¿Por qué descarbonizar la industria es un trabajo en equipo?

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  • Ya disponemos de las herramientas para hacer frente a las emisiones mundiales, pero debemos encontrar la voluntad política para desplegarlas con rapidez mediante la formación de equipos en la industria, el gobierno y las finanzas.

  • Para que estas soluciones tecnológicas se desplieguen a nivel mundial en 2050, deben comercializarse e implantarse a una escala suficiente para desencadenar reducciones de costos antes de 2030.

  • La industria y el gobierno deben elaborar conjuntamente la hoja de ruta, trazando cómo alcanzar las emisiones netas cero en cada sector a mediados de siglo. ¡Actuar en solitario no es una opción!

Lo mejor de la capacidad humana, la excelencia y la solidaridad se exhibe actualmente en los Juegos Olímpicos de Tokio. Frente a los desafíos que plantea la pandemia de COVID-19, los Juegos están uniendo al mundo en torno a la destreza deportiva y el trabajo en equipo. La humanidad necesitará alcanzar ese mismo nivel de solidaridad y trabajo en equipo si queremos abordar con éxito, de forma conjunta, el cambio climático.

Al igual que todos los deportistas en Tokio, sabemos lo que debemos hacer. Tenemos las herramientas necesarias para hacer frente a las emisiones mundiales; solo necesitamos encontrar la voluntad política para desplegarlas con rapidez. Debemos unir fuerzas para formar equipos, en la industria, el gobierno y las finanzas, que logren la descarbonización.

En los siete sectores en los que centramos nuestra actividad (aviación, transporte marítimo, transporte por carretera de carga pesada, hierro y acero, aluminio, hormigón y productos químicos) ya existen alternativas con bajas o nulas emisiones de carbono. Ya sea que dependan del hidrógeno, el amoníaco, los bioquímicos o los biocombustibles avanzados, las nuevas tecnologías y procesos de producción pueden, en teoría, desplegarse para reducir las emisiones a cero a mediados de este siglo.

Ir hacia lo verde, por la descarbonización

El desafío es que, prácticamente en todos los casos, estas alternativas aún no están disponibles comercialmente y, por tanto, siguen siendo más caras que las opciones convencionales, a menudo de forma significativa (quizá entre un 20 % y un 200 % más). Esta ‘prima verde’, según identificó Bill Gates, dificulta que muchas empresas inviertan hoy, incluso si hacerlo podría darles una ventaja competitiva frente a sus rivales a medida que surja la economía de cero emisiones netas en las próximas décadas.

La buena noticia, sin embargo, es que, aunque sea significativa en el ámbito de empresa a empresa, esta prima verde tendría un bajo impacto en los precios para el consumidor (inferior al 1 %) una vez trasladada a toda la cadena de valor. De hecho, esta cifra seguirá bajando con los efectos de la escala y de la curva de aprendizaje.

Nos encontramos en una carrera contra el tiempo: para que estas soluciones tecnológicas se desplieguen a nivel mundial y se conviertan en la «nueva normalidad» en 2050, deben comercializarse e implantarse a una escala inicial suficiente para desencadenar reducciones de costos antes de 2030.

Afortunadamente, tenemos un caso de estudio exitoso de cómo lograrlo en el crecimiento espectacular de las energías renovables en las últimas tres décadas. En los últimos 10 años, la eólica y la solar han crecido rápidamente (cuatro veces y más de 17 veces, respectivamente), mientras que sus costos han caído de forma vertiginosa. Según cifras del banco de inversión Lazard, el costo de la energía eólica se redujo un 71 % entre 2009 y 2020, y el de la energía solar a escala de servicios públicos, un 90 %.

Solo unas pocas tecnologías de generación de energía renovable son competitivas en costos, pero es esencial para la descarbonización de la industria.Image: Lazard

La razón es sencilla. Mediante subastas, desgravaciones fiscales, subsidios a la generación y esquemas de certificados verdes, los gobiernos asumieron inicialmente la prima verde de la energía limpia, lo que permitió que la energía eólica y solar, más cara, compitiera con la electricidad procedente de centrales de carbón, nucleares y de gas natural.

Al subsidiar los mercados iniciales de electricidad renovable y garantizar la estabilidad de los ingresos, los gobiernos impulsaron una inversión masiva en tecnología de energía limpia y en la fabricación a gran escala. En muchas jurisdicciones, ahora resulta más barato instalar nuevas granjas solares que mantener en funcionamiento las centrales de carbón existentes.

Entrenar para el éxito

Se trata de un logro extraordinario, pero no ocurrió de la noche a la mañana. Dinamarca introdujo por primera vez subsidios para parques eólicos en 1981, mientras que el programa alemán de tarifas reguladas (feed-in) se remonta a 1991. No podemos permitirnos dedicar tres décadas a reducir el costo de la producción de hidrógeno verde, del amoníaco para el sector del transporte marítimo o de los bioquímicos y combustibles sintéticos. Tampoco tenemos que hacerlo, porque hemos aprendido a usar las herramientas de política para acelerar estas transiciones.

