Desde el arte surrealista y las mujeres destacadas hasta la cerveza y las patatas fritas, las calles de un distrito de Bruselas en proceso de regeneración reciben nombres según los deseos del público belga.
La ecléctica variedad de nuevos nombres elegidos por los residentes de Bruselas va desde Passage de la Kriek, llamado así por una famosa cerveza belga de cereza, hasta Ceci n'est pas une rue (Esto no es una calle), inspirado en el arte del surrealista belga Rene Magritte.
«Ponerle nombre a una calle le confiere cierta identidad», declaró a la Thomson Reuters Foundation Kris Verhellen, director ejecutivo del grupo inmobiliario Extensa, propietario del antiguo centro de transporte al norte de la ciudad.
Dijo que le habían sorprendido las aportaciones «poéticas» y que muchas personas compartieron recuerdos personales y esperanzas en sus propuestas.
El proyecto surge en un momento en que muchas ciudades que emprenden importantes proyectos de regeneración buscan garantizar que se reflejen las personas y las historias locales.
Conmemorará a dos destacadas mujeres belgas tras una campaña de un grupo feminista local que puso de relieve la falta de calles que lleven el nombre de figuras históricas femeninas.
Se dará el nombre de la directora de cine Chantal Akerman y de Isala Van Diest, la primera médica del país, a sendas calles.
El grupo feminista que participa en el proyecto, Noms Peut-etre (Nombres quizá), dice que trabaja para «denunciar la invisibilidad de las mujeres en el espacio público».
Sus integrantes han colocado nombres no oficiales en calles de Bruselas para conmemorar a mujeres y también promueven que los nuevos espacios públicos reflejen su papel, un fenómeno que también se observa en los Países Bajos.
Activistas neerlandeses cambiaron extraoficialmente el nombre de calles en grandes ciudades al constatar que la gran mayoría conmemoraba a hombres.
Verhallen dijo que esperaba que los nombres del nuevo desarrollo urbanístico de Bruselas ayudaran a definir el ambiente de la nueva zona.
Después de que una plaza recibiera el nombre de un apelativo cariñoso, trabajaron para crear en ella un rincón romántico para enamorados, dijo.
«Creo que debería ser una especie de profecía autocumplida», añadió.
