Con acceso a la electricidad solo de forma esporádica, cocinar y lavar la ropa suponía un desafío diario para los miles de refugiados que vivían en el campo de refugiados de Azraq, en Jordania. Afrontar los extremos de calor y frío del desierto era un problema constante; incluso ir al baño por la noche planteaba un problema de seguridad para las mujeres y los niños.
Ahora, una planta de energía solar proporciona electricidad fiable y gratuita a 20.000 refugiados que viven en 5.000 de los refugios de Arzaq. La planta de dos megavatios permitirá que miles de familias desplazadas por la guerra de Siria puedan tener una nevera, un ventilador y un televisor, y cargar fácilmente sus teléfonos para mantenerse en contacto con familiares y amigos.
La planta, financiada por la Fundación Ikea, es la primera del mundo construida en un campo de refugiados y suministrará energía gratuita a sus residentes. Hasta este año, el campo no tenía electricidad, por lo que los hogares dependían de las lámparas solares que se les entregaban a su llegada y del alumbrado público instalado en uno de los dos poblados del campo.

Asequible y sostenible
Dado que la electricidad es un bien caro en Jordania, al adoptar la energía verde, la Agencia de la ONU para los Refugiados logrará un ahorro inmediato de 1,5 millones de dólares al año. Tiene previsto reinvertir ese ahorro en otras áreas que necesiten ayuda.
Con planes para ampliar más adelante la planta fotovoltaica de dos a cinco megavatios, pronto cubrirá todas las necesidades energéticas de los 36.000 residentes de Azraq.

Además de proporcionar una fuente de energía limpia, la planta también ha generado ingresos para 50 refugiados, que ayudaron a construir el parque solar junto con la empresa solar jordana Mustakbal. Algunos de estos refugiados también se encargarán de las tareas de mantenimiento en el futuro.
Desde 2011, 5 millones de personas han huido de Siria hacia Líbano, Turquía y Jordania. Se estima que hay 6,3 millones de sirios desplazados dentro del país.
Una idea brillante
Con un coste de 8,75 millones de euros, el parque solar ha sido financiado íntegramente por la campaña «Vidas más brillantes para los refugiados» de la Fundación Ikea, que ha recaudado 30,8 millones de euros para proyectos de ACNUR en Asia, África y Oriente Medio. La Fundación Ikea donó 1 euro a ACNUR por cada bombilla LED vendida durante la campaña, con el objetivo de proporcionar energía renovable y educación a los refugiados.
Entre los otros proyectos financiados por la Fundación se cuentan 22 plantas de biogás en Bangladesh, que procesan el 15 % de los desechos humanos para generar combustible limpio para cocinar. También ha contribuido a formar a 740 docentes en Bangladesh, Chad y Etiopía, e incorporar a 37.000 niños refugiados a la enseñanza primaria.


