Aún podemos mantener el calentamiento global por debajo de 2℃. Así es cómo

The sun rises behind windmills at a wind farm in Palm Springs, California, February 9, 2011. REUTERS/Lucy Nicholson (UNITED STATES - Tags: ENERGY ENVIRONMENT BUSINESS) - RTXXNCW
Nations need to accelerate deployment of existing technologies to lock in and build on the gains of the last three years.Image: REUTERS/Lucy Nicholson
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El año pasado descubrimos que el crecimiento de las emisiones mundiales de combustibles fósiles se había estancado durante los últimos tres años. Pero ¿significa esto que estamos en camino de mantener el calentamiento global por debajo de 2℃, tal como se acordó en el Acuerdo de París de 2015?

En nuestro estudio, publicado hoy en la revista Nature Climate Change, analizamos cómo avanzan los sectores energéticos mundiales y nacionales hacia los objetivos climáticos globales.

Descubrimos que aún podemos mantener el calentamiento global por debajo de 2℃, en gran medida gracias al mayor uso de energía limpia, a la disminución mundial del uso del carbón, a las mejoras en la eficiencia energética y al consiguiente estancamiento de las emisiones procedentes de los combustibles fósiles durante los últimos tres años.

Los países deben acelerar el despliegue de las tecnologías existentes para consolidar y ampliar los avances de los últimos tres años. Más difícil será la inversión necesaria para desarrollar nuevas tecnologías y conductas que permitan alcanzar las emisiones netas mundiales cero a mediados de siglo.

El mundo se aleja de los combustibles fósiles

Analizamos varias medidas clave, entre ellas las emisiones de carbono procedentes de los combustibles fósiles, la intensidad de carbono del sistema energético (cuánto carbono se produce por cada unidad de energía) y la cantidad de carbono emitida para producir un dólar de riqueza.

La proporción mundial de energía procedente de combustibles fósiles empieza a disminuir. El consumo de carbón no ha aumentado y la energía eólica, la biomasa, la energía solar y la hidroeléctrica han experimentado un fuerte crecimiento. Por tanto, la tendencia emergente apunta a una reducción de las emisiones de carbono derivadas de la producción de energía.

La eficiencia energética también ha mejorado en todo el mundo en los últimos años, revirtiendo las tendencias de la década de 2000. Estas mejoras reducen la cantidad de emisiones de carbono necesaria para generar nueva riqueza.

Como resultado de todos estos cambios, las emisiones mundiales de combustibles fósiles no han aumentado durante los últimos tres años. Es notable que esto haya ocurrido mientras la economía mundial seguía creciendo.

A medida que crece la economía mundial, se utiliza menos energía para producir cada unidad de riqueza, pues las economías se vuelven más eficientes y se orientan hacia los servicios.

Estos resultados alentadores muestran que, en términos generales, el mundo parte de una posición adecuada para mantener el calentamiento por debajo de 2℃.

Sin embargo, los modelos sugieren que una política climática estricta solo acelerará ligeramente esta tendencia histórica de mejora de la intensidad energética. Y mantener el calentamiento por debajo de 2℃ exigirá reducciones profundas y sostenidas de la intensidad de carbono de la producción de energía.

Image: The Conversation

China lidera el avance

También analizamos los países que tendrán mayor impacto mundial.

La ralentización de las emisiones mundiales durante los últimos tres años se debe en gran medida al menor crecimiento del consumo de carbón en China. Las emisiones de combustibles fósiles de China crecieron un 10% al año durante la mayor parte de la década de 2000, pero no han aumentado desde 2013. Esto apunta a un posible máximo de emisiones más de una década antes de lo previsto.

China está registrando una reducción significativa de la proporción de combustibles fósiles en su sector energético. Esto se debe a la disminución del uso del carbón y al crecimiento de las energías renovables. También ha ido disminuyendo la intensidad de carbono de los combustibles fósiles, por ejemplo, al quemar carbón de forma más eficiente.

Estados Unidos también ha reducido sus emisiones en la última década, con importantes descensos en el consumo de carbón, especialmente en los últimos años. Estos descensos obedecen a varias causas, entre ellas una economía más débil en la última década y las continuas mejoras de la eficiencia energética, que han reducido la demanda de energía.

