Una transición energética exitosa exige un nuevo enfoque pragmático que permita suministrar energía asequible, segura y más sostenible.
Se espera que el petróleo y el gas desempeñen un papel importante en la combinación energética mundial, por lo que la prioridad debe ser reducir las emisiones de las fuentes de energía convencionales, no simplemente sustituirlas.
Las tecnologías emergentes y el aumento de la demanda de energía ofrecen nuevas oportunidades de inversión.
La transición energética mundial ha llegado a un punto crítico. Cada vez observamos más una revisión de los objetivos de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), a medida que más países atraviesan períodos de crecimiento económico y aumento de la demanda de energía.
Como las fuentes de energía alternativas aún no han desplazado a gran escala a las convencionales, está claro que se necesitan vías más diversas y pragmáticas para mitigar las emisiones de GEI, especialmente porque se prevé que la demanda de energía siga aumentando.
Hasta ahora, el relato sobre la transición se ha centrado en gran medida en eliminar progresivamente los hidrocarburos, sin prestar mucha atención al impacto que esto tendría en amplios sectores de la población mundial, para quienes la asequibilidad y la fiabilidad de la energía son esenciales.
En cambio, la prioridad debe ser reducir las emisiones de GEI como parte de una transición multidimensional que incluya inversiones en nuevas tecnologías y el reconocimiento colectivo del papel crucial que el petróleo y el gas seguirán desempeñando.
Conciliar la transición energética con el desarrollo
Los países deben tener la oportunidad de desarrollar sus recursos naturales de manera sostenible sin comprometer el acceso a la energía, su asequibilidad ni su fiabilidad. Por eso es crucial adoptar un enfoque independiente de la tecnología, en el que los hidrocarburos coexistan con soluciones alternativas como las energías renovables y el hidrógeno, sobre todo porque observamos que el paradigma de la demanda energética se desplaza hacia los países emergentes y en desarrollo.
En este contexto, las políticas mundiales de transición deben ser más adaptables y no puede haber un enfoque único para todos. Un planteamiento generalizado podría limitar gravemente la competitividad de los países con menor grado de desarrollo económico.
Los países del Sur Global, tantas veces ignorados en el debate sobre el cambio climático, deben tener voz, especialmente porque representan el 63% de la demanda mundial de energía. En lo que va de año, los países en desarrollo han contribuido a impulsar un sólido crecimiento de la demanda de petróleo de más de dos millones de barriles diarios, y toda transición debe responder a sus necesidades.
La importancia constante de los hidrocarburos queda patente en el hecho de que su participación en la combinación energética mundial apenas ha disminuido en el siglo XXI, del 83% al 80%, pese a la inversión en nuevas tecnologías energéticas. Con el aumento del consumo de energía, los indicios de crecimiento de la demanda en el sector petroquímico y el papel de los hidrocarburos en la cadena de valor de las tecnologías con bajas emisiones de carbono, las perspectivas para el petróleo y el gas siguen siendo sólidas.
Los hidrocarburos también desempeñan un papel importante para facilitar la transición de los materiales. Son una materia prima fundamental para fabricar equipos de energía renovable y productos que pueden utilizarse en otros sectores, como la construcción y el transporte, donde pueden contribuir a reducir las emisiones de GEI al sustituir materiales convencionales con altas emisiones de carbono.
¿Cómo facilita el Foro Económico Mundial la transición hacia la energía limpia?
El Centro de Energía y Materiales conecta a líderes para comprender las complejas transiciones que están transformando los sistemas energéticos, de materiales e industriales. Ofrece una plataforma para explorar cómo se entrelazan la seguridad energética, la asequibilidad y la sostenibilidad.
Mediante la colaboración entre cadenas de valor y regiones, el Centro facilita vías compartidas que ayudan a sus socios a converger en torno a soluciones prácticas para una transición segura, con bajas emisiones de carbono y equitativa.
Oportunidades de inversión
El crecimiento previsto de la demanda de energía representa una oportunidad para invertir en soluciones asequibles y más sostenibles, respaldadas por mecanismos normativos sólidos. Aunque las alternativas forman parte de la solución, históricamente el capital privado ha mostrado un apetito limitado por invertir en tecnologías como la captura y el almacenamiento de carbono (CCS), el hidrógeno y el almacenamiento de energía. Esto podría cambiar, pero para ello será necesario aumentar la concienciación y compartir conocimientos que permitan comprender mejor los posibles riesgos de inversión y los costes de capital.
