Las subvenciones a los combustibles fósiles son una mala política económica, una mala política social y perjudican al medioambiente. Sin embargo, muchos países tienen algún tipo de subvención a los combustibles fósiles. En 2013, esas subvenciones sumaron casi 550.000 millones de dólares.
¿Por qué tantos países gastan tanto en lo que no es más que una mala política? ¿Y cómo pueden reformar estas subvenciones? Esto debatió un panel de ministros de Gobierno que habían llevado a cabo reformas durante las Reuniones de Primavera del FMI y el Grupo Banco Mundial, en un acto organizado por ESMAP y copatrocinado por el Grupo Banco Mundial, Estados Unidos y Friends of Fossil Fuel Subsidy Reform.
Los panelistas —que representaban a países tan distintos como Angola, Egipto, Honduras y Ucrania— describieron las diversas experiencias de sus países. De ellas surgieron cuatro mensajes comunes:
Comunicación, comunicación, comunicación. La reforma de las subvenciones no es un reto técnico, sino político. Para tener éxito, la gente debe entender qué gana con las reformas, por qué son necesarias y qué recibirá a cambio de pagar precios más altos por el combustible. Por eso, la comunicación es clave. Como señaló el ministro de Finanzas de Angola, Armando Manuel, debe basarse en una comprensión profunda de las preocupaciones de las partes interesadas.
La comunicación debe basarse en una oferta real. Para explicar a la gente qué gana con las reformas, debe haber algo concreto que ofrecer. Los cuatro países han establecido mejores sistemas de protección social para proteger a las personas pobres del impacto de los precios más altos de la energía. En Angola y Egipto, el dinero ahorrado con las reformas se está utilizando para aumentar la inversión pública en bienes públicos como la salud, la educación y la infraestructura. El ministro de Finanzas de Egipto, Hany Kadry Dimian, pidió honestidad en las reformas y señaló que su ministerio trabaja con los ministerios sectoriales para garantizar que los aumentos del gasto social no sean medidas puntuales, sino que tengan un impacto social duradero. Esto es fundamental para la legitimidad de la reforma: no puede imponerse desde fuera y debe percibirse como una fuente de mejoras reales en el país.
Las reformas no se limitan a los precios. Para Marlon Tabora, presidente del Banco Central de Honduras, el mayor error es pensar que la reforma de las subvenciones solo trata de las subvenciones. Es fundamental considerar las políticas sociales y energéticas, la estructura del sector energético y las reformas institucionales. Todos estos países aprovecharon las reformas de las subvenciones para fortalecer, en términos más amplios, la política social. En Ucrania, un elemento que contribuyó a aumentar la aceptación de la reforma fue permitir que la gente solicitara asistencia social por correo, de modo que pedir ayuda fuera menos visible.
Lo más probable es que las reformas solo se lleven a cabo cuando ya no puedan evitarse, pero es posible prepararse mucho con antelación. Ucrania aumentó los precios del gas un 450 por ciento en plena guerra. Pero, como señaló la ministra de Finanzas de Ucrania, Natalie Jaresko, reformar la subvención al gas era una cuestión de supervivencia. De igual modo, las reformas de Honduras tuvieron lugar cuando el país registraba un déficit del 8% del PIB, del cual el 2% se debía a las subvenciones a la energía. Los equipos técnicos habían empezado a sentar las bases años antes y pudieron aprovechar la oportunidad.
Estos mensajes pueden parecer de sentido común, pero representan un cambio en las estrategias de implementación. Los esfuerzos ya no se centran únicamente en el diseño técnico, sino que también tienen en cuenta el contexto político. Como resultado, las reformas de las subvenciones están ganando terreno en todo el mundo: 25 países han iniciado reformas en los últimos dos años.
¿Qué está haciendo el Grupo Banco Mundial en este contexto? Mucho. El presidente Jim Kim se ha pronunciado a favor de la necesidad de reformar las subvenciones a los combustibles fósiles. El economista jefe Kaushik Basu ha sostenido que los bajos precios del petróleo ofrecen una gran oportunidad para reformarlas. Colegas que trabajan en macroeconomía, política fiscal, pobreza, desarrollo social y energía han apoyado reformas gubernamentales de las subvenciones a los combustibles fósiles en varios países. De hecho, actualmente ayudamos a Ucrania y Angola a reformar las subvenciones a los combustibles fósiles mientras mejoran la protección social.
Además, estamos desarrollando una nueva iniciativa para brindar a los países el amplio apoyo técnico que necesitan para llevar adelante reformas. Esta iniciativa permitirá a los países acceder a un equipo multidisciplinario de expertos en cuestiones fiscales, energéticas, de pobreza, protección social, transporte y competitividad, que ofrecerán diagnósticos y diseñarán reformas. Dado que la reforma de las subvenciones a los combustibles fósiles es un reto de economía política, los equipos incluirán especialistas en comunicación y desarrollo social que puedan ayudar a comprender las percepciones públicas y generar apoyo para las reformas. Esta nueva iniciativa contará con el apoyo de la iniciativa de ESMAP para la reforma de las subvenciones a la energía.
Este artículo se publica en colaboración con el blog Desarrollo en un clima cambiante del Banco Mundial. Su publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autoría: Marianne Fay es la economista jefe para cambio climático del Banco Mundial.
Imagen: El sol aparece detrás del humo que sale de la chimenea de una planta de calefacción. REUTERS/Stringer.