Las emisiones de Estados Unidos han disminuido aún más debido a la reducción de la intensidad de carbono de los combustibles fósiles, impulsada por el cambio del carbón al gas natural y el crecimiento de las energías renovables.

Las emisiones de la Unión Europea llevan varias décadas disminuyendo, sobre todo en los últimos 10 años, ya que una economía más débil, junto con las continuas mejoras de la eficiencia energética, ha provocado una reducción de las emisiones. Estos descensos se están acelerando a medida que aumenta la proporción de energías renovables en el sector energético.

India ha mantenido un crecimiento de las emisiones del 5-6% al año y se espera que este continúe, con pocos cambios en los factores subyacentes que impulsan dicho crecimiento.

Las emisiones de combustibles fósiles de Australia se han mantenido estables o han disminuido desde 2009, como resultado de la reducción conjunta de la intensidad energética de la economía y de la intensidad de carbono de la energía. Sin embargo, las emisiones de combustibles fósiles han aumentado desde 2015.

Image: Reuters

El diablo está en los detalles

Hay un gran «pero» en nuestro análisis. Descubrimos que las tendencias actuales de los combustibles fósiles son compatibles con mantener el calentamiento por debajo de 2℃ porque los escenarios climáticos futuros que utilizamos —evaluados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático— permiten un uso relativamente elevado de combustibles fósiles en el futuro.

Estos escenarios suponen que se eliminarán grandes cantidades de las emisiones de carbono procedentes de la combustión de combustibles fósiles mediante la captura y el almacenamiento de carbono (CCS).

La CCS también se utiliza ampliamente junto con la bioenergía para producir una tecnología que, en la práctica, elimina dióxido de carbono de la atmósfera. En este proceso, las plantas eliminan dióxido de carbono de la atmósfera; al quemarlas se produce bioenergía, y las emisiones de CO₂ resultantes se capturan y almacenan bajo tierra. Las plantas vuelven a crecer y el ciclo se repite.

La mayoría de los escenarios dependen de un despliegue a gran escala de la CCS —del orden de miles de instalaciones para 2030— para mantener el calentamiento por debajo de 2℃. En la actualidad, solo se están planificando unas pocas decenas de instalaciones. Además, la mayoría de los compromisos para 2030 en virtud del Acuerdo de París no incluyen medidas relativas a la CCS.

Aunque muchos de los indicadores actuales son compatibles con limitar el calentamiento a 2℃, ahora es urgente desplegar la CCS para evitar desviarse de esas trayectorias. Esto será necesario a menos que puedan desplegarse alternativas tecnológicas que cubran la brecha de mitigación que está surgiendo rápidamente.

Muchos escenarios de emisiones también contemplan eliminar grandes cantidades de CO₂ de la atmósfera. Aunque la bioenergía con CCS es la tecnología preferida en esos escenarios, también urge invertir en la investigación y el desarrollo de tecnologías alternativas de emisiones negativas, potencialmente con una menor huella ambiental.

Convertir la ralentización en una disminución

Es significativo que el crecimiento de las emisiones se haya ralentizado en los últimos tres años. Esto es necesario para avanzar hacia una trayectoria de emisiones compatible con mantener las temperaturas medias mundiales por debajo de 2℃ respecto de los niveles preindustriales.

El reto a corto plazo consiste en consolidar esta ralentización, fruto de la reducción del uso del carbón, su sustitución por gas y la creciente proporción de energía limpia. Esto reducirá el riesgo de que las emisiones repunten si la economía mundial crece con más fuerza a corto plazo.

Sin embargo, nuestra investigación muestra que, para que las emisiones sigan una tendencia descendente al ritmo necesario, habrá que reducirlas en una gama más amplia de sectores y acelerar el despliegue de las tecnologías bajas en carbono existentes.

En última instancia, alcanzar cero emisiones este siglo exigirá un programa rápido de investigación y desarrollo que respalde una amplia gama de tecnologías bajas en carbono, incluidos sistemas para eliminar dióxido de carbono de la atmósfera.

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