Hace poco leí un artículo sobre la red eléctrica del futuro que introducía la idea del «prosumidor»: personas que son a la vez productoras y consumidoras de energía. Hablaba de cómo las personas podrán utilizar microrredes descentralizadas y no depender de la infraestructura de una red centralizada para cubrir sus necesidades energéticas. Pero, si observamos los pueblos de las zonas rurales de India, Bangladesh y África, parece que ya lo están haciendo.
Innovación en el Himalaya
Global Himalayan Expedition, una empresa social india, trabaja para proporcionar acceso a la energía a comunidades montañosas remotas. Está ayudando a los pueblos a dejar atrás el queroseno (la época previa a la Revolución Industrial) y adoptar la tecnología de la Cuarta Revolución Industrial, mediante microrredes descentralizadas que abastecen las casas con la más moderna tecnología de iluminación LED. En comparación con las ciudades, los pueblos están más avanzados tecnológicamente. Al utilizar corriente continua (CC), sus habitantes pueden generar electricidad con un pequeño panel solar y una batería: energía suficiente para alimentar 10 luces LED, una farola, 1 televisor LED, 2 ventiladores y puntos de carga para móviles. Esta carga es inferior a la de una sola lámpara fluorescente encendida en una estación del metro de Nueva York. Esa lámpara ilumina una pequeña zona de la estación, mientras que un habitante del Himalaya ilumina toda su casa —de seis a ocho habitaciones— y las calles de alrededor con el mismo consumo de energía. No se sorprenda si los habitantes dicen que tienen una iluminación más avanzada que la de un neoyorquino.
Con el énfasis en las energías renovables y en una forma más sostenible de satisfacer nuestras necesidades energéticas, la medición neta se presenta como una opción muy viable para promover el uso de energías renovables y de microrredes en entornos urbanos. La medición neta permite inyectar energía en la red si se ha generado a partir de fuentes renovables, lo que hace que el contador eléctrico de la vivienda gire hacia atrás y reduce el gasto en consumo energético. Esto disminuye la presión sobre la infraestructura de la red e incentiva el uso de energías renovables, gracias a las recientes innovaciones solares y a la drástica reducción del coste de generar energía con esta fuente. India ha logrado un precio por vatio de la energía solar inferior al del carbón. ¿Quién habría imaginado eso hace 10 años?

Compartir electricidad mediante la cadena de bloques
Imagine un mundo en el que las viviendas puedan compartir energía entre sí. Si produce energía excedentaria, puede vendérsela a alguien de su localidad que necesite más, quizá porque celebra una fiesta en casa o tiene invitados y necesita más calefacción. Este intercambio de energía revolucionará el sector tal como lo conocemos. Si está de vacaciones, puede vender a toda la comunidad la energía que genera su instalación y ganar dinero mientras está fuera. Parece ciencia ficción, pero aquí es donde la cadena de bloques puede transformar la generación descentralizada de energía. Si todos los miembros de una comunidad están conectados a nivel local, cuando una persona produce más electricidad porque sus paneles solares generan un excedente o porque consume menos en casa, puede vendérsela a un vecino.
Las redes pueden conectarse entre sí en la nube para formar una microrred virtual, con un intercambio de energía en tiempo real que garantiza que la producción local también se consuma localmente. La cadena de bloques permite liquidar las transacciones entre estos consumidores mediante «i-contracts» (contratos inteligentes), que pueden determinar de qué productor compran los clientes la energía excedentaria y qué cantidad compran a cada uno; las transacciones quedan registradas en la cadena de bloques. Esta transacción está disponible para todas las personas de la red de cadena de bloques y garantiza que dos personas distintas no puedan reclamar la misma unidad de energía producida ni la compensación monetaria correspondiente.
Dejando a un lado la cadena de bloques, todo esto ya se está haciendo, a un nivel básico, en los pueblos de Bangladesh. Algunas empresas han instalado nanorredes que permiten a las personas compartir su electricidad con alrededor de una docena de hogares más, algunos de los cuales cuentan con paneles solares. Como los hogares equipados a menudo ni siquiera pueden almacenar toda la energía que producen, mientras que otros carecen por completo de acceso a la electricidad, algunas empresas han ideado una solución que permite a los usuarios revender su energía excedentaria a sus vecinos de forma directa, entre pares. La transacción se realiza mediante pagos desde el móvil y un sistema digital registra las transacciones de una vivienda a otra.
No ponga toda su energía en la misma cesta
Durante los recientes huracanes que afectaron a varios países de todo el mundo, lo primero que se interrumpió en las ciudades fue el suministro eléctrico, porque las redes tradicionales no son resilientes ante fenómenos meteorológicos extremos. Puerto Rico sigue sin electricidad debido al fallo de la red central durante el reciente huracán, que dejó sin suministro a más de 1 millón de residentes. Las microrredes ofrecen una solución mucho mejor porque son sistemas aislados: solo las zonas más afectadas sufrirán cortes de electricidad; el resto de la ciudad puede funcionar con la energía disponible, ya que se genera in situ. También se debate que la próxima guerra no se librará con armas, sino en internet; esto hace que nuestros sistemas de red sean vulnerables a ciberataques capaces de dejar sin electricidad a toda una ciudad o estado. En cambio, las microrredes independientes están protegidas frente a esos ataques y son más resilientes que las redes tradicionales.
De cara al futuro, hace falta un marco regulatorio muy sólido que promueva el uso de microrredes basadas en energías renovables a nivel de los consumidores, reduciendo así la carga del sistema de red central y allanando el camino hacia una generación de energía más sostenible. La relación entre la microrred y la red pública debe definirse claramente; esta última debe tener en cuenta cuánta energía se genera a nivel de las microrredes para planificar la generación energética en consecuencia. Para que todos salgan ganando, es necesario un enfoque que involucre a múltiples partes interesadas; de lo contrario, se librará una batalla estéril entre las microrredes y las redes públicas en la que nadie saldrá beneficiado.
Ningún aspecto de la Cuarta Revolución Industrial debería estar más dirigido por las personas y centrado en ellas que el futuro de la energía. El acceso a la energía puede empoderar a las personas para hacer lo inconcebible; constituye la base de la pirámide sobre la que pueden construirse otros pilares, como la educación, la salud y el empleo. Proporciona la dignidad humana básica de poder ver los alimentos que se comen durante la noche. La buena noticia es que todos los avances logrados en el ámbito de la energía no harán sino acelerar nuestra misión de erradicar la pobreza energética en el mundo y reducir a cero los 1.000 millones de personas que carecen de acceso. Vivimos en un mundo digital y nuestro objetivo es que nadie carezca de acceso a este recurso básico.


