepen the country's commitment to human rights when she takes her new seat in Congress next week. Of more than 80 people who have recovered their identities after being born in captivity during the 1976-1983 military dictatorship and then adopted by military families or their friends, Donda is the first to become a lawmaker. Picture taken November 17. REUTERS/Enrique Marcarian (ARGENTINA) - GM1DWRUSJJAA
From quotas to funding, what's the answer?Image: REUTERS/Enrique Marcarian
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Los esfuerzos por mejorar la representación de las mujeres en la política se han centrado a menudo en las cuotas y los escaños reservados. Lo que realmente se necesita es un enfoque matizado que aborde las barreras subyacentes e interconectadas que enfrentan las mujeres para ser nominadas a cargos electivos y llevar adelante campañas exitosas.

En 2018, un número récord de mujeres estadounidenses se postula a cargos electivos; muchas de ellas están motivadas por la indignación ante las políticas y actitudes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump. Pero presentarse a las elecciones no es lo mismo que ganarlas, y la indignación por sí sola no puede generar el progreso sostenido necesario para lograr la igualdad política. Para aumentar sustancialmente el número de mujeres en el Congreso, harán falta cambios más profundos que la actual «ola rosa» electoral.

Con solo un 19,3 % de representación femenina en la Cámara de Representantes y un 23 % en el Senado, Estados Unidos actualmente ocupa el puesto 103 a nivel mundial en cuanto a la representación de las mujeres en los parlamentos nacionales. Para mejorar sus cifras, Estados Unidos debería fijarse en países con mayor paridad de género.

A la cabeza de esa lista está Ruanda, donde las mujeres ocupan el 61,3 % de los escaños de la cámara baja y el 38,5 % de los de la cámara alta. En 2003, el país adoptó una nueva constitución que reserva el 30 % de los escaños parlamentarios para las mujeres y exige a los partidos políticos que garanticen que ellas ocupen al menos el 30 % de los cargos internos electivos. Francia es uno de otros 49 países que también cuentan con cuotas legales o escaños reservados para las mujeres.

Image: Foro Económico Mundial

Sin embargo, esas cuotas podrían no ser necesarias. En siete de los diez países con mayor representación femenina, los partidos políticos han adoptado voluntariamente sus propias normas al respecto. En todo el mundo, más de 100 partidos políticos de 53 países han establecido medidas voluntarias para aumentar el número de candidatas y dirigentes de partido.

Pero, estén establecidas por ley o no, las cuotas pueden ser polémicas. Algunas personas sostienen que son antidemocráticas. Sin duda, son un instrumento contundente. ¿Podemos hacerlo mejor?

Un enfoque más matizado se centraría en eliminar las barreras subyacentes e interconectadas que enfrentan las mujeres para ser nominadas a cargos electivos y llevar adelante campañas exitosas. Entre esos obstáculos figuran el propio sistema electoral (a las mujeres les va mejor con la representación proporcional que en los sistemas mayoritarios basados en distritos uninominales); la falta de acceso a financiación; redes profesionales más débiles; y responsabilidades externas que dificultan asumir condiciones laborales agotadoras e impredecibles.

Superar esas barreras estructurales requiere una estrategia integral para apoyar a las candidatas. Una de las herramientas más poderosas es el dinero.

En muchos países, el costo de las campañas se está volviendo prohibitivamente alto para la mayoría de quienes aspiran a un cargo, independientemente de su género. Pero parece que las mujeres lo tienen más difícil que los hombres. En una encuesta de 2008 a 292 parlamentarios de todo el mundo, la Unión Interparlamentaria constató que las parlamentarias consideraban que la falta de financiación era un impedimento más importante para entrar en política que sus homólogos masculinos.

Este problema es especialmente marcado en Estados Unidos, donde los partidos y candidatos pueden gastar cantidades casi ilimitadas para ser elegidos. Los candidatos adinerados (por lo general, hombres) financian sus propias campañas; algunas mujeres, como Nancy Pelosi y Dianne Feinstein, dependen de las fortunas de sus maridos. En conjunto, este sistema perjudica a las mujeres.

Afortunadamente, algunos países están introduciendo medidas innovadoras para abordar este problema. En Georgia, por ejemplo, los partidos políticos que incluyen al menos un 30 % de personas de cada género en sus listas electorales reciben un suplemento del 30 % con cargo al presupuesto estatal. De manera similar, en Irlanda, los partidos políticos pierden el 50 % de su financiación estatal si su conjunto de candidatos incluye a menos del 30 % de personas de cualquiera de los dos géneros.

Además de las limitaciones financieras, las mujeres se enfrentan a importantes barreras sociales y culturales para participar en la política. En particular, las mayores obligaciones de cuidado, reforzadas por la percepción pública del «papel de la mujer», socavan gravemente la capacidad de las mujeres para presentarse a cargos públicos.

Es difícil abordar directamente estos problemas. Una medida que podría ayudar sería que los políticos asumieran más responsabilidades de cuidado, nivelando así las condiciones y demostrando que la familia es una prioridad para todos.

Asimismo, las madres recientes deberían poder llevar a sus hijos al trabajo. En 2015, una fotografía de la diputada argentina Victoria Donda Pérez amamantando mientras participaba en una audiencia parlamentaria se hizo viral, pues puso de manifiesto el compromiso, las capacidades y los desafíos de las madres trabajadoras. La experiencia de Madeleine Henfling, miembro del parlamento regional de Turingia, en Alemania, ejemplificó esos desafíos: el mes pasado se le impidió entrar en la cámara legislativa con su bebé de seis semanas.

También deberían implantarse políticas concretas para apoyar a los padres que trabajan, dándoles más flexibilidad para atender sus responsabilidades familiares. Por eso, la Cámara de los Comunes del Reino Unido está considerando introducir el voto por delegación, como parte de un esfuerzo más amplio para conceder permiso parental a sus miembros, hombres y mujeres.

Las mujeres también pueden beneficiarse de una formación específica. La reciente Academia Política de ONU Mujeres en Túnez formó a candidatas en gobernanza local, las misiones y funciones de los consejos municipales y las relaciones con los medios de comunicación. Algunas quizá sigan algún día los pasos de Souad Abderrahim, elegida primera mujer alcaldesa de Túnez con el apoyo del movimiento islamista Ennahda.

Algunos líderes han hecho declaraciones contundentes en apoyo de una mayor participación de las mujeres en el gobierno. En 2015, el primer ministro canadiense Justin Trudeau formó el primer gabinete de su país con igual número de hombres y mujeres. Su homólogo español Pedro Sánchez ha ido un paso más allá, nombrando un gabinete en el que las mujeres superan en número a los hombres.

Los partidos políticos, que actúan como guardianes del acceso de quienes aspiran a cargos públicos, también tienen un poder considerable para encontrar formas creativas de apoyar a las candidatas. Por ejemplo, los dos principales partidos de Nigeria eximirán del pago de las tasas de nominación no reembolsables o las reducirán para las elecciones generales de 2019. Un partido camboyano proporciona a las candidatas recursos básicos para la campaña, como ropa y una bicicleta.

En elecciones canadienses anteriores, los partidos políticos han reembolsado a las candidatas los gastos de cuidado infantil y de viaje, y han concedido subsidios a mujeres que buscaban la nominación en circunscripciones donde se jubilaba un titular masculino. El Nuevo Partido Democrático y el Partido Liberal se han esforzado por presentar candidatas en escaños vacantes «con posibilidades de ganar».

No existe una solución única para la desigualdad de género en la política. Pero hay muchas medidas que pueden y deben tomarse para garantizar que se escuche la voz de las mujeres.

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