El mundo consume cada vez más energía en forma de electricidad a medida que las poblaciones se urbanizan y los estilos de vida y la tecnología evolucionan. Clasificada en quinto lugar a principios de la década de 1970, la electricidad ocupa hoy el segundo lugar, solo por detrás del petróleo.
¿Qué objeción puede hacerse al avance de una energía limpia, segura y de fácil uso, y eje vital de la economía digital moderna?
La verdad es que nuestro suministro eléctrico no es tan limpio. Es la principal fuente de emisiones de gases de efecto invernadero. Nuestra creciente demanda de electricidad acelerará el cambio climático a menos que reinventemos el sistema de suministro eléctrico de principio a fin, desde la forma en que se genera la energía hasta la forma en que se distribuye y utiliza.
Generación con bajas emisiones de carbono
En primer lugar, debemos generar energía con las menores emisiones posibles. La preocupación por el cambio climático ha impulsado el desarrollo de fuentes de energía renovables para reducir la contaminación derivada de la quema de combustibles fósiles. Sin embargo, la naturaleza intermitente de la energía solar y eólica puede provocar fluctuaciones potencialmente bruscas en la cantidad de electricidad que generan, lo que explica en parte que todavía representen menos del 5 % de la capacidad mundial de generación de energía eléctrica.
Ampliar el suministro de energía renovable exigirá, por tanto, centrarse en la integración de flujos de energía impredecibles procedentes de multitud de nuevas plantas. La clave para ello es el despliegue de tecnologías «inteligentes» que recopilan, transmiten, almacenan y analizan datos críticos de miles de puntos de la red, lo que permite la gestión en tiempo real de las redes de transmisión, las redes de distribución, las centrales eléctricas y los sistemas de comercio de energía.
Distribución con pérdidas reducidas
En segundo lugar, la electricidad debe llegar al consumidor con pérdidas mínimas. Las mejores fuentes de energía renovable, como los emplazamientos eólicos marinos, los desiertos soleados y los valles escarpados, suelen estar lejos de las ciudades e industrias que necesitan la energía. Con la tecnología convencional, se disipa demasiada energía en forma de calor a lo largo de distancias muy largas como para que la integración de estas fuentes resulte económicamente viable.
Sin embargo, la innovación tecnológica, impulsada por la necesidad de afrontar el desafío climático, está generando ahora soluciones viables. El facilitador para transportar electricidad a larga distancia ha sido la tecnología de corriente continua de alta tensión (HVDC), desarrollada hace 60 años y que, a lo largo de las décadas, se ha vuelto progresivamente más potente y eficiente. Se requerirán más corredores de transmisión que utilicen esta tecnología antes de poder aprovechar la energía renovable a una escala realmente grande.
Consumo eficiente
En tercer lugar, para lograr un sistema eléctrico verdaderamente sostenible, también debemos reducir el consumo utilizando la energía de forma más eficiente. El potencial de la eficiencia energética para aliviar la presión sobre la red es inmenso. Un informe reciente de la Comisión Europea concluyó que las normas de eficiencia más estrictas vigentes actualmente, si se aplicaran a escala mundial, reducirían el consumo eléctrico en un 9 %.
En resumen, la tecnología existente puede garantizar que nuestra electricidad se genere con las menores emisiones posibles, llegue al consumidor con pérdidas mínimas y se utilice de forma eficiente. Lo que se necesita para llevar nuestro suministro energético al siguiente nivel es un marco normativo que fomente la inversión en generación de energía renovable, en tecnologías que aumenten la fiabilidad y la resiliencia del sistema eléctrico, y en equipos que reduzcan el consumo energético.
El autor es uno de los 78 firmantes de una carta abierta de directores ejecutivos dirigida a los líderes mundiales para instar a la acción climática.
Autor: Dr Ulrich Spiesshofer es presidente y consejero delegado de ABB Ltd
Imagen: Una torre perteneciente a la planta solar de Abengoa se observa en el parque solar «Solucar», en Sanlucar la Mayor, cerca de la capital andaluza, Sevilla, en el sur de España, el 25 de noviembre de 2015. REUTERS/Marcelo del Pozo

