Por si se lo perdió, esta semana Mark Zuckerberg convirtió las proyecciones de los analistas sobre la conexión de los próximos mil millones de personas en una realidad con un calendario definido. El CEO de Facebook anunció el 5 de octubre que lanzarán a finales de 2016 un satélite denominado AMOS-6 a la atmósfera para llevar el acceso a Internet al África subsahariana.
Según Zuckerberg, el lanzamiento conjunto con Eutelsat Communications les acercará un paso más a la misión de Facebook.org de conectar a todo el mundo mediante Internet 4G. ¿Ambicioso? Sí, pero Facebook va por buen camino: la oportunidad en África es enorme. The Economist Intelligence Unit identificó a África como el mercado con mayor oportunidad de inversión a nivel mundial en la actualidad, con más de la mitad de las economías de sus 52 países creciendo más de un 5 % anual entre 2012 y 2016. Las reservas en gran medida sin explotar de recursos naturales y humanos de África implican que su potencial seguirá creciendo en el futuro, atrayendo a multitud de inversiones que, de otro modo, podrían considerarse arriesgadas. Mientras tanto, el 89 % de los adultos de África posee un teléfono móvil, el mismo porcentaje que en Estados Unidos. Impulsado por este auge en la adopción de la telefonía móvil, el continente ha podido saltarse la etapa de la telefonía fija y pasar directamente a la era digital, y conectarse con el resto del mundo mediante un acceso generalizado a Internet para estos dispositivos móviles podría ser, en efecto, el último paso para convertir a África en una potencia económica perenne.
Pero antes de conectarse, necesitan cargarse. A medida que aumenta la conectividad a Internet, el problema de la electricidad en el África subsahariana se ha vuelto cada vez más acuciante. Décadas de mala gestión de recursos y corrupción han dejado a la infraestructura africana gravemente incapaz de satisfacer las necesidades de sus ciudadanos.
Las estadísticas son sorprendentes y muestran una imagen mucho menos halagüeña que la que Facebook nos ha pintado. Casi 500 millones de africanos todavía no tienen acceso a la electricidad, y solo el sector energético necesitaría una inversión adicional de 100 000 millones de dólares al año para realizar las mejoras necesarias en la infraestructura existente. Incluso las economías nacionales emergentes y sólidas, como la de Nigeria, se ven lastradas por las limitaciones energéticas; por ejemplo, el país de 180 millones de habitantes tiene la misma capacidad energética que Hungría —un país de unos 10 millones de habitantes—. Mientras África da pasos cada vez más grandes hacia la conectividad universal a Internet, el potencial de la débil infraestructura energética para socavar todo este progreso se ha vuelto aún más apremiante. Las soluciones tampoco son sencillas: actualizar la red existente para satisfacer la demanda de forma suficiente costaría miles de millones de dólares y años de trabajo. Dado el ritmo de desarrollo de otras industrias, esto simplemente no es suficiente. En cambio, las mejores soluciones podrían ser aquellas que eluden por completo la red y sitúan a África en el camino hacia un nuevo tipo de futuro energético sostenible. Por ejemplo, en India, un país que sufre escaseces energéticas igualmente paralizantes combinadas con un rápido desarrollo económico, hemos comenzado a desplegar generadores alimentados por pilas de combustible de hidrógeno en torres de telecomunicaciones para sustituir a los obsoletos generadores diésel que fallan. Para que África evite los costes y el tiempo que supone implementar una red eléctrica completamente nueva, pero también satisfaga las demandas energéticas de una población cada vez más conectada, debería empezar a replantearse por completo la forma en que distribuye la electricidad. Un nuevo futuro conectado también podría significar un nuevo futuro energético.
Este artículo se publica en colaboración con Quartz Africa. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde las opiniones expresadas.
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Autor: el Dr. Henri Winand es CEO de Intelligent Energy Holdings PLC.
Imagen: personas usan ordenadores en un cibercafé del barrio de Hodan, en Mogadiscio. Reuters/Feisal Omar.
