Esta publicación apareció por primera vez en The World Bank’s Voices Blog.
El racionamiento de energía se conoce popularmente como “dum-sor” o “on-off” en Ghana, una expresión que la gente usa para referirse a los frecuentes cortes de luz del país. Es un problema que afrontan países de toda la región —el África subsahariana pierde el 2,1 % de su producto interior bruto solo por los apagones— y de todo el mundo en desarrollo.
Si bien la falta de un suministro eléctrico constante es uno de los mayores desafíos económicos de Ghana, lo cierto es que el país ha avanzado en el acceso a la energía. Hoy, alrededor del 75 % del territorio está conectado a la red eléctrica nacional. Esta cifra es considerablemente superior a la media regional: solo una de cada tres personas en el África subsahariana tiene acceso a la electricidad.
Viajé recientemente a Ghana con motivo del End Poverty Day para conmemorar el éxito del país en la reducción de la pobreza y en el reparto de la prosperidad durante las dos últimas décadas: la pobreza se ha reducido en más de la mitad, pasando del 53 % de la población en 1991 al 21 % en 2012. A medida que Ghana se ha desarrollado, con más trabajadores pasando de la agricultura a los servicios y la industria, la fiabilidad energética nunca ha sido tan importante para el crecimiento y la estabilidad de la economía del país.
No importa cuánto se invierta en formación profesional o en pequeñas y medianas empresas: las empresas no pueden prosperar sin acceso a energía moderna, fiable y a precios competitivos.
Blue Skies —una empresa situada a 45 minutos al este de Accra— entrega cada año muchas toneladas de fruta fresca y zumos a supermercados europeos y emplea a unos 3.000 ghaneses, la mayoría de los cuales tiene menos de 30 años.
Cuando se va la luz —algo que ocurre casi a diario—, Blue Skies recurre a costosos generadores diésel para mantener la producción. La empresa ya ha gastado el equivalente a cientos de miles de dólares estadounidenses en combustible de respaldo durante los primeros nueve meses de 2015. Este tipo de problema de fiabilidad lo sufren las empresas manufactureras de toda la región. Las empresas del África subsahariana pierden un 4,9 % de sus ventas anuales, según estimaciones, a causa de los cortes de electricidad.
Blue Skies ha asumido los costes adicionales derivados de la falta de un suministro eléctrico estable, pero para muchas empresas más pequeñas la situación es aún peor.
Para contribuir a aumentar la energía limpia y asequible en Ghana, el Banco Mundial proporciona 700 millones de dólares en garantías para su proyecto de gas Sankofa. Este proyecto abastecerá hasta el 40 % de la capacidad de generación instalada actualmente en Ghana y sustituirá combustibles contaminantes por gas natural más limpio y asequible, producido en el país. Ghana podrá reducir las importaciones de petróleo en 12 millones de barriles al año y las emisiones de carbono en unos 8 millones de toneladas durante cinco años. Nuestro brazo del sector privado —la Corporación Financiera Internacional— también ha contribuido a aumentar la capacidad de generación eléctrica de Ghana mediante la financiación de una nueva central eléctrica de gas eficiente. TICO 2, que inició sus operaciones este mes, representará alrededor del 15 % de la producción eléctrica total del país.
Invertimos en proyectos energéticos transformadores en toda la región —y en el mundo— porque el suministro eléctrico fiable y asequible impulsa notablemente el desarrollo empresarial; por cada dólar invertido en el suministro eléctrico se generan más de 15 dólares de PIB adicional. La energía hidroeléctrica es la mayor fuente de energía renovable del mundo, y encontrar formas responsables de aprovechar el enorme potencial hidroeléctrico de África puede llevar electricidad a decenas de millones de personas que hoy viven a oscuras. El África subsahariana tiene 300 gigavatios de potencial hidroeléctrico sin desarrollar, cifra suficiente para casi cuadruplicar su capacidad total de generación de 80 GW. En cambio, Europa Occidental aprovecha alrededor del 85 % de su potencial hidroeléctrico disponible.
Cuando las personas no tienen acceso a la electricidad, su mundo de posibilidades se reduce. Cuando las empresas no tienen acceso a la electricidad, no pueden crecer. Si queremos acabar con la pobreza extrema en los próximos 15 años, debemos ampliar considerablemente el acceso a la energía para las personas y los países más pobres. El acceso universal a la energía —especialmente a una energía limpia y asequible— será la única forma de dar a las naciones una verdadera oportunidad equitativa de crecer y a las personas de alcanzar todo su potencial en los años venideros.
La publicación no implica el respaldo de las opiniones del Foro Económico Mundial.
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Autor: Jim Yong Kim, M.D., Ph.D., es el 12.º presidente del Grupo Banco Mundial.
Imagen: Un funcionario del sector eléctrico trabaja en un poste eléctrico a lo largo de una calle. 2012.REUTERS/Akintunde Akinleye.

