El racismo antiasiático va en aumento. Esto es lo que podemos hacer para combatirlo.

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  • Los delitos de odio antiasiáticos aumentaron un 169 % en 15 grandes ciudades de EE. UU. entre 2020 y 2021.

  • El autor Bincheng Mao recuerda su propia experiencia como víctima de un ataque racista y la campaña de concienciación liderada por jóvenes que puso en marcha, que llegó a más de 1 millón de personas.

  • Solidarizarnos con las minorías asiáticas para lograr un cambio exige que todos examinemos nuestras acciones, como individuos y como organizaciones.

En marzo de 2020 esperaba con paciencia en la caja de un supermercado abarrotado del Bronx, en la ciudad de Nueva York. De repente, una persona de mediana edad se me acercó, me señaló con el dedo y gritó: “¡Virus, lárgate!”. Mientras tanto, me arrojó a la cara la botella de agua medio vacía que llevaba. El hombre se dio entonces la vuelta, como si buscara otra cosa que usar como arma. Temiendo por mi vida, solté todo lo que tenía en la mano y salí corriendo, mientras la gente que me rodeaba se quedaba allí mirando. Yo era el único asiático en aquel supermercado en ese momento.

Lo que me ocurrió no fue un incidente aislado, sino parte de un patrón mundial de aumento del racismo y los delitos de odio contra las minorías asiáticas durante esta pandemia, que sigue en curso. En Estados Unidos, por ejemplo, entre 2020 y 2021, los delitos de odio antiasiáticos aumentaron un 169 % en 15 grandes ciudades, según el Center for the Study of Hate & Extremism de la California State University, San Bernardino. Y detrás de cada dato de estas estadísticas hay una persona real, como un niño pequeño o una mujer embarazada, a la que se elige como objetivo simplemente por el color de su piel. Como miembros de la sociedad civil, necesitamos urgentemente dar un paso al frente y combatir esta injusticia.

Detrás de cada dato de estas estadísticas hay una persona real, como un niño pequeño o una mujer embarazada, a la que se elige como objetivo simplemente por el color de su piel.

Bincheng Mao.

¿Cómo combatir de la forma más eficaz este tipo de intolerancia antiasiática? Basándome en mi experiencia personal como fundador de una organización sin ánimo de lucro, reconocida por la fundación del expresidente estadounidense Clinton por servir a minorías marginadas, la respuesta a esta cuestión crucial se encuentra en dos niveles: el individual y el organizativo.

1. Empoderar a las personas para que actúen

Como individuos, superar el efecto espectador es uno de los enfoques más directos y eficaces para combatir el racismo antiasiático. El efecto espectador se produce cuando las personas optan por no actuar al presenciar un abuso en curso, como el descarado ataque contra una madre asiatico-estadounidense embarazada y su joven hija en una calle concurrida de Filadelfia. ¿Por qué no nos decidimos entonces a ayudar?

La razón principal es la difusión percibida de la responsabilidad, que se produce cuando se supone que alguien más, quizá alguien mejor preparado, debería intervenir para ayudar. Pero el problema es que, si todos adoptamos la misma actitud de esperar a que actúen otras personas, todos permaneceremos en silencio ante la injusticia. Por el contrario, si actúas de inmediato, es probable que las personas que te rodean te respalden, ya que rompes el silencio y te conviertes en un ejemplo a seguir para los demás.

El psicólogo Frank Farley, expresidente de la Asociación Estadounidense de Psicología, en cierta ocasión señaló, que “lo contrario de un héroe no es un villano, sino un espectador”. Si ves que una persona asiática es objeto de abusos verbales o físicos, o cualquier otra cosa que simplemente no parezca correcta, recuerda que puedes marcar la diferencia y proteger a los inocentes sin esperar a que otros actúen. Para garantizar la seguridad, puedes pedir a una persona cercana que te ayude a intervenir juntos. Puedes mantener la distancia y llamar al 911, o al número de emergencias correspondiente, para informar del incidente.

A menudo, las autoridades de seguridad pública no abordan un determinado problema cuando faltan denuncias. La clave para superar este efecto espectador es comprender que nuestra tendencia mental a elegir la inacción en lugar de la acción puede no ser especialmente racional. De hecho, una vez que decidimos ayudar, hay muchas formas de actuar de manera eficaz y segura.

2. Trabajar dentro del sistema para generar concienciación

Además de combatir el racismo antiasiático a título individual, también podemos dejar una huella duradera en nuestra sociedad mediante lo que llamo “construcción de coaliciones para el bien”, es decir, movilizar a nuestros conciudadanos aumentando la conciencia pública y motivando esfuerzos colectivos para luchar contra el racismo. En los días posteriores al ataque que sufrí en aquel supermercado, no dejé de preguntarme una cosa: ¿cómo puedo ser útil para que otras personas no tengan que sufrir el mismo fanatismo? La conclusión a la que llegué puede resumirse en una palabra: concienciación.

Nuestras sociedades deben reconocer la naturaleza de un problema, que en este caso es el racismo sistémico arraigado desde hace tiempo contra los asiáticos y otras minorías, para tener la posibilidad de corregir la injusticia. Empecé a movilizar a voluntarios de Nueva York, Connecticut y otros cinco estados para poner en marcha una iniciativa de concienciación dedicada a informar al público sobre la crisis en curso y sobre el racismo de larga data contra las personas asiáticas.

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Al principio de la pandemia, cuando determinadas figuras públicas utilizaron expresiones como “gripe kung” y “virus chino”, organizamos una serie de eventos virtuales de concienciación con la ayuda de voluntarios de 15 universidades estadounidenses, destacando las lecciones de la dolorosa historia de la Ley de Exclusión China y de los campos de internamiento de japoneses. Debemos unirnos para enriquecer nuestro discurso social y reconocer que la retórica antiasiática existe desde hace siglos.

La “construcción de coaliciones” resulta aún más eficaz cuando conectamos a personas de distintas generaciones, fronteras geográficas y diferencias culturales. A principios de este año, tras leer en Reuters que “una de cada cinco personas de origen chino en Australia denuncia ataques o amenazas” durante la pandemia de COVID-19, dirigí nuestra iniciativa para reclutar voluntarios y conectar con los programas antirracistas existentes en Australia, reforzando nuestra coalición al sumar a más personas a la lucha.

Para demostrar solidaridad, también representé a mi núcleo de Global Shapers y a todos nuestros voluntarios para entrevistar al exprimer ministro y exministro de Asuntos Exteriores de Australia, Kevin Rudd, sobre la lucha contra el racismo. Desde las personas del más alto nivel de los gobiernos hasta los jóvenes activistas de base, estamos construyendo una coalición inclusiva para amplificar nuestras voces y combatir el fanatismo en cualquiera de sus formas.

El racismo, la violencia y la xenofobia antiasiáticos son contrarios a los principios fundamentales de la decencia humana en nuestras sociedades civiles. Desde Fred Korematsu hasta Rosa Parks, personas de todo el mundo han demostrado que la acción es la clave para poner fin a la injusticia. Al superar el efecto espectador y construir coaliciones para el bien, los miembros de la sociedad no solo podemos dar un paso al frente en este momento de crisis, sino también hacerlo con eficacia.

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