Desde que Rusia invadió Ucrania, se han planteado interrogantes sobre cómo afectará la guerra a la transición hacia las energías limpias.
Los responsables políticos europeos están decididos a reducir en dos tercios este año la dependencia de la UE del gas ruso, lo que obliga a buscar alternativas.
Opciones como la energía nuclear belga, las bombas de calor francesas, la energía solar alemana y la energía eólica paneuropea contribuirán a reducir la dependencia de la energía rusa importada, afirman los expertos.
Algunos investigadores creen que la guerra en Ucrania podría acelerar, de hecho, la adopción de energías renovables.
Mientras Europa se esfuerza por reforzar su seguridad energética en respuesta a la invasión rusa de Ucrania, la incertidumbre se cierne en muchos frentes. Al dar la espalda al petróleo y al gas rusos, ¿acelerará Europa su respuesta a la crisis más global —el cambio climático— o la frenará?
Es una pregunta complicada y la respuesta depende del alcance y la duración de la guerra. Sin embargo, tal como están las cosas, nuestra conclusión es que una mayor seguridad energética no se logra a costa de la descarbonización y que probablemente se producirá una ligera aceleración de la transición energética en Europa.
Este artículo expone la perspectiva provisional de DNV sobre cómo probablemente afectará la guerra en curso a la transición energética de Europa a corto, medio y largo plazo.
Aquí nos centramos en las consecuencias de los acontecimientos en curso y no en formular recomendaciones de políticas. Este comentario se limita a las implicaciones de la situación actual en Europa.
En otra publicación, en nuestro Camino hacia las emisiones netas cero (DNV, 2021), DNV expone lo que consideramos una vía viable para que el mundo alcance los objetivos de París. Los resultados del modelo de transición energética de DNV sustentan las conclusiones que presentamos aquí, pero subrayamos la incertidumbre de las cuantificaciones. También reconocemos que la pequeña aceleración del progreso hacia el Acuerdo de París en una zona geográficamente limitada del mundo se produce a costa de una profunda crisis humanitaria.
Seguridad energética
Los responsables políticos europeos están decididos a reducir en dos tercios este año la dependencia de la UE del gas ruso. La sustitución será dolorosa y costosa, y el aumento de las importaciones de GNL ocupará un lugar central.
Sverre Alvik
Aproximadamente un tercio de la demanda europea de gas se destina a la calefacción y la cocina en los edificios, y otro tercio a la producción de electricidad. Casi el veinte por ciento lo utiliza la industria manufacturera, y el resto se consume en la industria petroquímica y en la propia industria del gas durante la producción.
Los responsables políticos europeos están decididos a reducir en dos tercios este año la dependencia de la UE del gas ruso. La sustitución será dolorosa y costosa, y el aumento de las importaciones de GNL ocupará un lugar central.
Sin embargo, actualmente Europa no dispone de suficiente capacidad de regasificación, y la producción en los lugares conectados a las redes europeas de gasoductos en Noruega, Argelia y Azerbaiyán solo puede aumentar poco a poco. Sustituir dos tercios del gas ruso antes de que acabe el año parece una tarea enorme, por lo que la ambición europea en materia de seguridad energética depende de políticas adicionales, como las expuestas por la AIE en su plan de 10 puntos (AIE, 2022). Además de orientar a los consumidores hacia un menor uso de la energía, hay margen para impulsar de forma coordinada políticas de eficiencia energética, aplazar los cierres de centrales nucleares y ampliar considerablemente la capacidad de las energías renovables.
Sin duda, hay oportunidades para acelerar estos avances: la energía nuclear belga, las bombas de calor francesas, la energía solar alemana y la energía eólica paneuropea contribuirán a reducir la dependencia de la energía rusa importada. Algunas de estas opciones pueden marcar una diferencia este año; otras necesitarán varios años para surtir un efecto significativo.
Aunque es posible y se acelerará la oferta de energía no fósil y la eficiencia energética, también actúan fuerzas contrarias a la transición energética. Entre ellas figuran un mayor uso del carbón para sustituir al gas natural y el aumento del coste de las baterías para vehículos eléctricos y de los paneles fotovoltaicos. En este sentido, el impulso a la seguridad energética va en contra de la transición.
