La mayoría de las economías del Sudeste Asiático han duplicado su tamaño desde 2000.
Pero un nuevo informe afirma que su seguridad energética está en riesgo si no desarrollan más energía renovable.
Estas naciones también deben actuar con urgencia para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero, después de haber dependido del carbón para impulsar su crecimiento económico.
Hoy en día es poco habitual leer sobre crecimiento económico, pero la mayoría de los países del Sudeste Asiático han visto cómo sus economías duplicaban su tamaño desde 2000.
Sin embargo, este crecimiento ha sido tan rápido que ahora amenaza con superar la capacidad de la región para abastecerse de energía, según un nuevo informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).
La generación eléctrica de la región casi se ha triplicado en las últimas dos décadas para seguir el ritmo del crecimiento económico, y el mayor aumento provino de las centrales eléctricas de carbón, según Perspectivas energéticas del Sudeste Asiático 2022. El aumento del nivel de vida ha triplicado el número de aparatos de aire acondicionado durante el mismo período.
También se han triplicado la longitud de las carreteras pavimentadas y el número de vehículos que circulan por ellas. Mientras tanto, la proporción de la población con acceso a la electricidad pasó del 60% en 2000 al 95% en 2020.
Primero la COVID-19 y ahora las turbulencias en los mercados mundiales del petróleo y el gas causadas por la invasión rusa de Ucrania han perjudicado las perspectivas energéticas y económicas del Sudeste Asiático.
Los gobiernos de todo el Sudeste Asiático se han comprometido a reducir su dependencia de los combustibles fósiles y han fijado objetivos para avanzar hacia la neutralidad de carbono. Pero la AIE afirma que es poco probable que estos países alcancen esos objetivos con sus políticas actuales.
La demanda de energía en el Sudeste Asiático ha aumentado una media del 3% anual desde 2000, una tendencia que continuará a medida que el crecimiento económico se recupere tras la pandemia. Sin embargo, según la AIE, es probable que los combustibles fósiles cubran tres cuartas partes de esta nueva demanda, lo que aumentaría las emisiones de CO2 en un tercio.
Aunque la región importa la mayor parte de su petróleo de Oriente Medio y África, las turbulencias del mercado causadas por la guerra de Rusia contra Ucrania han «puesto de relieve las vulnerabilidades de los países del Sudeste Asiático en materia de seguridad energética», afirma el informe.
Solución de energía limpia
La transición a la energía limpia ofrecerá una solución a largo plazo al fuerte aumento de los precios del petróleo y el gas, afirma la AIE. Sin embargo, advierte que los costos de la energía aumentarán a corto plazo en varios países del Sudeste Asiático, ya que necesitan incrementar sus reservas de combustibles fósiles para protegerse frente a interrupciones del suministro.
En los últimos años, solo alrededor del 40% de la inversión energética de la región se ha destinado a las energías renovables. Esa proporción debe aumentar considerablemente para ayudar a mantener el aumento de la temperatura mundial por debajo de 2 °C, afirma la AIE, que calcula que estas naciones tendrán que invertir 190.000 millones de dólares al año de aquí a 2030 en capacidad solar y eólica y en mejorar las redes energéticas.
La regulación impredecible y las restricciones a la inversión extranjera directa están frenando la inversión del sector privado, añade el informe. Según este, la energía solar en Indonesia sería un 40% más barata si sus riesgos de inversión y financiación fueran comparables a los de las economías avanzadas.
Los contratos con los generadores de electricidad también deben ser más flexibles para reflejar la naturaleza variable de la generación renovable, afirma el informe. En algunos países, actualmente se paga a las centrales eléctricas tanto si se necesita su electricidad como si no.
Reducción de las emisiones
La región también podría reducir sus emisiones a corto plazo si aumentara el uso de biocombustibles de bajas emisiones y de tecnología de captura de carbono, afirma la AIE. Incluso pasar del carbón al gas natural reduciría las emisiones un 30% para 2050 en comparación con las políticas actuales.
«Los avances han sido especialmente notables en el acceso a la energía y la seguridad energética», afirma el informe. «Sin embargo, abundan los desafíos de cara a la próxima década. La demanda de energía per cápita ha crecido un 18% en la última década y se prevé que se duplique para 2050».
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