Los precios de la energía se han disparado a nivel mundial, pero ¿se mantendrán en los niveles actuales?
Si los precios de la energía se mantienen en los niveles actuales, el valor de la producción mundial de combustibles fósiles como porcentaje del PIB aumentaría este año del 4,1 % al 4,7 %.
Los gobiernos y los bancos pueden trabajar para apoyar a las comunidades y a las personas que podrían no poder hacer frente al aumento de los precios de la energía.
El fuerte aumento de los precios del gas natural se extiende por los mercados energéticos mundiales y por otros sectores económicos, desde las fábricas hasta las empresas de servicios públicos.
Una combinación sin precedentes de factores está sacudiendo los mercados energéticos mundiales, lo que evoca los recuerdos de la crisis energética de los años setenta y complica las ya inciertas perspectivas de inflación y de la economía mundial.
"Los mercados de futuros indican que es probable que los precios se moderen en los próximos meses."
Los precios al contado del gas natural se han más que cuadruplicado hasta alcanzar niveles récord en Europa y Asia, y la persistencia y la dimensión global de estos repuntes de precios no tienen precedentes. Normalmente, estos movimientos son estacionales y localizados. Los precios asiáticos, por ejemplo, registraron un aumento similar el año pasado, pero no se extendieron con un aumento similar asociado en Europa.
Nuestra previsión es que estos precios volverán a niveles más normales a principios del próximo año, cuando disminuya la demanda de calefacción y los suministros se ajusten. Sin embargo, si los precios se mantienen tan altos como hasta ahora, esto podría comenzar a lastrar el crecimiento mundial.
Mientras tanto, se están sintiendo efectos de arrastre en los mercados del carbón y del petróleo. Los precios del crudo Brent, el referente mundial, alcanzaron recientemente un máximo de siete años, por encima de 85 dólares por barril, ya que más compradores buscaron alternativas para la calefacción y la generación de energía en un contexto de suministros ya escasos. El carbón, el sustituto más cercano, tiene una gran demanda a medida que las centrales eléctricas recurren cada vez más a él. Esto ha llevado los precios al nivel más alto desde 2001 e impulsado el aumento de los costos de los permisos de emisión de carbono en Europa.
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Caída, auge y oferta insuficiente
En este contexto, conviene remontarse al inicio de la pandemia, cuando las restricciones paralizaron numerosas actividades en la economía mundial. Esto provocó un colapso del consumo de energía, lo que llevó a las empresas energéticas a recortar drásticamente sus inversiones. Sin embargo, el consumo de gas natural se recuperó rápidamente, impulsado por la producción industrial, que representa alrededor del 20 % del consumo final de gas natural, lo que incrementó la demanda en un momento en que los suministros eran relativamente bajos.
De hecho, la oferta de energía ha reaccionado lentamente a las señales de precios debido a la escasez de mano de obra, a la acumulación de trabajos de mantenimiento, a los plazos más largos para nuevos proyectos y al escaso interés de los inversores en las empresas de combustibles fósiles. La producción de gas natural en Estados Unidos, por ejemplo, sigue por debajo de los niveles previos a la crisis. La producción en los Países Bajos y Noruega también ha disminuido. Y el mayor proveedor de Europa, Rusia, ha ralentizado recientemente sus envíos al continente.
El clima también ha agravado los desequilibrios del mercado del gas. Los intensos fríos invernales y el calor estival del hemisferio norte impulsaron la demanda de calefacción y refrigeración. Mientras tanto, la generación de energía renovable se ha reducido en Estados Unidos y Brasil por las sequías, que frenaron la producción hidroeléctrica al bajar los niveles de los embalses, y en el norte de Europa por una generación eólica inferior a la media este verano y otoño.