Otros efectos de la guerra que no están relacionados con la seguridad energética, como la reducción del comercio y la cooperación mundiales, la reconfiguración de la logística global para responder a una crisis alimentaria cada vez más grave y la escasez de minerales críticos, también podrían ralentizar la transición energética.
Modelización de la transición
El modelo de dinámica de sistemas para la transición energética de DNV permite entender cómo se influyen mutuamente la economía, las tecnologías, los sectores, las geografías y las políticas
La próxima edición de nuestro informe anual Energy Transition Outlook está prevista para octubre, pero ya hemos ejecutado el modelo para evaluar cómo es probable que los cambios observados desde el 24 de febrero de este año influyan en la transición energética de Europa.
Las mayores incertidumbres tienen que ver con la propia guerra: su duración y una posible escalada, y si el endurecimiento de las contramedidas interrumpirá por completo las exportaciones de petróleo y gas rusos a Europa. Aunque es probable que Europa mantenga su compromiso con el plan climático Fit for 55, la reacción de la ciudadanía ante la asequibilidad de la energía podría poner en peligro su impulso a corto plazo. Hay muchos otros interrogantes, como si la guerra dará lugar a una nueva guerra fría o terminará en una distensión más serena.
Teniendo en cuenta todas estas incertidumbres, hemos optado por modelizar un escenario en el que el sistema energético europeo deja de importar gas ruso, con cero importaciones de ese gas a partir de 2025.
Precios de la energía más altos
Rusia produce alrededor del 17 % del gas natural mundial y, en 2020, las importaciones rusas cubrieron el 33 % del consumo total de gas natural de Europa. Cuando hacemos que nuestro modelo reduzca en un 80 % el suministro de gas ruso a Europa en 2023 y en un 100 % en 2025, e incorporamos los mayores precios del gas que esto provoca, observamos un efecto indirecto en otros ámbitos, como los precios de la electricidad.
Por ejemplo, en 2024 el precio de la electricidad es un 12 % más alto que en una ejecución del modelo sin cambios en las importaciones de energía rusa. A nivel mundial, la guerra provoca que la demanda de energía sea un 3 % menor al cabo de dos años, en comparación con nuestra ejecución del modelo anterior a la guerra, principalmente debido a un PIB más bajo.
Alternativas al gas
La facilidad y las opciones para sustituir el gas dependen del sector en que se utilice. El crecimiento y la ecologización del suministro eléctrico y, por consiguiente, la descarbonización de los usos finales en los sectores del transporte, la construcción y la manufactura son los medios más importantes para descarbonizar el consumo energético europeo. En nuestro análisis, las energías renovables y la energía nuclear tienen bajos costes operativos y ocupan los primeros puestos en el orden de mérito por costes, por lo que producen cuanto pueden. A corto plazo, estas cantidades no bastan para cubrir todo el déficit de gas; en ese caso, hay que sustituir el gas por carbón, cuyo coste también ha aumentado a raíz de la guerra. El cambio al carbón es temporal. Al ser el combustible de último recurso, estimamos que, para 2024, el carbón cubrirá solo el 6 % de la reducción del uso de gas natural.
El aplazamiento del cierre de centrales nucleares y el mayor aprovechamiento de las instalaciones nucleares existentes tienen en conjunto un efecto importante a corto plazo. Es probable que esto ocurra en varios países, pero, en particular, no en Alemania. En 2023, la producción nuclear cubrirá un tercio del déficit de gas ruso.
A diferencia de lo ocurrido con la mayoría de las otras fuentes de energía, los costes de la bioenergía no han aumentado debido a la guerra, y es posible incrementar ligeramente la bioenergía —principalmente a partir de aguas residuales y vertederos— durante los próximos años. Estimamos que en 2024 la bioenergía cubrirá el 20 % del déficit de gas ruso.
En cambio, la principal medida de independencia energética promovida por los políticos europeos —una expansión mayor y más rápida de las energías renovables— tendrá un efecto inicial mucho más lento. Por ejemplo, esta expansión acelerada tardará dos años en cubrir el 10 % del déficit provocado por la ausencia de gas ruso. Aunque su impacto podría ser pequeño en 2023, irá cobrando importancia con cada año que pase. En un periodo de cinco años, prevemos que la expansión de las renovables igualará el aumento del 20 % al que aspira la UE y, para 2030, la energía solar fotovoltaica y la eólica cubrirán más de la mitad del déficit en el suministro de gas natural.
