En un reciente viaje de campo al norte de Bangladesh, me llamó la atención la sonrisa de Habibur, un joven que trabajaba en un arrozal bajo el sol abrasador. Habibur, de 28 años, parecía contento en medio de la amplia panorámica verde de los campos.
Supe que su vida no había sido fácil. Su padre murió cuando Habibur tenía unos cuatro años y la familia no tenía tierras. Su joven madre viuda empezó a trabajar como jornalera para criar a su único hijo. Habibur también empezó a trabajar a mediados de la adolescencia. Madre e hijo pasaron dificultades, pero lograron ahorrar algo de dinero. Primero compraron una vaca y, más adelante, Habibur arrendó tierras para cultivar arroz. Esta es una práctica común en las zonas rurales de Bangladesh, donde la cosecha se divide entre el agricultor y el propietario de la tierra.
Aun así, la vida era dura. Para cultivar arroz, el riego oportuno es vital: incluso un día de retraso puede afectar gravemente la calidad y el rendimiento de los cultivos. Habibur y otros agricultores de su aldea dependían de costosos generadores diésel para el riego. Acceder a ellos era todo un desafío. A veces, Habibur tenía que pasar días en el bazar local para conseguir las bombas. Además del alquiler, debía pagar el transporte y el combustible diésel. A menudo, el precio del diésel se disparaba en el mercado local y tenía que pagar más que la tarifa aprobada por el Gobierno. Tenía que transportar el generador hasta el campo y sumergirse en el barro para poner en funcionamiento la bomba diésel. Los agricultores debían quedarse en el campo día y noche para vigilar la bomba y garantizar el riego.

En octubre de 2015, el riego con energía solar llegó a la localidad de Habibur. La bomba solar situada cerca de sus tierras ahora cubre unas 12 hectáreas y proporciona 500.000 litros de agua al día. Habibur y otros 28 agricultores comparten el costo de una sola bomba de riego que abastece de agua sus campos. El costo del riego se ha reducido casi a la mitad.
Pero el verdadero beneficio va mucho más allá. Las bombas solares de riego están mejorando la calidad de vida de los agricultores de Bangladesh. Ahora disponen de más tiempo libre para otras actividades productivas. Para regar, Habibur solo avisa al encargado de la bomba solar y el agua llega a todo su campo. Han quedado atrás los días de incertidumbre y arduo trabajo para garantizar el suministro de agua. Ahora solo revisa el campo dos veces al día para asegurarse de que se riegue, cuando va a recoger hierba para sus vacas. Con lo que ha ahorrado, ha comprado más vacas y tiene tiempo para cuidar de su ganado. También dispone de más tiempo para estar con su hija de ocho meses. Mientras tanto, el patrocinador privado de la bomba solar en la aldea de Habibur ha identificado otros obstáculos para obtener una buena cosecha. El patrocinador ofrece una solución integral y también alquila motocultores, ya que arar el campo es un requisito previo para el riego.
Tras el éxito de Bangladesh en la expansión de los sistemas solares domésticos para proporcionar electricidad en las zonas rurales, el Banco Mundial apoya los esfuerzos del Gobierno para instalar 1.250 bombas de riego con energía solar antes de 2018. Esta tecnología de bajo costo se adapta bien al terreno llano del país y a su abundante sol. El Proyecto II de Electrificación Rural y Desarrollo de Energías Renovables (RERED II) está poniendo a prueba soluciones de riego con energía solar mediante un modelo de colaboración público-privada. La entidad ejecutora, Infrastructure Development Company Limited (IDCOL), canaliza fondos de donaciones y créditos a las organizaciones no gubernamentales y a los inversores privados que instalan las bombas solares. Hasta ahora, hay unas 300 bombas en funcionamiento, que benefician a más de 8.000 agricultores. Son más asequibles y fáciles de instalar que los sistemas tradicionales. No tienen piezas móviles, funcionan sin ruido ni contaminación y requieren poco mantenimiento. Y, mejor aún, el país podrá reducir 5.000 toneladas de emisiones de carbono al año cuando estén en funcionamiento las 1.250 bombas.
Hoy Bangladesh gasta alrededor de 900 millones de dólares cada año en un millón de toneladas de combustible diésel para el riego. Ampliar el riego con energía solar permitirá ahorrar una cantidad considerable de divisas.
Además del Banco Mundial, el Fondo de Resiliencia al Cambio Climático de Bangladesh (BCCRF), Alianza Global para la Ayuda Basada en Resultados (GPOBA) y la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) han financiado las bombas solares de riego.