Sin embargo, estas herramientas de política tendrán que adaptarse a las realidades de las industrias con alta intensidad de carbono. Dos diferencias clave hacen que la historia de los sectores más difíciles de reducir sea menos sencilla:

1. A diferencia de las energías renovables y la generación de electricidad, no existe una solución única para descarbonizar esos sectores: en la industria pesada coexistirán varias opciones tecnológicas bajas en carbono, ya que su competitividad en costos variará según la región e incluso según la planta. En los sectores de la movilidad, es probable que distintas tecnologías atiendan trayectos de distinta longitud, electrificándose los más cortos y siguiendo dependiendo de los combustibles líquidos los más largos. La multiplicidad de soluciones complica el desarrollo de herramientas de política que satisfagan todas las necesidades.

2. Estos sectores operan a través de las fronteras nacionales. Un endurecimiento de los objetivos y obligaciones nacionales, incluso si se respalda con mecanismos de subsidio, probablemente seguirá provocando un aumento de los costos del carbono para las empresas de estos sectores, lo que podría penalizarlas frente a sus competidores internacionales. Este problema de fuga de carbono exige formas innovadoras de cooperación internacional. Por eso la descarbonización es un trabajo en equipo.

Descarbonización: un trabajo en equipo

La industria, las finanzas y el gobierno deben jugar en equipo para vencer al cambio climático. La industria y el gobierno deben elaborar conjuntamente la hoja de ruta, trazando cómo alcanzar las emisiones netas cero en cada sector a mediados de siglo, y acordando las mejores soluciones tecnológicas y de modelos de negocio (o, lo más probable, una cartera de soluciones) que deban perseguirse. Después, deben jugar juntos para crear los mercados finales que el sector privado necesitará para justificar la inversión en innovación, fabricación y despliegue.

La descarbonización requiere nada menos que:

  • Asociaciones público-privadas sin precedentes para reducir el riesgo de la inversión privada mediante regulaciones y la movilización de financiación pública;

  • Cooperación público-pública innovadora (grupos de gobiernos de sectores específicos que acuerdan medidas conjuntas, colaboran en I+D y avanzan hacia unas condiciones de competencia equitativas a nivel mundial, así como cooperación vertical entre gobiernos federales y descentralizados);

  • Nuevas formas de cooperación privado-privada a lo largo de la cadena de valor, desde proveedores de energía hasta empresas de bienes de consumo, para demostrar la viabilidad de las cadenas de valor ecológicas, y en ocasiones incluso entre competidores para hablar con una sola voz ante los gobiernos y las instituciones financieras.

En la carrera contra el cambio climático, ¡actuar en solitario no es una opción!

¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para reducir la huella de carbono de la aviación?

El sector del transporte marítimo ofrece un ejemplo de cómo puede trabajar en equipo un grupo de este tipo. Más de 150 empresas se han unido a la Coalición Getting To Zero, comprometiéndose a introducir el transporte marítimo de cero emisiones en las rutas de alta mar de forma comercial para 2030. Proceden de todos los rincones del mundo y representan a expedidores, agentes de carga, constructores navales, proveedores de combustible y de servicios de abastecimiento en puerto, propietarios de la carga, instituciones financieras y gobiernos de países con un gran sector marítimo.

Actualmente están elaborando una estrategia de transición hacia las emisiones netas cero, que establecerá las soluciones de descarbonización y los combustibles que deben utilizarse para reducir las emisiones más rápidamente de lo que sugieren los objetivos actuales de la Organización Marítima Internacional. Paralelamente, están trabajando juntos para hacer navegar los primeros buques de cero emisiones en los próximos años, creando consorcios con proveedores de combustible, autoridades portuarias y expedidores, atrayendo a propietarios de la carga dispuestos a pagar una prima por el transporte marítimo ecológico, y asegurando la financiación pública y privada.

Se trata de una empresa que va más allá del alcance incluso del mayor gigante naviero y, de hecho, de todo el sector del transporte marítimo en su conjunto. Requiere la colaboración del sector energético, pero también de los numerosos sectores que transportan mercancías por todo el mundo. Y, a corto y medio plazo, requerirá el apoyo de los gobiernos para acelerar la I+D, reducir el riesgo de la inversión en la cadena de suministro de combustibles, en nueva infraestructura portuaria, en nuevos buques y motores, y estimular la demanda de transporte marítimo ecológico mediante regulación y mandatos.

Todo ello puede lograrse sin añadir más de un 1 % a los precios para el consumidor de los bienes transportados por todo el mundo. Nosotros, como consumidores, debemos estar dispuestos a pagar ese pequeño precio. El equipo marítimo necesita que lo hagamos para marcar un tanto frente al cambio climático.

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