Pese al impresionante desarrollo económico de los últimos años, África sigue muy rezagada en materia energética: casi dos tercios de sus habitantes carecen de acceso a la electricidad. Aunque llevar más energía a la población es un objetivo importante, ampliar las redes eléctricas resulta caro y lento. Mientras tanto, las opciones sin conexión a la red quizá no basten para satisfacer las necesidades energéticas de la población. Por suerte, hay una tercera alternativa que puede ayudar a cubrir las carencias: las minirredes.
Las minirredes son, en esencia, redes eléctricas locales que suministran electricidad a varios usuarios, ya sean hogares o empresas. Pueden estar conectadas a la red, pero no es necesario. Y, como muestra un nuevo informe del Africa Progress Panel (del que forma parte uno de los autores), y como subraya otro informe del Rocky Mountain Institute, las minirredes son una pieza importante del rompecabezas energético de África.
Las minirredes pueden ofrecer una importante ventaja competitiva frente a la ampliación de la red en zonas rurales y remotas, porque permiten suministrar electricidad más rápidamente y a un coste mucho menor. Como requieren menos inversión de capital que la expansión de la red, puede resultar más fácil obtener financiación para ellas. Así, pueden electrificar comunidades que quizá tendrían que esperar años para conectarse a la red.
Las minirredes también tienen una clara ventaja frente a los sistemas sin conexión a la red: generan más energía. Por ejemplo, la maquinaria agrícola que aumenta la productividad suele necesitar más energía de la que pueden suministrar los sistemas domésticos sin conexión a la red.
Además, las minirredes pueden utilizarse para aumentar la resiliencia de los sistemas eléctricos existentes. Los cortes en la red principal pueden afectar a numerosas empresas y hogares, y puede ser difícil restablecer rápidamente el servicio. Las minirredes pueden garantizar que los consumidores sigan teniendo acceso a la electricidad cuando se interrumpa el suministro de la red.
Pese a estos beneficios, todavía no se ha aprovechado el potencial de las minirredes para ayudar a abordar el desafío energético de África. Su uso se expande más lentamente que en otras regiones del mundo, y en África es más probable que se implementen sistemas sin conexión a la red. Un obstáculo es la falta de modelos comerciales probados y de formas de financiación adecuadas y apropiadas. Otro es que los marcos normativos a menudo no son favorables. Además, muchos promotores y operadores carecen de los conocimientos y la experiencia necesarios.
Las condiciones están dadas para el cambio. Con la agenda de desarrollo sostenible de las Naciones Unidas fijándose como objetivo ambicioso el acceso universal a la energía para 2030, los responsables de formular políticas prestan más atención a la electrificación, y las instituciones de financiación del desarrollo y sus socios ponen más fondos a disposición. Mientras tanto, disminuye el coste de las energías renovables; mejora la eficiencia energética, tanto de los equipos de generación como de las máquinas que reciben el suministro; y las tecnologías digitales innovadoras facilitan la gestión de los servicios eléctricos.
Una solución flexible como las minirredes se adapta bien a este contexto. Actualmente, las minirredes de África funcionan en su mayoría con diésel o energía hidroeléctrica. Sin embargo, pueden adoptar —y cada vez adoptan más— la forma de sistemas solares fotovoltaicos e híbridos; estos últimos son especialmente prometedores. Los sistemas diésel se exponen a interrupciones del suministro de combustible o a aumentos de costes, mientras que la generación de energía renovable puede variar según el tiempo y la estación del año. Los sistemas híbridos que combinan diésel con energía solar o eólica mitigan estos riesgos.
Las minirredes también son flexibles en otros sentidos. Pueden estar conectadas a la red nacional o no. Pueden ser operadas por empresas privadas, compañías eléctricas o comunidades, o gestionarse mediante un modelo público-privado. También pueden vender electricidad a consumidores minoristas, a compañías eléctricas o a ambos.
Entonces, ¿cómo pueden los gobiernos africanos aprovechar el potencial de las minirredes para ampliar el acceso a la energía? Como demuestra la experiencia reciente de Estados Unidos, la adopción temprana de innovaciones técnicas, en particular de herramientas digitales de gestión, podría permitir que los modelos comerciales de minirredes fueran más eficientes en costes. Las nuevas tecnologías incluso podrían permitir que los proveedores de minirredes desarrollaran modelos organizativos completamente nuevos para sistemas eléctricos, más eficaces y resilientes que el enfoque convencional basado en las compañías eléctricas.
La experiencia de Estados Unidos y Asia también subraya la importancia de políticas y regulaciones gubernamentales favorables, incluidos los subsidios de capital. El desafío, por supuesto, será que cada gobierno africano diseñe una estrategia para las minirredes en torno a las opciones y los modelos que funcionen a nivel local. Eso implica fijar tarifas adecuadas y establecer un marco coherente de regulaciones técnicas, financieras y procedimentales. También requiere desarrollar las competencias y capacidades necesarias de la fuerza laboral.
Al desarrollar sus sistemas eléctricos, la mayoría de los países africanos tendrán que considerar y combinar muchos modelos y opciones diferentes. Para muchos, las minirredes pueden desempeñar un papel importante. Si los gobiernos africanos adoptan la diversidad en la forma de generar y distribuir electricidad, podrían proporcionar energía moderna a millones de personas y situar al continente a la vanguardia de una transformación energética mundial.


