Por qué la complejidad es positiva para alcanzar los objetivos energéticos globales

Por qué la complejidad es positiva para alcanzar los objetivos energéticos globales
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En una serie de artículos previos al informe New Energy Architecture del Foro Económico Mundial, presentado el lunes 23 de abril de 2012, la directora ejecutiva de la Agencia Internacional de la Energía, Maria van der Hoeven, explica por qué una solución única para todos los casos no es una opción.

Se necesitan inversiones tecnológicas significativas para alcanzar el objetivo a largo plazo de una energía sostenible, económica y segura. Las tendencias de crecimiento de la población y de la prosperidad aumentarán inevitablemente las necesidades energéticas en las próximas décadas. Estas inversiones deberán realizarse a escala global, lo que exige un compromiso en todo el mundo; además, tendrán que satisfacer las necesidades actuales y anticipar al mismo tiempo las futuras. Es evidente que no podemos seguir dependiendo de nuestro mix energético actual. Determinar el equilibrio adecuado para garantizar la seguridad y la sostenibilidad requerirá un enfoque a nivel de sistemas.

Los debates y las decisiones actuales sobre el futuro mix energético exigen tener en cuenta nuestras necesidades energéticas, la producción, y la transmisión y distribución en las próximas décadas. Las inversiones y las medidas políticas que se adopten a corto plazo deberían evitar «encerrarse» en tecnologías que ya se sabe que no son sostenibles, en particular aquellas inversiones con una vida útil de varias décadas.

Nuestra infraestructura energética no se basa en una única tecnología, vector o sector. Se trata, más bien, de un sistema altamente interrelacionado, con multitud de tecnologías, partes interesadas, recursos y usos finales. La complejidad tecnológica no hará sino aumentar en el futuro con los vehículos eléctricos, el mayor uso de la electricidad en la calefacción, el uso del almacenamiento térmico para equilibrar la generación renovable variable, una respuesta de la demanda más sofisticada y el almacenamiento de energía en hidrógeno para calefacción, generación eléctrica y transporte. Tendremos que mejorar nuestra comprensión de los sistemas energéticos en evolución y aprender a trabajar con nuevas tecnologías y partes interesadas que tradicionalmente no han participado en el sector energético.

Los enfoques de sistemas para el despliegue energético deben buscar aprovechar la infraestructura existente a fin de optimizar las nuevas inversiones. Un ejemplo es mejorar la flexibilidad del sistema eléctrico actual para dar cabida a una proporción creciente de inversiones renovables variables. El enfoque habitual hasta ahora ha sido instalar centrales eléctricas de punta de combustibles fósiles, pero son posibles enfoques más innovadores. Los esfuerzos por aumentar la flexibilidad de la capacidad de carga base existente, así como por mejorar las interconexiones regionales y aprovechar el exceso de flexibilidad de la generación hidroeléctrica de embalse, reducen la necesidad de invertir en centrales de punta y aumentan la utilización de las instalaciones de generación existentes. También hay un gran recurso sin explotar en el lado de la demanda que puede aprovecharse mediante un mayor despliegue de redes inteligentes. Al considerar las oportunidades en todo el sistema, las ciudades, las regiones y los países pueden elegir la mejor solución para adaptarse a sus circunstancias específicas y a su dotación de recursos y, así, optimizar las inversiones.

No existe un enfoque único para todos los casos en lo que respecta al despliegue tecnológico en el sistema energético. En este contexto, el proyecto New Energy Architecture complementa los análisis basados en sistemas realizados por la AIE. Para satisfacer las demandas del futuro, las naciones o regiones deben considerar una amplia gama de cuestiones y adoptar un enfoque a nivel de sistemas que incluya los recursos y las capacidades técnicas en el contexto de los aspectos sociales, regulatorios y de mercado.

La AIE sigue ampliando su análisis basado en sistemas y ofrece respuestas a las nuevas preocupaciones que surgen del contexto energético actual, en constante cambio. ¿Perturbará el funcionamiento del sistema eléctrico el despliegue a gran escala de generación renovable variable (como la eólica y la fotovoltaica)? ¿Puede el sistema de distribución dar cabida a futuros despliegues de vehículos eléctricos? ¿Deben ampliarse las redes de gas para su uso en aplicaciones de calefacción de edificios o deben utilizarse bombas de calor eléctricas? ¿Cómo puede desplegarse la tecnología del hidrógeno de forma práctica y rentable para el transporte o las aplicaciones estacionarias? ¿Aumentarán o reducirán las redes inteligentes el coste de la electricidad para los consumidores?

Estas preguntas no pueden responderse de forma aislada. El pensamiento sistémico debe ser la norma para que la comunidad energética, incluidos los gobiernos, la industria, los consumidores y el resto de las partes interesadas, trabaje en colaboración a escala global con el fin de encontrar soluciones creativas que permitan alcanzar nuestros objetivos de energía segura y sostenible.

Autora: Maria van der Hoeven, directora ejecutiva, International Energy Agency, París

Imagen: Una dependienta toca una lámpara en un centro comercial de Taipéi el 12 de abril de 2012. REUTERS/Pichi Chuang (TAIWÁN – Etiquetas: ENERGY BUSINESS)

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