Trump y Xi pueden lograr que su cumbre sea un éxito: estas son 3 cosas que deben hacer

FILE PHOTOS: A combination of file photos showing Chinese President Xi Jinping (L) at London's Heathrow Airport, October 19, 2015 and U.S. President Donald Trump posing for a photo in New York City, U.S., May 17, 2016. REUTERS/Toby Melville/Lucas Jackson/File Photos - RTX33BI5
Presidents Trump and Xi meet this week in a high-stakes encounterImage: REUTERS/Toby Melville/Lucas Jackson/File Photos
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Esta semana, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se reunirá con el presidente chino, Xi Jinping, en un encuentro de alto riesgo para la economía mundial y sus propias carreras políticas.

Trump tiene alrededor de un año para reducir el déficit comercial y crear empleo antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato en Estados Unidos, en 2018. Si no cumple, los votantes descontentos podrían arrebatar a los republicanos su mayoría en el Congreso.

Mientras tanto, es probable que Xi sea reelegido en el XIX Congreso del Partido, a finales de este año, pero aún necesita fortalecer su posición y demostrar más su capacidad para gestionar los asuntos internacionales, tras su impresionante defensa de la globalización económica tres días antes de la investidura de Trump.

La importancia de esta reunión bilateral va mucho más allá de sus respectivas carreras políticas. Su éxito es condición sine qua non para la apertura, la equidad y la sostenibilidad de la economía mundial en la próxima década, ya que China y Estados Unidos contribuyeron conjuntamente al 52 % del crecimiento económico mundial entre 2014 y 2016.

Image: Boston Consulting Group/visualcapitalist.com

Pese a las críticas a China durante la campaña presidencial de Trump y a un tuit reciente del presidente estadounidense en el que decía que la reunión sería «muy difícil», hay señales alentadoras de que podría ser un éxito. Al aceptar reunirse durante los primeros 100 días de Trump en el cargo, ambas partes han mostrado su intención de evitar los peores escenarios y reconocido que este interlocutor concreto puede ayudarles a alcanzar sus respectivos objetivos.

En este contexto, recomiendo que Xi y Trump tengan presentes tres principios antes de estrecharse la mano por primera vez.

Primero, ser humildes

La arrogancia o la complacencia arruinarán cualquier reunión de negocios o amistad. Empiecen con humildad y valorando a su interlocutor. Aunque el Gobierno de Trump ha tenido un comienzo accidentado, Xi podría elogiar algunos de sus primeros logros, como el énfasis en la creación de empleo y la modernización de las infraestructuras.

La propuesta de Trump para resolver los problemas comerciales podría ser contraproducente, pero los temas que ha planteado son pertinentes para debatir el rumbo futuro de la globalización, por ejemplo, su carácter inclusivo y un comercio libre y justo.

Trump también tiene motivos para elogiar los logros de Xi en la lucha contra la corrupción; la reducción constante de la pobreza, que en los últimos años ha sacado de ella a más de 10 millones de personas al año; el aterrizaje suave de la economía tras la crisis financiera; las reformas del lado de la oferta; y la iniciativa «Un cinturón, una ruta», que busca revitalizar la Ruta de la Seda en Eurasia.

Segundo, examinar seriamente la agenda oscura y retirarla de la mesa

Durante la campaña, Trump dijo que varios países, incluida China, estaban «violando la economía estadounidense» con prácticas comerciales desleales y manipulación de divisas, y prometió imponer aranceles del 45 % a todas las importaciones chinas. Tras la llegada de Trump a la Casa Blanca, tanto China como Estados Unidos advirtieron de los peligros de una guerra comercial contra China.

El argumento principal es que una guerra comercial perjudicaría por igual a Estados Unidos y China. Las represalias directas de China podrían incluir cancelar pedidos de aviones Boeing; detener la importación de productos agrícolas estadounidenses; impedir que turistas chinos visiten Estados Unidos; e incluso abandonar la protección de la propiedad intelectual y dejar de pagar miles de millones de dólares en regalías.

La imposición de aranceles a los productos chinos también tendría un efecto negativo indirecto. Por ejemplo, si los consumidores estadounidenses se ven obligados a comprar productos más caros fabricados en Estados Unidos o en otros países, tendrán menos dinero para gastar en servicios, lo que perjudicará el empleo en ese sector. Por tanto, la opción de una guerra comercial debería retirarse de la mesa y considerarse un último recurso.

El umbral para que Estados Unidos inicie una guerra comercial es aún más alto si lo situamos en una perspectiva global. Estados Unidos se beneficia enormemente del marco comercial mundial vigente en todos los ámbitos: empleo, consumo, competitividad (tanto manufacturera como de servicios) y la posición dominante del dólar estadounidense. A menos que el país se encuentre en una situación de emergencia, Estados Unidos no se arriesgará a destruir los regímenes actuales del comercio mundial.

Tercero, centrarse en una agenda positiva

El déficit comercial de Estados Unidos es un problema desde hace más de tres décadas, y si Trump logra reducirlo entre un 20 y un 30 % en dos años, será un gran éxito. Con China a bordo, no será tan difícil encontrar una agenda positiva para reducir significativamente el déficit comercial estadounidense con China y aumentar las oportunidades de empleo en Estados Unidos.

