El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha señalado seis formas de lograr energía sostenible para todos.
Invertir en energías renovables es esencial para reducir la dependencia mundial de los combustibles fósiles y mitigar el cambio climático.
Los gobiernos, las empresas y los organismos de desarrollo deben trabajar juntos para cerrar la brecha de financiación y hacer realidad la energía sostenible para todos.
Mientras estoy aquí, en mi cálida oficina, el suave zumbido de mi calefactor eléctrico me recuerda constantemente el privilegio del que disfruto. La luz de mi lámpara de escritorio brilla con intensidad mientras escribo estas palabras, una tecla cada vez. En este momento, me asalta una verdad inquietante: a menudo se da por sentada la energía, un privilegio que pasa desapercibido.
A pesar de los notables avances tecnológicos de nuestra época, incluidos los avances en el desarrollo de las energías renovables y el rápido descenso del coste de las tecnologías, millones de personas pasan la hora de la cena sumidas en la oscuridad o soportan un servicio poco fiable. Esta dura realidad no solo afecta al bienestar individual, sino que también frena el progreso económico.
Alcanzar las metas del Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 7 —energía asequible y no contaminante para todos— ha llegado a un punto de inflexión innegable. Ya no se puede ignorar la urgencia de hacer frente a las desigualdades en el acceso a la energía.
Sin embargo, el informe de seguimiento del ODS 7 de 2023 presenta conclusiones preocupantes. Unos asombrosos 675 millones de personas siguen sin tener electricidad y 2.300 millones carecen de acceso a combustibles limpios para cocinar. El continente africano, donde las brechas son mayores, alberga 17 de los 20 países con los déficits de acceso más altos. Nigeria, la República Democrática del Congo, Etiopía y Tanzania concentran por sí solos a 253 millones de personas sin electricidad, el 34 % del déficit mundial. Estas cifras ponen de manifiesto la extrema pobreza energética que existe en África, donde se prevé que la demanda de energía aumente rápidamente.
En este contexto, ¿cómo podemos siquiera hablar de una transición energética mundial cuando una parte significativa de la población del planeta carece de acceso a la energía? Se necesita urgentemente un cambio de paradigma que reconozca los distintos puntos de partida de los países y sus realidades actuales. Este cambio debe ser lo bastante ambicioso como para aprovechar las oportunidades de transformar la energía con rapidez y a gran escala, promoviendo tecnologías más limpias y eficientes.
Este cambio es aún más urgente si tenemos en cuenta el incumplimiento por parte de los países desarrollados de su compromiso anual de aportar 100.000 millones de dólares estadounidenses en financiación climática. Se necesitarán enfoques integrados, ya que los países deben asignar y utilizar los recursos estratégicamente, al tiempo que diseñan programas que contribuyan a varios ODS. Aquí es donde el enfoque de cartera del PNUD se vuelve crucial. Mediante el desarrollo, la puesta a prueba, el aprendizaje y la ampliación de intervenciones que se complementan entre sí, el mundo puede avanzar en muchos frentes.

Propongo aquí algunas recomendaciones prácticas para impulsar una nueva forma de pensar, apoyar la acción en favor del ODS 7 y obtener beneficios que vayan más allá.
1. Ampliar nuestra comprensión del «acceso a la energía». El acceso a la energía debe abarcar los medios de vida, la productividad y el desarrollo económico, y no limitarse a las conexiones domésticas. El Programa de Minirredes de África del PNUD ejemplifica esta filosofía. El programa no solo se centra en la electrificación de los hogares, sino también en mejorar estratégicamente la labor de emprendedores y empresas, así como de sectores económicos clave como la educación, la salud y el comercio. Al comprometerse a proporcionar energía limpia a 500 millones de personas más para 2025, el PNUD busca fortalecer los medios de vida e impulsar el crecimiento económico.
2. Garantizar que el nuevo acceso a la energía —especialmente para llegar al último tramo— sea limpio y, siempre que sea posible, renovable. El acceso a la energía puede contribuir directamente a una transición energética justa. Todas las contribuciones determinadas a nivel nacional respaldadas por la Promesa Climática del PNUD incluyen metas o políticas relacionadas con la energía. En el caso de África, las emisiones de carbono de la región, que representan menos del tres por ciento de las emisiones mundiales relacionadas con la energía, ofrecen la oportunidad de emprender un nuevo paradigma de desarrollo que dé prioridad al acceso a la energía y libere el potencial de las energías renovables del continente, al tiempo que protege el clima.
3. Hacer más con el mismo presupuesto diseñando programas que aceleren el progreso en varias metas del ODS 7. El progreso de la electrificación puede servir de catalizador para la cocina limpia tanto en las ciudades como en las zonas rurales. Entre 2019 y 2021, la población mundial con acceso a la electricidad aumentó en un promedio de 114 millones de personas al año. En los barrios con mayores índices de acceso a la electricidad, por ejemplo, en las ciudades, este avance también podría facilitar la transición a la cocina limpia. Las iniciativas actuales de electrificación podrían impulsar la promoción del uso de electrodomésticos comunes. En las comunidades rurales, donde la electrificación no es posible de inmediato y sigue predominando el uso de biomasa, la cocina eficiente desde el punto de vista energético también puede contribuir a las metas de eficiencia energética. La labor del PNUD en Nigeria ya demuestra los beneficios de la transición a estufas de biomasa de alta eficiencia energética para cocinar en comunidades rurales y de reducir la carga sobre la economía de los hogares, los servicios de salud y el medio ambiente.
4. Incorporar a distintos actores a la búsqueda de soluciones. Esto significa apoyar a la próxima generación de líderes e innovadores para que cuenten con las competencias necesarias para afrontar desafíos complejos. También debemos integrar la perspectiva de género y garantizar que las mujeres participen en el proceso en todos los niveles. Las experiencias respaldadas por el PNUD en Perú y Yemen han demostrado los beneficios para el desarrollo de involucrar a las mujeres como agentes de cambio mediante su formación como técnicas en energía limpia. Los proyectos en Malawi, Nepal y la India han demostrado que el acceso a la energía puede transformar la vida de las mujeres, al liberarles tiempo y abrirles diversas oportunidades de sustento, como la educación y el emprendimiento, también en la cadena de valor de las energías renovables.
5. Basar las soluciones en datos inclusivos y soluciones digitales que impidan que se agraven las desigualdades existentes. La planificación energética nacional no suele incluir datos locales que especifiquen las prácticas y necesidades energéticas de las comunidades. Los datos recopilados a este nivel pueden allanar el camino hacia transiciones energéticas inclusivas, en las que las políticas se adapten a los contextos y las realidades locales.
6. Aprovechar las plataformas políticas para intensificar la promoción a escala mundial. El Foro Político de Alto Nivel y la Cumbre sobre los ODS de este año en las Naciones Unidas son momentos cruciales para elevar la ambición mundial y reforzar los compromisos. Es sumamente urgente proporcionar energía a los millones de personas que aún la necesitan.
Espero trabajar con el PNUD y nuestros socios para aprovechar esta oportunidad y actuar ahora.