El encarecimiento de las materias primas elevará el coste de las baterías. La adopción de los vehículos eléctricos se verá afectada, de modo que el hito en que el 50 % de las ventas de coches nuevos en Europa corresponda a estos vehículos se retrasará casi un año: se alcanzará en 2028, en lugar de 2027. Esto tendrá más consecuencias para la descarbonización a largo plazo y ralentizará en cierta medida el descenso del consumo de petróleo. Los países con ambiciosos objetivos de descarbonización para 2030 tendrán que revisar los incentivos para la adopción de vehículos eléctricos y, posiblemente, reforzarlos.
Si observamos los cambios porcentuales, el uso total de gas en 2024 disminuye en 1700 PJ, o un 9 %, respecto de nuestra ejecución del modelo anterior a la guerra. El mayor aumento porcentual corresponde a la energía solar, que crece un 9 %. El efecto general en la combinación energética es limitado, teniendo en cuenta que la demanda total de energía primaria de Europa asciende a 70 EJ, o 70 000 PJ. Como resultado del descenso del consumo de gas, la proporción de fuentes de energía no fósiles en la combinación energética aumenta al 34 % en 2024, un 2 % más que en nuestra ejecución del modelo anterior a la guerra. Esta pequeña aceleración se mantiene, de modo que para 2030 el aumento total de la proporción de fuentes de energía no fósiles en la combinación energética sigue siendo un 2 % mayor que el previsto antes de la guerra.
Nada tiene menores costes y huella que la energía que no se consume, y Europa está redoblando sus esfuerzos en materia de eficiencia energética para garantizar su independencia energética. La medida más destacada es el apoyo a las bombas de calor y, como resultado, prevemos que, de aquí a 2030, la demanda total de energía del sector de la construcción mejore un 4 % adicional, al sustituir parte del gas por el uso eficiente de la electricidad en las bombas de calor.
Impulso al hidrógeno (verde)
El hidrógeno es otro pilar importante para garantizar tanto la independencia energética de Europa como la sostenibilidad de su combinación energética. Sin embargo, su principal reto es que sea asequible.
Desde Alemania llegan señales de que la crisis energética está reduciendo la oposición al hidrógeno azul (Recharge, 2022). Sin embargo, cuando Europa necesita desesperadamente gas para sustituir la eliminación gradual del gas ruso, es poco probable que haya cantidades importantes de gas natural excedente disponibles para producir hidrógeno azul. Además, los precios del gas son altos, lo que reduce la competitividad del hidrógeno azul, cuyos costes incluyen también la captura y el almacenamiento de carbono. Aunque durante los próximos años el hidrógeno azul siga siendo más barato que el verde (producido mediante electrólisis a partir de energías renovables), estimamos que su adopción en Europa será baja hasta 2030 y disminuirá, en lugar de aumentar, como consecuencia de la guerra.
Europa tiene una capacidad limitada para producir suficiente electricidad renovable con la que eliminar simultáneamente los combustibles fósiles de la combinación eléctrica y producir cantidades considerables de hidrógeno verde. Aun así, los responsables políticos siguen dando prioridad a ambos objetivos. Por consiguiente, prevemos un mayor apoyo al hidrógeno verde como parte del nuevo impulso a las energías renovables y hemos incorporado a nuestro modelo un precio del hidrógeno un 12 % más bajo que el del escenario de referencia para 2030. Pese al aumento del apoyo, el uso de hidrógeno verde en Europa seguirá siendo modesto en 2030, aunque será un 25 % mayor que en los resultados de nuestro modelo anterior a la guerra.
Cambios en la demanda de gas
Rusia buscará en Oriente una alternativa a los ingresos de sus exportaciones de energía, pero actualmente su capacidad de exportación a China y a los países vecinos es limitada, y construir nuevos gasoductos de transporte y terminales de exportación de GNL lleva mucho tiempo. Por ello, estimamos que la producción de gas en el noreste de Eurasia, que incluye Rusia, Ucrania y otros países de la antigua Unión Soviética, disminuirá un 24 % en 2024, ya que no hay infraestructura suficiente para exportar el gas.