Una agenda positiva puede incluir métodos convencionales, como que China aumente sus importaciones desde Estados Unidos. Para ello, China ha pedido a Estados Unidos que flexibilice las restricciones a la exportación de productos de alta tecnología a China. Como Trump se opone a muchas políticas de Clinton y Obama, podría intentar lograr avances en este ámbito, lo que no solo reduciría el déficit comercial, sino que también crearía nuevos empleos en la industria manufacturera y los servicios en el país.

Además de importar productos de alta tecnología de Estados Unidos, China también podría aumentar las importaciones de naranjas, madera, carne de vacuno y cerdo, aunque estas no reducirían el déficit en gran medida en comparación con el comercio de productos de alta tecnología.

El otro elemento consiste en reducir las exportaciones de China a Estados Unidos. China podría aplicar medidas voluntarias de control de las exportaciones o establecer precios máximos durante un período acordado para ciertos productos sensibles en el mercado estadounidense, como el hierro, el acero y los automóviles.

Además, hay muchos otros ámbitos nuevos en los que ambos países podrían cooperar. Lo primero que podría interesar a los dos líderes es volver a incluir el superávit de Estados Unidos en servicios en las estadísticas, en particular los ingresos de las empresas estadounidenses por propiedad intelectual, que ahora se transfieren a Europa en lugar de a Estados Unidos.

Por ejemplo, el costo básico de fabricación (BOM) de un iPhone 7 de 32 GB es inferior a 225 dólares, pero su precio de venta es de 649 dólares. En toda la documentación del iPhone aparece una línea que dice «Diseñado por Apple en California, ensamblado en China», lo que significa que el iPhone tiene costos separados de propiedad intelectual y de fabricación. De estos, el costo de fabricación figura como déficit comercial de Estados Unidos, pero la propiedad intelectual no se incluye en el superávit estadounidense de servicios, ya que la mayor parte de los ingresos de Apple por propiedad intelectual no retorna a Estados Unidos, sino a Irlanda. Muchas empresas estadounidenses con una amplia propiedad intelectual siguen esta práctica.

Trump puede usar nuevas políticas fiscales para repatriar estos ingresos a Estados Unidos, matando dos pájaros de un tiro: aumentar el superávit de servicios con China y elevar la recaudación fiscal del Gobierno estadounidense.

Participación de Apple en los ingresos globales Image: Apple/BI Intelligence

El segundo ámbito nuevo es la cooperación energética. Según un estudio de IHS, la industria del gas de esquisto respaldará 3,3 millones de empleos y reducirá el déficit comercial en 164.000 millones de dólares. Esto ofrece un amplio margen para una cooperación mutuamente beneficiosa entre China y Estados Unidos mediante los siguientes pasos.

· China aumenta sus importaciones de petróleo y productos derivados del petróleo desde Estados Unidos.

· China podría aumentar las importaciones de tecnología y servicios de las empresas energéticas estadounidenses, por ejemplo, del estado de Texas.

· China tiene un enorme potencial para importar más gas natural licuado, ya que la primera importación se realizó en 2016.

· China puede financiar infraestructuras energéticas y transporte moderno para conectar la producción con los mercados, por ejemplo, en el estado de Dakota del Norte, donde se desperdicia alrededor de un tercio del gas natural por falta de infraestructuras de transporte modernas.

· Estados Unidos podría permitir el uso de barcos fabricados en China o gestionados conjuntamente por entidades estadounidenses y de Hong Kong para transportar gas entre puertos nacionales, dado que la escala de los puertos estadounidenses y su eficiencia son inferiores a la media mundial.

El tercer ámbito nuevo consiste en aumentar la inversión china en la industria manufacturera. Los inversores chinos han tenido la idea errónea de que los costos de fabricación en Estados Unidos son altos. En realidad, fabricar en Estados Unidos cuesta menos que en cualquier otro país desarrollado y solo un 5 % más que en China, principalmente debido a los costos laborales, según un artículo de BCGperspectives. El precio de la electricidad en Estados Unidos es aproximadamente la mitad que en China, y el del gas natural es una quinta parte, lo que supone una gran ventaja para industrias de alto consumo energético, como las del acero y el vidrio.

Trump y Xi pueden colaborar para atraer a inversores chinos y animarlos a abrir plantas de fabricación en Estados Unidos, lo que podría beneficiar a ambas partes.

Estructuras de costos de fabricación proyectadas promedio de los principales países exportadores en relación con Estados Unidos, 2015Image: Censo Económico de Estados Unidos, Oficina de Estadísticas Laborales de Estados Unidos, Oficina de Análisis Económico de Estados Unidos, Organización Internacional del Trabajo

Por último, Xi y Trump comparten el interés por el Estado de derecho económico internacional que sostiene la Organización Mundial del Comercio (OMC). Las normas no son perfectas y requieren modificaciones mediante nuevas negociaciones o la interpretación de jueces y abogados.

Lo último que necesitan para hacer que Estados Unidos vuelva a ser grande o hacer realidad el sueño chino es la ley de la selva. Por ello, Xi y Trump podrían enviar a sus hombres de confianza para dirigir su misión ante la OMC, consultarse estrechamente y encauzar el sistema en la dirección correcta.

La última edición de The Economist anunció: «Tras 70 días en el cargo, Donald Trump está atascado en la arena». La reunión de Trump con Xi esta semana podría ser una oportunidad para salir del atolladero.

Hace 2600 años, Sun Tzu escribió: «La estrategia sin táctica es la ruta más lenta hacia la victoria. La táctica sin estrategia es el ruido antes de la derrota». La esperanza es que Trump y Xi encuentren la manera de combinar estrategia y táctica, por el bien de ambos países y del mundo.

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