Al mismo tiempo, las inversiones en proyectos de petróleo y gas siguen siendo cruciales, especialmente dadas las oportunidades que ofrecen tecnologías emergentes como la CCS para abordar las emisiones de GEI asociadas. Intentar sustituir el petróleo y el gas por alternativas demasiado rápido podría, de hecho, ser contraproducente para reducir las emisiones de GEI; por ejemplo, si obliga a depender de nuevo del carbón.
En Aramco, estamos explorando varias opciones, entre ellas más que duplicar el tamaño de nuestro programa de capital riesgo hasta alcanzar los 7.500 millones de dólares en enero, con el objetivo de impulsar empresas emergentes innovadoras y nuevas tecnologías disruptivas, y respaldar nuestros propios esfuerzos para reducir las emisiones de GEI.
Los instrumentos fiscales que vinculan el apoyo financiero con las cadenas de valor industriales también pueden ayudar a las economías a aprovechar oportunidades y ofrecer certidumbre para las inversiones. La creación de acuerdos a largo plazo es otro factor que podría favorecer la adopción de tecnologías como el hidrógeno con bajas emisiones de carbono, un ámbito en el que vemos importantes oportunidades.
Sin embargo, la inversión en la transición energética no está vinculada únicamente a los mecanismos de mercado. La infraestructura también es clave, y ambas deben avanzar de la mano: siempre que sea posible, los nuevos proyectos deben aprovechar la infraestructura existente.
Soluciones con menos emisiones
En definitiva, no es posible satisfacer las crecientes necesidades energéticas del mundo y alcanzar las ambiciones de cero emisiones netas sin hidrocarburos. El sector no solo contribuye a impulsar la economía mundial, sino que también posee los conocimientos, la experiencia, los recursos y la escala necesarios para hacerla avanzar.
En Aramco, nuestra cartera ya está evolucionando para incluir productos energéticos con menos emisiones de carbono, como el hidrógeno azul y el amoníaco azul, las energías renovables y los combustibles sintéticos con menos emisiones de carbono. Al demostrar la viabilidad de las cadenas de suministro de amoníaco azul para transportar hidrógeno, buscamos contribuir a sentar las bases para reducir las emisiones de GEI en industrias pesadas en las que es difícil reducirlas, como la siderurgia y la producción de cemento, cuyos hornos utilizan actualmente carbón o gas, pero podrían utilizar hidrógeno con menos emisiones de carbono en el futuro.
Aproximadamente el 59% del gasto total de Aramco en I+D se destina a I+D relacionada con la sostenibilidad, y estamos explorando nuevas formas de utilizar el CO2 capturado. Esto incluye el curado del cemento, logrado mediante una tecnología que reduce el tiempo de curado, fortalece el hormigón y permite que el cemento absorba alrededor de un 20% de CO2. Esto podría ayudar a mitigar las emisiones de GEI en el sector de la construcción.
En Aramco, nuestra ambición es alcanzar cero emisiones netas de GEI de alcance 1 y alcance 2 en todos nuestros activos de propiedad exclusiva y operados por nosotros para 2050. En 2023, nuestra intensidad de carbono en las operaciones de extracción se mantuvo entre las más bajas del sector, con 10,7 kilogramos de CO2 por barril de petróleo equivalente. Si se replicara en todo el sector, podrían evitarse más de 1,0 gigatoneladas de emisiones de CO2.
También nos centramos en mejorar la eficiencia energética, reducir la quema de gas en nuestras operaciones de extracción y abordar las emisiones de metano, una de las mejores oportunidades a corto plazo para reducir las emisiones de GEI del sector del petróleo y el gas.
En definitiva, la transición energética es un desafío complejo que ninguna industria podrá resolver por sí sola. Requiere colaboración mundial y un esfuerzo colectivo, que debe incluir al sector del petróleo y el gas: uno de los pocos sectores con la escala, la experiencia y el alcance mundial necesarios para marcar la diferencia y seguir suministrando la energía vital que necesita el mundo.


