En solo seis semanas, los líderes mundiales se reunirán en París para negociar un nuevo acuerdo climático global. Hasta la fecha, 150 países han presentado planes que detallan cómo impulsarán sus economías hacia una trayectoria baja en carbono más resiliente. Estos planes representan la primera generación de inversiones que deben realizarse para construir un futuro competitivo sin los peligrosos niveles de emisiones de dióxido de carbono que hoy impulsan el calentamiento global.
La transición hacia un futuro más limpio requerirá tanto la acción gubernamental como los incentivos adecuados para el sector privado. En el centro debería estar una política pública sólida que ponga precio a la contaminación por carbono. Fijar un precio más alto a los combustibles de origen fósil, a la electricidad y a las actividades industriales creará incentivos para el uso de combustibles más limpios, el ahorro de energía y el impulso a inversiones más ecológicas. Medidas como los impuestos y tasas sobre el carbono, los programas de comercio de emisiones y otros mecanismos de fijación de precios, así como la eliminación de subsidios ineficientes, pueden dar a las empresas y los hogares la certidumbre y previsibilidad que necesitan para realizar inversiones a largo plazo en un desarrollo inteligente desde el punto de vista climático.
En el Fondo Monetario Internacional, el foco está en reformar los sistemas fiscales de sus países miembros para recaudar más ingresos mediante impuestos sobre los combustibles intensivos en carbono y menos ingresos por otros impuestos perjudiciales para el desempeño económico, como los impuestos sobre el trabajo y el capital. Fijar un precio al carbono puede significar sistemas tributarios más inteligentes y eficientes, y no impuestos más altos.
Los impuestos sobre el carbono deberían aplicarse de forma integral a las emisiones procedentes de combustibles fósiles. El precio debe ser lo bastante alto para alcanzar objetivos ambientales ambiciosos, en consonancia con las circunstancias nacionales, y debe ser estable para animar a las empresas y los hogares a invertir en tecnologías limpias. La administración de los impuestos sobre el carbono es sencilla y puede apoyarse en los impuestos existentes sobre los combustibles para carreteras, que están bien establecidos en la mayoría de los países.
Fijar un precio al carbono será en el mejor interés de muchos países, debido a los numerosos beneficios ambientales internos. Por ejemplo, la quema de combustibles más limpios ayuda a reducir la contaminación del aire exterior, que, según la Organización Mundial de la Salud, causa unas 3,7 millones de muertes prematuras al año.
Es de vital importancia abordar el impacto de las reformas de los precios de la energía en los grupos vulnerables de todas las sociedades. Por ello, estas reformas deberán acompañarse de ajustes en los sistemas fiscales y en las redes de protección social, entre otras medidas, para garantizar que los más pobres no resulten perjudicados.
El Grupo del Banco Mundial apoya a los países y las empresas en el desarrollo de políticas públicas favorables al clima, en la inversión en mercados de carbono y en la exploración de innovaciones financieras que faciliten la transición hacia una economía baja en carbono. El Grupo aprovecha su experiencia y su alcance mundial para el aprendizaje y el intercambio de conocimientos mediante programas como el Partnership for Market Readiness.
A partir de esa experiencia, hemos elaborado, junto con la OCDE, unos principios iniciales para orientar e inspirar futuros esquemas de fijación de precios del carbono. Basándose en estos principios, los países, las regiones, los estados y las empresas pueden avanzar con mayor rapidez para afrontar el desafío climático que nos afecta a todos. Los principios se basan en la equidad; la coherencia de las políticas y los objetivos; la estabilidad y la previsibilidad; la transparencia; la eficiencia y la rentabilidad; y la fiabilidad e integridad ambiental.
Para ayudar a alcanzar nuestros objetivos climáticos, debemos promover el diálogo sobre las medidas de política necesarias antes y después de la conferencia sobre el cambio climático de París. Por eso anunciamos un “Carbon Pricing Panel”, que reunirá a jefes de Estado, líderes de ciudades y estados, y representantes de las principales empresas para instar a los países y las empresas de todo el mundo a poner precio al carbono.
Estos líderes han dado pasos para poner precio a la contaminación por carbono e impulsar inversiones más ecológicas en sus propios países y regiones. Entre ellos se encuentran la canciller alemana Angela Merkel, la presidenta chilena Michelle Bachelet, el presidente francés François Hollande, el primer ministro etíope Hailemariam Desalegn, el presidente de Filipinas Benigno Aquino III, el presidente mexicano Enrique Peña Nieto, el gobernador Jerry Brown, de California, y el alcalde Eduardo Paes, de Río de Janeiro.
Las políticas de fijación de precios del carbono ya son aplicadas por unos 40 gobiernos nacionales, incluido el de China, el mayor emisor del mundo, así como por 23 ciudades, estados y regiones que ponen precio al carbono. Muchos otros gobiernos también están reformando los precios de la energía, y más de 400 empresas declaran utilizar un precio interno voluntario del carbono. Esto tiene sentido. Las principales empresas deben gestionar eficazmente su exposición al riesgo climático para generar mayores beneficios y garantizar ingresos más estables.
Todas estas acciones son bienvenidas; sin embargo, las consideramos solo pasos iniciales. Junto con los líderes del Carbon Pricing Panel, instamos a los gobiernos a aprovechar el momento —por el bien del planeta y de las generaciones futuras— para poner precio a la contaminación por carbono que refleje el daño ambiental que causa. Estamos dispuestos a apoyar a los gobiernos que actúen. Cuanto más esperemos, más costoso y difícil será para nosotros —y para nuestros hijos y nietos— proteger el planeta.
Este artículo se publica en colaboración con Project Syndicate. La publicación no implica que el Foro Económico Mundial respalde los puntos de vista expresados.
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Autores: Christine Lagarde es directora gerente del Fondo Monetario Internacional. Jim Yong Kim es presidente del Grupo del Banco Mundial.
Imagen: Humo sale a borbotones de las chimeneas. REUTERS/Peter Andrews.
