Nos estamos enterrando bajo una montaña de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), lo que ejerce una presión creciente sobre el medio ambiente y el bienestar de las personas.
Según un nuevo informe presentado en Davos 2019, su volumen es tan grande que pesaría más que 125.000 aviones jumbo Boeing 747, es decir, 44,7 millones de toneladas en total. Eso equivale a construir 4.500 réplicas de la Torre Eiffel. Cada año.
Las fuentes de residuos electrónicos son casi tan variadas como las formas que adoptan. Desde teléfonos móviles y ordenadores hasta tostadoras y televisores, pasando por equipos de oficina y sistemas domésticos de energía solar, todos contribuyen al problema. Aunque solo representan alrededor del 2 % de todos los residuos sólidos, son responsables del 70 % de los residuos peligrosos.
El internet de las cosas desechadas
En 2017 se vendieron 1.460 millones de teléfonos inteligentes. Para 2020 podría haber hasta 2.870 millones de personas con un teléfono inteligente. Pero esas cifras palidecen en comparación con el Internet de las Cosas (IoT), que podría alcanzar hasta 50.000 millones de dispositivos conectados en uso para 2020. Desde dispositivos domésticos inteligentes hasta sensores comerciales, es muy probable que todo lo conectado al IoT acabe quedando obsoleto algún día, lo que añadirá aún más volumen a la montaña de residuos electrónicos.
Hay oro en los residuos electrónicos, literalmente
Puede que le sorprenda saber que hay más oro en 100 toneladas de teléfonos inteligentes que en 100 toneladas de mineral de oro. Sin embargo, en 2016 se desecharon 435.000 toneladas de teléfonos móviles. Otros materiales raros y valiosos presentes en los residuos electrónicos incluyen plata, cobre, platino y paladio. Es poco probable que alguien tirara a sabiendas cualquiera de ellos junto con la basura.
Reciclaje y economía informal
La recuperación de metales preciosos a partir del reciclaje de residuos electrónicos ya es un gran negocio. Se estima que el valor total de los residuos electrónicos es del orden de 62.500 millones de dólares. Eso es tres veces más que el valor de la producción mundial total de plata y superior al PIB de muchos países. Sin embargo, recuperar el valor oculto en los residuos electrónicos entraña grandes dificultades.
Además del oro y el platino, los residuos electrónicos contienen numerosos materiales peligrosos: el plomo, el mercurio y el cadmio están presentes en muchos dispositivos electrónicos. En una instalación de reciclaje bien organizada, su recuperación puede gestionarse sin riesgos innecesarios para los trabajadores ni daños para el medio ambiente.
Sin embargo, cada año los Estados miembros de la Unión Europea exportan alrededor de 1,3 millones de toneladas de residuos electrónicos sin documentar. La mayor parte, e incluso posiblemente la totalidad, acaba en manos no reguladas, donde los procesos de reciclaje y recuperación son mucho más rudimentarios.
En Nigeria, unas 100.000 personas trabajan en el sector informal del reciclaje. No es raro que el proceso de recuperación consista en prender fuego a grandes montones de residuos electrónicos para quemar el plástico y dejar al descubierto los metales. Se trata de un trabajo muy peligroso que expone a las personas a humos tóxicos y contamina el entorno inmediato.
Una solución circular
Poner fin al problema de los residuos electrónicos, ya sea desde la perspectiva de la contaminación, la pérdida de valor o el daño a la salud, exigirá algo más que mejorar las instalaciones de reciclaje. Si bien garantizar un tratamiento adecuado de los residuos electrónicos es fundamental, también es prioritario frenar la avalancha de dispositivos desechados. Esto implica diseñar productos duraderos en lugar de desechables, y asegurar que, al llegar al final de su vida útil, puedan reciclarse de forma fácil y segura.
Esa visión podría incluir sistemas de recompra en los que minoristas y fabricantes asuman la responsabilidad de los procedimientos adecuados de eliminación. Pero también podría requerir cambios más radicales, como pasar de modelos de propiedad de activos a modelos de suscripción a servicios, en los que los dispositivos se alquilan por periodos fijos y luego se devuelven, reciclan y reemplazan.
El informe, Una nueva visión circular para la electrónica: es hora de un reinicio global, está disponible aquí.
