Una cuestión decisiva que surgió en el Día de la Mujer de la conferencia de las Naciones Unidas sobre el cambio climático (COP26), celebrada en Glasgow, fue la necesidad de dar voz a las mujeres olvidadas y desfavorecidas en el debate climático.
Millones de mujeres en situación de pobreza se encargan de recolectar biomasa para obtener energía, como estiércol animal, residuos agrícolas y leña.
Estas mismas mujeres siguen sin estar representadas en los macrodatos.
La cuestión concreta que surgió el Día de la Mujer durante durante la COP26 del año pasado fue la necesidad de incluir a las desfavorecidas mujeres, que son las principales productoras y usuarias de energía de biomasa, en la acción climática.
Durante las dos semanas de la conferencia (del 31 de octubre de 2021 al 12 de noviembre de 2021) en Glasgow, Escocia, temas como la justicia climática, la difícil situación sistémica de las comunidades desfavorecidas y las emisiones de gases de efecto invernadero ocuparon un lugar central.
Sin embargo, el grupo de actores en el que convergen tantos de estos problemas estuvo prácticamente ausente de la agenda: los millones —posiblemente cientos de millones— de mujeres en situación de pobreza que siguen siendo las principales productoras de esta energía tradicional de biomasa.
Históricamente y en la actualidad, estas mujeres tienen poca influencia en las COP y en todas partes.
La comunidad internacional debe hacer más, tanto en el marco de la acción climática como fuera de ella, para mejorar la vida de las mujeres de todas las edades que trabajan (y seguirán trabajando) en este ámbito de la energía de biomasa.
El combustible de biomasa tiene un marcado componente femenino
Aproximadamente dos mil quinientos millones de personas utilizan biomasa sólida para cocinar, principalmente leña, además de residuos agrícolas y estiércol animal. Aunque este papel asignado por género está cambiando, en la mayor parte del mundo cocinar sigue siendo una tarea mayoritariamente femenina, al igual que los efectos negativos de quemar biomasa en cocinas tradicionales, como las enfermedades respiratorias y la muerte.
Desde 2014, casi cuatro millones de muertes al año se han vinculado a la contaminación del aire en los hogares causada por cocinar con cocinas tradicionales.
La dimensión de género se manifiesta no solo en el uso, sino también en la producción de biomasa. Las mujeres de distintas generaciones son en gran medida responsables de recolectarla y de abastecer de otro modo a sus hogares de leña y otras formas de biomasa que se utilizan para cocinar.
Es un trabajo exigente y agotador, que ocupa hasta 20 horas o más a la semana y puede implicar cargar pesos de 50 libras o más, a menudo en condiciones inseguras,
Hay que contabilizar a las mujeres proveedoras de biomasa
En la situación actual, en 2030, aproximadamente 2.000 millones de personas seguirán dependiendo de la biomasa para cocinar, y las mujeres en situación de pobreza de todas las edades seguirán produciendo biomasa para sus familias en el futuro previsible.
En virtud del Objetivo de Desarrollo Sostenible n.º 7 de las Naciones Unidas, la comunidad internacional se ha comprometido a eliminar el uso de biomasa en las cocinas tradicionales mediante el acceso universal a tecnologías alternativas de cocina limpia.
Sin embargo, pese a las numerosas campañas para promover la cocina limpia, sigue en pie la pregunta: ¿Por qué no contabilizamos estadísticamente a las mujeres que recogen biomasa y la llevan a sus hogares?
Aunque disponemos de datos detallados sobre cuántas personas usan biomasa para cocinar, e incluso sobre el número, mucho menor, de mujeres que trabajan en los sectores del petróleo y el gas y de las energías renovables formales, no sabemos bien cuántas mujeres abastecen a los hogares de esta fuente esencial de energía.

Un cálculo aproximado apunta a una cifra potencial asombrosa: más de 300 millones de mujeres y niñas.
El desglose es el siguiente: alrededor de 2.500 millones de personas dependen de la biomasa sólida para cocinar, sobre todo en India y África subsahariana. Si suponemos, por ejemplo, un tamaño medio de hogar de cinco personas (tomando la India como referencia), eso equivale a 500 millones de hogares que utilizan biomasa para cocinar.
Si dos personas por hogar (una madre y una hija) participan en la recolección de leña en solo un tercio de esos hogares —y un tercio es una estimación potencialmente baja—, llegamos a una cifra de más de 300 millones de mujeres y niñas productoras de biomasa.
Aunque redujéramos esta cifra a la mitad, seguiría siendo enorme. Es a la vez preocupante y nada sorprendente que, en un mundo de macrodatos, no tengamos una estimación mejor.
Más allá de las cifras
Además de incluir a estas mujeres fundamentales en nuestros datos estadísticos, debemos explorar maneras de empoderarlas y mejorar su calidad de vida.
¿Ayudaría instalar puestos de venta de leña? ¿Se podrían diseñar medios de transporte para aliviar la carga física? ¿Y organizar medidas de seguridad fiables y un paso seguro para estas mujeres y niñas? ¿Y ofrecer combustibles limpios para cocinar que sean accesibles y asequibles?
Como escribí con un colega la primavera pasada, si invirtiéramos en este esfuerzo, se podría hacer mucho.
Mientras nos movilizamos para afrontar el reto del cambio climático, debatimos sobre la enorme financiación necesaria para transformar el sector energético y trabajamos para combatir la pobreza mediante la cocina limpia y otros programas de desarrollo, debemos hacer más para brindar seguridad y capacidad de acción al sector femenino de la bioenergía.
Estos millones, y potencialmente cientos de millones, de mujeres y niñas merecen un esfuerzo internacional firme y concertado para mejorar su calidad de vida.
Philippe Benoit cuenta con más de 25 años de experiencia en cuestiones de desarrollo internacional y energía, incluidos puestos directivos en el Banco Mundial y la Agencia Internacional de la Energía. Actualmente es director gerente de Energía y Sostenibilidad en Global Infrastructure Advisory Services 2050.


