El Día Internacional de la Mujer suele dar lugar a compromisos, campañas y un lenguaje de buenas intenciones.
Pero la falta de infraestructura para que las mujeres aprendan, ganen, progresen y construyan sigue significando falta de oportunidades para muchas.
Necesitamos diseñar sistemas verdaderamente inclusivos desde el inicio para garantizar que las mujeres de todo el mundo puedan prosperar.
Día Internacional de la Mujer suele dar pie a una narrativa conocida: compromisos, campañas y el lenguaje de la intención. La intención importa, pero no es la restricción vinculante.
La restricción vinculante es la infraestructura. La falta de infraestructura implica falta de acceso a las oportunidades y a las vías que permiten a las mujeres aprender, ganar, progresar y construir.
Shamina Singh, fundadora y presidenta del Mastercard Center for Inclusive Growth, que se centra en ampliar el acceso a las oportunidades económicas, lo expresa con claridad: el crecimiento económico inclusivo debe pasar de la aspiración a la ejecución.
Si la inclusión es real, se manifiesta en los sistemas que las personas utilizan cada día, y esto incluye a las mujeres.
Diseñar servicios para las mujeres desde el inicio
Singh entiende la inclusión como una disciplina de diseño y ejecución que integra el proceso creativo de diseñar un producto, servicio o sistema con los detalles técnicos de su implementación. En esencia, el diseño determina para quién funciona el sistema, mientras que la ejecución determina si el acceso se convierte en resultados, a escala.
Sin embargo, los datos muestran que es menos probable que las mujeres sean incluidas en el diseño de procesos y servicios. Según el Informe sobre la Brecha Global de Género 2025 del Foro Económico Mundial, menos de un tercio (29,5 %) de los directivos sénior con educación terciaria son mujeres. Además, las mujeres tienen un 55,2 % más de probabilidades que los hombres de tomarse pausas profesionales, y pasan más tiempo alejadas del trabajo, a menudo por obligaciones parentales.
Al mismo tiempo, solemos recurrir a explicaciones sobre la confianza cuando se trata de mujeres en el ámbito profesional. Repetimos la idea de que los hombres se postulan a un empleo cuando cumplen solo el 60 % de los requisitos, mientras que las mujeres esperan hasta sentir que cumplen el 100 %. Después llega el consejo: ser más asertivas, dar un paso al frente, porque es algo que las mujeres pueden poner en práctica y no supone ningún coste para las instituciones.
Como señala Singh: «La inclusión fracasa con más frecuencia no por falta de intención, sino porque los sistemas se optimizaron para quienes ya están dentro de ellos».
Partir de las realidades vividas para diseñar para las mujeres
En la fase de diseño, sostiene Singh, debemos partir de las realidades vividas y no de promedios ni suposiciones. Si la realidad vivida incluye una conectividad deficiente, dispositivos limitados, riesgos para la seguridad y pobreza de tiempo, la inclusión no puede añadirse después.
La economía digital asume que las personas simplemente pueden conectarse. Muchas no pueden. Según la Unión Internacional de Telecomunicaciones, solo el 74 % de la población mundial utiliza internet. En los países de bajos ingresos, el uso de internet ronda el 23 %. Al mismo tiempo, las mujeres tienen un 10 % menos de probabilidades de poseer un teléfono móvil.
Por eso, la «alfabetización en IA para todos» puede volverse meramente performativa cuando falta la infraestructura digital básica.
La líder global joven (YGL, por sus siglas en inglés) Nino Enukidze afirma que se trata de un problema de ingeniería, no de un problema de comunicación. Como rectora de la Business and Technology University y fundadora de Coding School for Women en Georgia, ha creado una vía que ha llegado a más de 10 000 mujeres y niñas, y ha extendido esa lógica a la alfabetización en inteligencia artificial (IA) a través de AI4Globe, reconocida por la UNESCO.
«Existe un riesgo muy alto de aumentar la brecha digital… no todo el mundo tiene acceso a un ordenador, a internet de alta velocidad… ni siquiera a una comprensión de lo que es la IA», afirma Enukidze.
Y una vez que el acceso se amplía, la seguridad (la capacidad de las mujeres y las niñas para utilizar herramientas digitales y de IA sin verse expuestas a daños evitables, como una protección deficiente de la privacidad, estafas o acoso) se convierte en parte de la infraestructura, y no en un complemento.
«La falta de infraestructura es un problema, pero una vez que se abre esta infraestructura… surge otro problema, que es la privacidad de los datos y la higiene cibernética», añade.
En consecuencia, Enukidze insiste en que los productos y sistemas deben diseñarse en torno a limitaciones como la confianza y la seguridad, la asequibilidad, la accesibilidad y la carga de tiempo. Estas limitaciones no son abstractas para las mujeres: determinan si pueden participar en absoluto y si lo hacen de forma segura y constante. La inclusión que ignora estas limitaciones no es inclusiva. Es teórica.
Las competencias no importan a menos que se traduzcan en ingresos
El diseño es solo el primer pilar para cerrar la brecha de acceso. La ejecución es el segundo.
El crecimiento económico inclusivo solo se hace operativo cuando el acceso se convierte de forma fiable en competencias, mercados y protección, a escala. Los puntos de entrada no son suficientes. El reto consiste en traducir la participación en ingresos y progreso.
