The Oceanbird: la empresa sueca desarrolla el mayor buque de carga impulsado por el viento

A mock-up illustration of an Oceanbird wind-powered cargo ship.
The Oceanbird will be 200 metres long with capacity to carry 7,000 cars.Image: Oceanbird/Wallenius Marine
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  • Una empresa sueca está desarrollando un buque de carga de 200 metros de largo que será impulsado por el viento.

  • El buque contará con un motor como respaldo, pero su objetivo es reducir un 90 % las emisiones de carbono en comparación con un buque convencional.

  • Se espera que el buque cueste más que un transportador de coches convencional, pero se prevé que los costes de operación sean menores.

Dos siglos después de que los primeros vapores de carbón cruzaran el océano Atlántico, una empresa sueca diseña un futurista regreso al pasado: un enorme buque de carga impulsado por el viento que podría ayudar a poner fin a la era de los combustibles fósiles y limitar el cambio climático.

El transporte marítimo representó el 2,9 % de los gases de efecto invernadero de origen humano en 2018, y la proporción de las emisiones del sector que calientan el planeta ha aumentado en los últimos años, según la Organización Marítima Internacional de la ONU.

Una solución podría ser retroceder el reloj hasta la época preindustrial y volver a izar velas para transportar mercancías por todo el mundo.

Wallenius Marine AB, empresa sueca que diseña y construye buques, está probando actualmente un elegante modelo blanco de un "Oceanbird" transportador de automóviles en una bahía del mar Báltico.

Per Tunell, director de operaciones de Wallenius, afirmó que los resultados del modelo de siete metros son alentadores y que se mostró "muy seguro" de que el Oceanbird a escala real estará listo para pedidos a finales del próximo año.

El buque de propulsión vélica podría entrar en servicio en 2024 en las rutas del Atlántico, según indicó.

El Oceanbird medirá 200 metros de largo y tendrá capacidad para transportar 7000 coches. Podría ser el buque de vela más alto jamás construido, equipado con velas de ala que alcanzan los 105 metros sobre el agua.

Sin embargo, las velas se parecen poco a las tradicionales velas de tela hinchadas, y más bien se asemejan a alas de avión que se elevan verticalmente desde la cubierta.

La embarcación contará con motores como respaldo, pero su objetivo es reducir un 90 % las emisiones de carbono en comparación con un buque convencional que funcione con fuel contaminante.

El Oceanbird tardará unos 12 días en cruzar el Atlántico, frente a los ocho de un buque de propulsión por combustible.

El diseño "también podría aplicarse a un buque de crucero, un granelero o un petrolero", afirmó Tunell. "Una de las condiciones clave es que sea viable desde el punto de vista comercial."

El Oceanbird probablemente costaría algo más que un transportador de coches convencional, indicó, aunque se negó a estimar el precio exacto.

Pero los costes de operación serían menores, especialmente si los gobiernos que intentan frenar las emisiones que provocan el cambio climático imponen un precio a las emisiones de carbono derivadas del uso de combustible.

El Oceanbird no es el único aspirante emergente en la carrera del transporte marítimo bajo en carbono.

Neoline, de Francia, busca pedidos para un buque más pequeño de 136 metros, también apto para transportar coches o maquinaria agrícola.

Al igual que el Oceanbird, calcula que su buque de carga podría reducir las emisiones un 90 %.

El buque de tamaño real medirá alrededor de 200 metros de largoImage: Oceanbird/Wallenius Marine

Alta tecnología, bajas emisiones

Este tipo de buques de carga supondría una revolución marítima. Hasta ahora, la mayoría de las empresas que intentan reducir las emisiones han considerado las velas como un complemento para reducir el consumo de combustible, y no como la principal fuente de propulsión.

Sin embargo, nuevas tecnologías, como las velas de ala y los materiales más resistentes y ligeros inspirados en los yates de regata de la Copa América, podrían permitir un cambio más completo hacia el viento.

Además, las previsiones meteorológicas a largo plazo, más fiables, permiten planificar mejor las rutas para evitar tormentas o calmas chichas.

"Tiene sentido aprovechar esta energía eólica histórica, pero también las nuevas tecnologías", afirmó Jean Zanuttini, consejero delegado de Neoline.