En cambio, estimamos que la producción de gas de la propia Europa aumentará un 12 % de aquí a 2030, como reflejo de la reacción de la industria ante los mayores precios del petróleo y el gas a corto plazo y de su respuesta al compromiso de la UE de suministrar más gas. Los altos precios del petróleo y el gas estimularán nuevos proyectos en todo el mundo, pero, tras este impulso inicial a la nueva producción, es probable que la demanda mundial disminuya, en lugar de aumentar, durante la próxima década, a medida que se reduzcan el crecimiento del PIB y la globalización y, por consiguiente, desciendan ligeramente tanto la producción como el transporte de petróleo y gas.
Por lo tanto, prevemos que el exceso de inversión hará bajar los precios del petróleo y el gas en la segunda mitad de esta década, y nuestro modelo sugiere que esto provocará un ligero aumento del consumo mundial de petróleo más adelante, en la década de 2030, en comparación con nuestro pronóstico anterior a la guerra.
Pequeña aceleración de la descarbonización y la reducción de emisiones
La medida definitiva de la descarbonización es la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero, y el efecto neto de la invasión de Ucrania será una pequeña aceleración de la descarbonización y la reducción de emisiones de aquí a 2030. Las principales razones de esta diferencia son, a corto plazo, el aplazamiento del cierre de centrales nucleares y, a medio plazo, una expansión más rápida de las energías renovables, una mayor eficiencia energética y un menor crecimiento económico.
Sin embargo, el efecto general es limitado: las emisiones en Europa se reducirán en 580 Mt, o un 2,3 %, durante el periodo 2022-2030, en comparación con un escenario sin guerra en Ucrania. En la Figura 2 mostramos que el cambio total en las emisiones se debe casi por completo a la reducción del consumo de gas; en comparación, los cambios en las demás fuentes de energía y en la captura y almacenamiento de carbono (CCS) son menores.
Tal como están las cosas, pronosticamos que una pequeña aceleración de la transición energética en Europa es el resultado relacionado con la energía más probable de la guerra en Ucrania.
Sverre Alvik
Subrayamos que nuestro pronóstico está sujeto a importantes incertidumbres. Estas se relacionan principalmente con la duración y el desenlace de la propia guerra, así como con la intensidad y la duración de las medidas políticas que aplican los países europeos para mejorar la seguridad y la sostenibilidad energéticas.
Sin embargo, tal como están las cosas, pronosticamos que una pequeña aceleración de la transición energética en Europa es el resultado relacionado con la energía más probable de la guerra en Ucrania. Como ocurrió con la COVID-19, vemos una Europa capaz de afrontar una crisis a corto plazo sin perjudicar su capacidad para hacer frente a la crisis climática a largo plazo.
A escala mundial, el efecto neto de la guerra en la transición energética es menor. El modelo de dinámica de sistemas de DNV capta algunas de las complejidades mundiales emergentes, incluidos los cambios en el comercio de energía y el efecto del encarecimiento de las materias primas. También tiene en cuenta cómo la regionalización y la seguridad energética impulsan un mayor uso del carbón a corto plazo, por ejemplo, en China, y cómo la expansión de las energías renovables se ralentiza debido al encarecimiento de las materias primas y, al mismo tiempo, se acelera por el impulso a la independencia energética.
Comentaremos estos acontecimientos con más detalle en la próxima edición de Energy Transition Outlook 2022, que publicaremos hacia finales de este año.
Referencias:
DNV, 2021, Camino hacia las emisiones netas cero, Energy Transition Outlook, 2021, www.dnv.com/eto
AIE, 2022, Plan de 10 puntos para reducir la dependencia de la Unión Europea del gas ruso, https://www.iea.org/reports/a-10-point-plan-to-reduce-the-european-unions-reliance-on-russian-natural-gas
Recharge, 2022, Alemania y Noruega estudian un gasoducto para importar grandes cantidades de hidrógeno tras la guerra rusa, https://www.rechargenews.com/energy-transition/germany-and-norway-mull-pipeline-for-massive-hydrogen-imports-in-wake-of-russian-war/2-1-118619
