Hace unos años, la energía solar en los tejados era la solución. Ahora, el almacenamiento en baterías es la nueva panacea para resolver nuestros problemas energéticos. El almacenamiento supone un gran avance y desempeñará un papel importante en nuestro futuro energético sostenible. Pero es solo una pieza del rompecabezas que constituye nuestro futuro energético.
Conviene tenerlo presente, dado el entusiasmo reciente en torno a los nuevos equipos de almacenamiento de Tesla, incluido su Powerwall de 10 kilovatios hora para almacenar energía en el hogar.
El almacenamiento nos libera de la necesidad de ajustar la generación y el suministro de electricidad a la demanda en tiempo real. Esto es un cambio radical.
Pero sigue teniendo un coste, conlleva pérdidas de energía y genera impactos ambientales. Por eso, las estrategias prácticas y económicas incluirán varios elementos que se complementen entre sí.
Todo gira en torno a la eficiencia
En primer lugar, los electrodomésticos de alta eficiencia energética, los equipos y los edificios son fundamentales. Con ellos, necesitamos mucha menos energía para prestar un servicio determinado. El mejor televisor LED de 100 cm consume ahora 30 vatios, frente a un antiguo televisor de plasma que consume hasta 400 vatios.
El mejor aire acondicionado de ciclo inverso proporciona calefacción a una sexta parte del coste de un calefactor eléctrico con ventilador. La iluminación LED permite ahorrar hasta un 80 % de energía. Y así sucesivamente. Al reducirse el consumo diario de energía, también disminuye el tamaño de la batería necesaria.
Combinar un edificio eficiente desde el punto de vista energético con electrodomésticos eficientes marca una diferencia aún mayor.
Mi aire acondicionado de ciclo inverso de 7 estrellas enfría y calienta mi sala de estar aislada y sombreada de 35 metros cuadrados, tanto en un día de 38 °C como en uno de 10 °C, con menos de 250 vatios, el equivalente a solo cuatro focos halógenos empotrados: una reducción de más del 90 %. ¡Nada de privaciones: me quedo con el ahorro!
La eficiencia energética reduce el consumo de energía, pero también reduce la demanda máxima de energía, lo que evita costosas inversiones en infraestructura energética.
Otras piezas del rompecabezas
En segundo lugar, los electrodomésticos inteligentes y los sistemas de gestión de la energía nos permiten gestionar el funcionamiento de los aparatos para reducir la demanda máxima, maximizar el aprovechamiento de la generación solar in situ y sacar el máximo partido al almacenamiento.
Los nuevos equipos de aire acondicionado pueden controlarse a distancia para limitar la demanda máxima. Los sistemas motorizados de sombreado pueden gestionarse de forma automática o remota. Los electrodomésticos pueden incorporar sus propias formas de almacenamiento.
Por ejemplo, algunos refrigeradores ya tienen «acumuladores de frío» integrados en sus paredes, de modo que pueden evitar que los alimentos se estropeen durante los cortes de electricidad y apagarse en los periodos de demanda máxima de energía. También cuentan con motores de compresor de velocidad variable, que mejoran la eficiencia y la flexibilidad.
Los sistemas de agua caliente pueden almacenar calor en depósitos, de modo que el agua pueda calentarse cuando haya energía barata o excedentes de energía solar disponibles.
En tercer lugar, las tecnologías distribuidas de generación de energía, como la solar en los tejados, nos permiten generar electricidad del lado del consumidor del medidor.
En cuarto lugar, para muchos hogares y empresas cada vez tiene más sentido pasar de los aparatos de gas a tecnologías eléctricas de alta eficiencia. Esto puede reducir el consumo de energía, los costes y las emisiones de gases de efecto invernadero (incluso cuando se utiliza electricidad de la red), además de evitar los cargos fijos por el suministro de gas.
Esto hace aún más importantes el almacenamiento en baterías y la eficiencia energética, ya que pasar de actividades tradicionales que usan gas, como cocinar y calentar, puede aumentar la demanda máxima de electricidad.
De consumidores a socios
Combinar todas estas piezas del rompecabezas significa que muchos hogares y empresas pueden plantearse opciones radicales, como desconectarse de la red. Si permanecen conectados, la naturaleza de su relación con la industria del suministro eléctrico cambia fundamentalmente: pasan de ser «consumidores» a ser «socios».
Esto significa que la industria eléctrica tendrá que hacer que valga la pena seguir conectados a la red. En este nuevo escenario, un hogar o una empresa podría comprometerse a no solicitar nunca electricidad cuando la red esté bajo presión, limitar la potencia máxima de extracción a unos pocos cientos de vatios e incluso ofrecerse a exportar electricidad para «echar una mano» en momentos críticos. Los excedentes de los días soleados podrían venderse a otras personas y todos podrían compartir los beneficios.
Hay otras opciones. Un grupo de viviendas desconectadas de la red podría compartir un solo generador de respaldo (que funcione con combustible renovable) y compartir la electricidad para ayudarse mutuamente.
También podría funcionar una conexión compartida a la red, ya que la demanda máxima del grupo podría mantenerse dentro de la capacidad del cable de conexión de una sola vivienda. El almacenamiento cubriría los picos de consumo. Estas opciones ilustran el enfoque de «microrred».
Un vehículo eléctrico o híbrido enchufable añade otra dimensión a las posibilidades. Podría recargarse, exportar electricidad y cargarse con energía generada in situ.
Podrían surgir nuevas empresas que controlen cuánta electricidad almacenada tiene una vivienda y luego se desplacen (en un vehículo eléctrico, por supuesto) para recargar a quienes necesiten más electricidad, como hacen ahora los proveedores de gas licuado de petróleo. También podrían comprar el excedente de electricidad almacenada para vendérselo a otras personas.
La elección dependerá de los paquetes tecnológicos, los costes relativos, las opciones de financiación, la fiabilidad y la comodidad que se ofrezcan a los hogares y las empresas. Las leyes que limitan la transferencia de electricidad entre propiedades (para proteger el «derecho a obtener beneficios» de las redes eléctricas) también podrían influir en los resultados, aunque parece bastante fácil sortear creativamente esas leyes anticompetitivas.
Además, a medida que bajan los precios del almacenamiento y las energías renovables, los operadores de redes eléctricas tienen cada vez menos margen para cobrar mucho por una conexión. No pueden esperar que sigamos subvencionándolos cuando tenemos otras opciones. Esa es la última pieza del rompecabezas.
Este artículo se publicó originalmente en The Conversation. Lea el artículo original. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: Alan Pears AM es investigador de energía sostenible y clima en RMIT University.
Imagen: Un dependiente toca una lámpara en un centro comercial de Taipéi. REUTERS/Pichi Chuang.