Según indicó, se están llevando a cabo negociaciones sobre posibles contratos y acuerdos con astilleros, y es probable que el primer buque "Neoliner" entre en servicio en julio de 2023, con un coste de entre 45 y 50 millones de euros (54-60 millones de dólares).

Entre los socios para el diseño y el uso del buque figura el fabricante de automóviles Renault, según señaló.

Una "decisión obvia"

Entre los primeros buques de vapor de travesía oceánica, el SS Savannah tardó 29 días en cruzar el Atlántico desde el estado estadounidense de Georgia hasta Liverpool, en Inglaterra, en 1819. Sus ruedas de paletas laterales, que complementaban las velas, eran su principal fuente de energía.

Más tarde, el SS Royal William cruzó el Atlántico desde Pictou, en Canadá, hasta Londres en 1833, dependiendo casi por completo de la energía de vapor generada con carbón.

Muchas empresas navieras que intentan reducir las emisiones buscan un impulso de velas, cometas o rotores Flettner, unos tubos altos y giratorios que ayudan a impulsar el buque hacia delante de forma similar a como las alas de un avión proporcionan sustentación.

Norsepower, con sede en Helsinki, que ha instalado este tipo de rotores en buques de carga y de crucero, afirma que suelen reducir el consumo de combustible entre un 5 % y un 20 %.

Diane Gilpin, directora de la Alianza para el Transporte Marítimo Verde Inteligente en Gran Bretaña, afirmó que los buques impulsados por el viento resultan atractivos sobre el papel y que las velas son una "decisión obvia" para luchar contra el cambio climático.

Hace casi una década, dirigió una empresa que diseñó un "buque de carga 100 % impulsado por energías renovables", con velas y un motor que utilizaba biogás procedente de residuos municipales. Las pruebas de un modelo tuvieron éxito, pero no se ha construido.

"El mayor reto es lograr la adopción por parte del mercado. A todo el mundo le encantan las imágenes, a todo el mundo le encanta la historia. Pero nadie pone el dinero", afirmó.

Aun así, la Organización Marítima Internacional ha declarado que pretende reducir a la mitad las emisiones del transporte marítimo que provocan el cambio climático para 2050, con respecto a los niveles de 2008, indicó.

Esto significa que cualquier buque encargado hoy, con una vida útil prevista de 30 años, tendrá que contaminar mucho menos.

Dado que más de la mitad de los costes de travesía de un buque proceden del combustible, Gilpin afirmó que los gobiernos podrían impulsar un cambio hacia el sector verde imponiendo al transporte marítimo un precio por las emisiones de carbono de quizá 50 dólares por tonelada.

Entre los inconvenientes de los buques impulsados por el viento está el hecho de que los puertos operan con plazos estrictos, lo que significa que un día adicional inesperado en alta mar puede implicar perder una franja horaria para descargar la mercancía en el puerto y sufrir retrasos largos y costosos.

Tanto el Oceanbird como el Neoliner prevén utilizar motores, alimentados por combustibles fósiles o biocombustibles, para cumplir los horarios si los vientos de los que dependen se calman durante la travesía. Sin embargo, Tunell afirmó que los motores y los depósitos de combustible serían más pequeños que en una embarcación comparable.

"La mayoría de las demás empresas se centran en la asistencia del viento. Nosotros nos centramos en la energía eólica. Esto es un buque de vela", afirmó Tunell. Jakob Kuttenkeuler, catedrático del Centro Sueco de Arquitectura Naval del KTH, que dirige las pruebas del Oceanbird, indicó que uno de los interrogantes de la investigación es cómo cambiarán los vientos cuando las velas alcancen nuevas alturas sobre la superficie del mar.

Las velas de ala del Oceanbird, que probablemente se construirán con aluminio, acero y materiales compuestos, se alzarán desde una cubierta situada a 35 metros sobre el agua, alcanzando los 105 metros (345 pies) sobre el nivel del mar.

La mayoría de los navegantes han aprendido a gestionar los vientos más cercanos a la línea de flotación, donde las olas provocan turbulencias en el aire.

"No son muchas las personas que han aprovechado esta parte de la atmósfera en mar abierto. Los aviones vuelan más alto y los barcos, más bajo", afirmó.

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