Suministros e inventarios de carbón
Si bien el carbón puede ayudar a compensar la escasez de gas natural, parte de esos suministros también se ha visto alterada. Factores logísticos y relacionados con el clima han paralizado la producción desde Australia hasta Sudáfrica, mientras que la producción de carbón en China, el mayor productor y consumidor del mundo, ha disminuido debido a los objetivos de emisiones que desincentivan el uso y la producción de carbón en favor de las energías renovables o del gas.
De hecho, las reservas de carbón de China se encuentran en mínimos históricos, lo que aumenta el riesgo de déficit de suministro de combustibles para las centrales eléctricas durante el invierno. Y en Europa, las reservas de gas natural están por debajo de la media antes del invierno, lo que añade el riesgo de nuevos aumentos de precios, ya que las empresas de servicios públicos compiten por recursos escasos antes de la llegada del frío.
Precios de la energía e inflación
Los precios del carbón y del gas natural tienden a tener un efecto menor en los precios al consumidor que el petróleo, porque las facturas domésticas de electricidad y gas natural suelen estar reguladas y sus precios son más rígidos. Aun así, en el sector industrial, el encarecimiento del gas natural afecta a los productores que dependen de este combustible para fabricar productos químicos o fertilizantes. Estas dinámicas son especialmente preocupantes, ya que afectan a unas perspectivas de inflación ya inciertas en un contexto de interrupciones en las cadenas de suministro, aumento de los precios de los alimentos y una demanda más firme.
Si los precios de la energía se mantienen en los niveles actuales, el valor de la producción mundial de combustibles fósiles como porcentaje del producto interno bruto este año aumentaría del 4,1 por ciento (estimado en nuestra proyección de julio proyección) al 4,7 por ciento. El próximo año, la proporción podría llegar hasta el 4,8 por ciento, frente al 3,75 por ciento previsto en julio. Suponiendo que la mitad de este aumento de costos del petróleo, el gas y el carbón se deba a una reducción de la oferta, esto supondría una reducción de 0,3 puntos porcentuales en el crecimiento económico mundial este año y de unos 0,5 puntos porcentuales el próximo año.
Los precios de la energía se normalizarán el próximo año
Si bien las interrupciones del suministro y las presiones sobre los precios plantean desafíos sin precedentes para un mundo que ya lucha por una recuperación desigual tras la pandemia, el lado positivo para los responsables de políticas es que la situación no es comparable con la crisis energética de principios de los años setenta.
En aquel entonces, los precios del petróleo se cuadruplicaron, lo que afectó directamente al poder adquisitivo de los hogares y de las empresas y, finalmente, provocó una recesión mundial. Casi medio siglo después, dado el papel menos dominante que desempeñan el carbón y el gas natural en la economía mundial, los precios de la energía tendrían que subir mucho más para provocar un shock tan drástico.
Además, esperamos que los precios del gas natural se normalicen en el segundo trimestre, a medida que el fin del invierno en Europa y Asia alivie las presiones estacionales, como también indican los mercados de futuros. Es probable que los precios del carbón y del petróleo crudo también disminuyan. Sin embargo, la incertidumbre sigue siendo elevada y pequeños shocks de demanda podrían desencadenar nuevos repuntes de precios.
Decisiones de política difíciles
Esto significa que los bancos centrales deberían pasar por alto las presiones sobre los precios derivadas de shocks transitorios de oferta energética, pero también estar preparados para actuar antes —especialmente los que tienen marcos monetarios más débiles— si se materializan riesgos concretos de desanclaje de las expectativas de inflación.
Los gobiernos deberían actuar para evitar cortes de suministro eléctrico ante la reducción de la generación por parte de las empresas de servicios públicos si esta se vuelve no rentable. Los apagones, en particular en China, podrían afectar a la actividad química, siderúrgica y manufacturera, sumándose a las interrupciones de las cadenas de suministro mundiales durante una temporada alta de ventas de bienes de consumo. Por último, dado que el aumento de las facturas de servicios públicos es regresivo, el apoyo a los hogares de bajos ingresos puede ayudar a mitigar el impacto del shock energético en las poblaciones más vulnerables.




