Miremos a nuestro alrededor. Esta década ha sido testigo de numerosas transformaciones aceleradas, impulsadas por la innovación digital. El teléfono inteligente. Las redes sociales impulsadas por los consumidores. La fabricación inteligente. La conectividad permanente. Y pronto, los coches autónomos a gran escala. Ningún sector ha quedado al margen de esta revolución digital.
Hoy, el sistema eléctrico sigue una trayectoria similar, acelerada y capaz de cambiar vidas. Como en muchas de estas áreas transformadas, los consumidores están en el centro de una convergencia disruptiva de avances tecnológicos digitales; participación de los consumidores; consumo personalizado y bajo demanda; e infraestructura descentralizada. En medio de este nuevo mundo energético que cambia rápidamente, debemos asegurarnos de encaminar bien el futuro de la electricidad. De lo contrario, las consecuencias serán sísmicas.
Pensemos que la demanda mundial de consumo de energía aumentará un 30 % de aquí a 2040. Al mismo tiempo, cerca de 2.000 millones de personas aún no tienen acceso a energía fiable. Ha llegado el momento de cerrar esta brecha energética equilibrando la demanda de energía y ampliando el acceso en todo el mundo. Para ello, será necesario mantener la energía limpia a la vanguardia del cambio. Juntos podemos lograrlo. Las tecnologías de borde de la red nos ayudarán a conseguirlo.
Qué hay que hacer
La innovación está de nuestro lado. Estamos en plena Cuarta Revolución Industrial, que, según el Foro Económico Mundial, «se basa en la revolución digital y combina múltiples tecnologías que están propiciando cambios de paradigma sin precedentes en la economía, las empresas, la sociedad y las personas». Ahí reside una oportunidad extraordinaria para la industria, los clientes y la sociedad en general mientras transformamos el sistema eléctrico.
Tres tendencias están provocando cambios decisivos:
La rápida evolución tecnológica de la electrificación de determinados usos de la energía, como la calefacción y los vehículos eléctricos
El paso de las centrales eléctricas centralizadas a la descentralización de la electricidad, lo que significa que ahora la energía se genera, almacena y distribuye más cerca del lugar donde se utiliza gracias a la energía solar, eólica y otras energías renovables, así como a las tecnologías de almacenamiento
La medición inteligente y una infraestructura de red digital, que permiten a los consumidores y a las empresas de servicios públicos «ver» —y controlar mejor— dónde, cuándo y cómo se utiliza la electricidad, lo que permite gestionar el consumo y los costos de manera más eficiente
El todo es más que la suma de sus partes
Lo emocionante es que estas tres tendencias forman un círculo virtuoso: posibilitan, amplifican y refuerzan avances innovadores que van más allá de lo que cada tendencia puede lograr por sí sola. Por ejemplo, la segunda tendencia abre las puertas al mundo de las energías renovables. Si se combina con la medición inteligente, contamos con un medio realmente poderoso para impulsar la eficiencia energética.
¿Qué significa este ciclo para los consumidores? Elección. Las tecnologías actuales permiten a los consumidores participar activamente en este dinámico sistema eléctrico y hacen realidad fuentes de electricidad más limpias. Y al pasar de los consumidores residenciales a los comerciales e industriales, encontramos clientes empoderados y comprometidos que participan en la definición de nuevas reglas para la oferta y la demanda de energía limpia a lo largo de toda la cadena energética.
En la actualidad, la mayoría de nosotros no sabemos cómo ni dónde se produce la energía, ni cuándo conviene más consumirla. Es posible que muchos consumidores residenciales ni siquiera sepan que el precio de la electricidad varía cada día, hora a hora, según la demanda máxima y otros factores. Gracias a los dispositivos conectados, que permiten vigilar el costo y el consumo de energía, ahora tenemos la oportunidad de gestionar de forma proactiva nuestro uso de la energía y mejorar la eficiencia.
Los tiempos están cambiando
Examinemos más de cerca las tres tendencias mencionadas. En conjunto, facilitan un mayor ahorro de costos y opciones de energía limpia. En un sistema eléctrico totalmente digitalizado, los clientes podrán elegir las tecnologías energéticas que prefieran, conectar esas opciones a la red centralizada y, con el tiempo, realizar transacciones con otros recursos distribuidos y centralizados mediante interacciones en tiempo real.
Imaginemos un panel solar en el tejado de nuestro vecino. Ese vecino está generando electricidad para su hogar. Con el tiempo, es posible que la empresa de servicios públicos incluso le envíe un cheque por correo, ya que está reduciendo la carga total de la red. O quizá usted empiece a recibir créditos de la compañía eléctrica con solo programar la lavadora para que funcione a las 3 a. m. en vez de a primera hora de la tarde. Evitar los picos de demanda tiene sus ventajas, y las tecnologías de borde de la red le permiten aprovechar ese valor.

A mayor escala, la energía solar puede tener un profundo impacto en el futuro de la electricidad. Por ejemplo, Enel, la mayor distribuidora de electricidad de Italia, tiene unos 32 millones de clientes. Gracias al avanzado sistema de gestión de distribución de Schneider, Enel ha logrado reducir las pérdidas de energía en unos 144 GWh al año. Esto equivale a la energía que consumen aproximadamente 50.000 hogares italianos cada año.
¿Una red que se repara sola?
Contamos con los medios tecnológicos para automatizar por completo las operaciones de la red mediante la conectividad, y podemos gestionar los recursos con más flexibilidad y movilidad que nunca. Este sistema eléctrico más inteligente y descentralizado puede aumentar la eficiencia general, la resiliencia, la seguridad y la sostenibilidad medioambiental, a la vez que abre nuevas oportunidades para los servicios y los negocios.
Tanto los consumidores como las empresas pueden beneficiarse de esta innovación. Con las tecnologías de borde de la red, las redes de distribución eléctrica pueden equiparse para repararse solas. Por ejemplo, en ENEL, más de 110.000 subestaciones secundarias cuentan con esta tecnología, que aísla las fallas de forma completamente automática y descentralizada. Otro ejemplo: la empresa neerlandesa de servicios públicos Stedin y Schneider desarrollaron la primera red subterránea descentralizada de distribución eléctrica autorreparable de Europa. Vea cómo puede reconectar a dos tercios de sus clientes en el plazo de un minuto tras un corte del suministro eléctrico.
El valor económico de las tecnologías de borde de la red
La posibilidad de elegir y la comodidad son ventajas notables. Pero quizá aún más lo sea el valor económico de las tecnologías de borde de la red. Un análisis anterior del Foro Económico Mundial estimó en 3,3 billones de dólares el valor económico neto que generará la transformación de la electricidad durante los próximos 10 años: aumentará la fiabilidad, la resiliencia, la eficiencia y el aprovechamiento de los activos del sistema en su conjunto; reducirá las emisiones de CO2; creará nuevos servicios para los clientes y generará nuevos empleos.
Con esta transformación, están cambiando las «reglas del juego». En conjunto, las tres tendencias de borde de la red están ampliando la función de la red más allá del suministro de electricidad. La red se está convirtiendo rápidamente en una plataforma que también maximiza el valor de los recursos energéticos distribuidos, permite una mayor participación de nuevos paradigmas de distribución y aprovecha el potencial económico de los servicios minoristas. También cabe esperar nuevos modelos de ingresos.
No es de extrañar que seamos tan optimistas.
Sin embargo, sabemos que una transición eficiente también afronta desafíos. La colaboración da lugar a soluciones concretas, y estas garantizarán que nuestro sistema eléctrico tenga realmente un futuro más prometedor.