El Foro Económico Mundial Informe sobre el Futuro del Empleo 2025 señala que se prevé que el 59 % de la fuerza laboral necesitará formación para 2030, y que los empleadores citan las brechas de competencias como la principal barrera para la transformación (63 %).
Las competencias son necesarias, pero no suficientes. Tendemos a medir las matrículas y los certificados, mientras que los resultados siguen siendo opcionales.
En cambio, Enukidze mide lo que importa: «Este es el indicador clave para nosotras… el número de mujeres empleadas en tecnología», afirma. «La conexión con empleadores y redes que convierten el aprendizaje en un resultado económico medible es lo más importante».
Esa es la diferencia entre una formación que se ve bien sobre el papel y una vía hacia las oportunidades que se sostiene en el mercado laboral.
¿Por qué la progresión profesional de las mujeres requiere cambios estructurales?
Si la entrada es el primer pilar y la conversión el segundo, la progresión es el tercero. Es aquí donde las carreras se consolidan o se estancan silenciosamente, especialmente después de las pausas.
Yifan Hou, líder global joven, gran maestra de ajedrez de China, cuatro veces campeona mundial de ajedrez femenino y profesora en la Universidad de Pekín, señala la brecha entre los eslóganes y la realidad.
«Tenemos que comprobar si realmente hicieron algo o si solo lo toman como una especie de eslogan». Y añade: «No hay tantas puertas que se abran para las niñas; lo que falta es un verdadero patrocinador o un apoyo real».
Su recomendación es estructural, no motivacional. En esencia, se trata de cambiar la arquitectura de las oportunidades en lugar de decirles a las niñas que simplemente desarrollen confianza en un sistema que limita sus opciones.
«Ofrecer oportunidades estructurales en lugar de enseñar a las niñas a jugar el juego; invitarlas a competir con los maestros», explica Hou.
Al fin y al cabo, incluso cuando las mujeres hacen todo lo que el sistema les pide, la recompensa puede seguir siendo asimétrica. El Informe sobre el Futuro del Empleo 2025 muestra que la prima salarial marginal por pasar a categorías de empleo superiores es más alta para los hombres, con un 44 %, que para las mujeres, con un 30 %.
El emprendimiento femenino depende de una infraestructura accesible
El emprendimiento suele presentarse como una cuestión de determinación personal. Sin embargo, en la práctica, está determinado por el acceso al capital, la distribución, la credibilidad y las herramientas que reducen la fricción entre la experiencia y los ingresos.
Doone Roisin, líder global joven, fundadora y consejera delegada de Female Startup Club, ha creado una plataforma de medios y comunidad que ayuda a las emprendedoras a construir visibilidad, credibilidad y alcance. Se basó en más de 750 entrevistas con mujeres exitosas en el mundo empresarial y consiguió construir, ella misma, un negocio en línea de siete cifras.
También ofrece una lección práctica sobre la ejecución. El manual tradicional de los negocios en línea le indicaba que esperara a alcanzar 100 000 descargas de podcast antes de monetizar. Ella no lo hizo. «Tenía 2000 descargas… conseguí un acuerdo por 25 000 dólares», afirma Roisin.
Luego señala una barrera que actúa como un impuesto estructural sobre la ambición y la visibilidad: «El coste del éxito es la vergüenza».
En la práctica, se refiere a la penalización social que sufren las mujeres por ser visibles: el miedo a ser juzgadas, ridiculizadas o desestimadas por dar un paso al frente. Cuando las mujeres son examinadas con más dureza y tienen menos oportunidades de equivocarse sin consecuencias, esa vergüenza se convierte en un impuesto sobre la experimentación, la visibilidad y el crecimiento.
Si la vergüenza es el impuesto, la respuesta no es simplemente tener una piel más gruesa. La respuesta es una infraestructura que reduzca el coste de intentarlo: comunidades más sólidas, manuales más claros, vías de monetización accesibles y caminos de credibilidad que no requieran permiso.
Cerrar la brecha de acceso a las oportunidades para las mujeres
Si el acceso es infraestructura, ¿qué requiere eso?
Comenzar por los cimientos: Conectividad asequible, acceso a dispositivos y participación segura.
Construir el tramo: Competencias que se convierten en trabajo remunerado mediante credenciales reconocidas y señales claras de contratación.
Construir la progresión: Patrocinio, criterios transparentes, flexibilidad que no penalice la maternidad y vías serias de reincorporación. Si un currículum sin interrupciones sigue siendo el único indicador de seriedad, el sistema seguirá perdiendo talento.
Construir para la acumulación: Redes, acceso al capital, distribución y vías de credibilidad que ayuden a las mujeres a construir activos, y no solo ingresos.
Si el objetivo son resultados positivos para las mujeres, las métricas de participación no son suficientes. Una vía real se refleja en la conversión y la progresión: mujeres que se conectan de forma segura, que convierten sus competencias en trabajo remunerado, que progresan en sus funciones y salarios, y que se reincorporan al mercado laboral sin penalización tras las pausas.
Si no es posible medir eso, probablemente se trate de un programa que se ve bien sobre el papel, y no de infraestructura.
La inclusión fracasa cuando los sistemas se construyen para unos pocos y se adaptan a posteriori para el resto. La ejecución implica construirlos de forma distinta desde el principio para garantizar que más mujeres puedan aprender, ganar y adaptarse.
