Así es como podemos reducir las emisiones de la industria naviera

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  • Las emisiones anuales de gases de efecto invernadero de la industria naviera mundial superan las mil millones de toneladas.

  • Reducir las emisiones de la industria naviera es fundamental en la lucha contra el cambio climático.

  • El expresidente de Costa Rica José María Figueres escribe que la reducción de las emisiones en el futuro depende en gran medida de lo que los gobiernos hagan ahora.

Este mes, delegados de gobiernos de todo el mundo se reúnen (de forma virtual) en una cumbre climática crucial, aunque poco visible, en la Organización Marítima Internacional (OMI) de las Naciones Unidas. El tema es cómo descarbonizar la industria naviera mundial, que representa más del 80 % del comercio mundial y más de mil millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero al año, más que cualquier país excepto los cinco mayores emisores.

Las enormes emisiones de la industria naviera

Esta enorme fuente de emisiones no puede ignorarse. Nuestra adicción a los combustibles fósiles tiene un impacto desastroso en el planeta, particularmente en nuestros océanos. El aumento del calor y de la acidez, el deshielo del hielo marino, y la disminución de los niveles de oxígeno están acabando con los arrecifes de coral, amenazando la vida marina y socavando la capacidad del océano para funcionar como ecosistema clave y regulador del clima. Considerando que cada aliento que tomamos procede del océano, nuestra propia salud está directamente vinculada a la de este sistema natural.

Con una cuota considerablemente alta del comercio mundial, es importante reducir las emisiones de la industria naviera Image: Cálculos de la UNCTAD, basados en datos proporcionados por MarineTraffic

Los científicos advierten de que apenas disponemos de diez años como máximo para tomar las medidas necesarias para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 ºC respecto de los niveles preindustriales, y así evitar riesgos significativos para la naturaleza y la humanidad. Sin embargo, pese al aumento de la preocupación pública por la crisis climática, las reuniones de la OMI apenas despiertan atención mediática. La mayoría de la gente no tiene idea de quién está representando a su país en estas negociaciones, y mucho menos de si sus gobiernos apoyan o se oponen a normas climáticas más estrictas.

Reducir las emisiones de la industria naviera mundial

En 2018, casi todos los países respaldaron la adopción de una hoja de ruta de descarbonización significativa para reducir a la mitad las emisiones de la industria naviera mundial para 2050. Pero la cuestión crucial de cómo hacer cumplir este objetivo sigue sin respuesta. Los gobiernos intentarán desbloquear el estancamiento en la reunión de la OMI de este mes, y de nuevo en la 75.ª sesión del Comité de Protección del Medio Marino (MEPC75) el próximo mes.

Con este fin, países tan diversos como China, India, Francia y Nigeria ya están convergiendo en una propuesta sensata: la «eficiencia operativa basada en objetivos». Con este enfoque, que no es tan técnico como suena, la comunidad internacional acordaría objetivos para la cantidad máxima de dióxido de carbono que puede emitir cada tipo de buque por tonelada de carga y por milla recorrida. Establecidos estos límites, los armadores decidirán por sí mismos cómo alcanzar los objetivos de descarbonización. Con un objetivo lo suficientemente ambicioso (por ejemplo, reducir la intensidad de CO2 un 80 % para 2030), la industria naviera puede tanto lograr reducciones de emisiones acordes con el Acuerdo de París como acomodar un mayor crecimiento del comercio mundial.

Como siempre, el diablo estará en los detalles. Un posible problema es que Japón y algunos otros países están presionando para retrasar la aplicación obligatoria de normas más estrictas sobre CO2 hasta 2029 o 2030. Si lo consiguen, las emisiones anuales de la industria naviera seguirán aumentando a lo largo de esta década, alejando aún más los objetivos de París.

Pero si los gobiernos logran ponerse de acuerdo y adoptar normas estrictas sobre CO2, los armadores no tendrán escasez de opciones para cumplir los nuevos objetivos. Por ejemplo, las velas rotor Flettner pueden reducir el consumo de combustible en más de un 8 %, y los sistemas de lubricación por aire pueden reducirlo otro 12 %. Pese a su eficacia demostrada, ninguno de estos sistemas se ha instalado en más de un puñado de los aproximadamente 60 000 buques comerciales del mundo. Y aun cuando los armadores carezcan de efectivo para invertir en estas medidas de sentido común, la mera reducción de la velocidad de sus buques en un 20 % reduciría las emisiones de la industria naviera y los costes de combustible en un 24-34 %.

Por supuesto, alcanzar emisiones netas cero en la industria también requerirá un cambio mucho más amplio alejado de los sistemas de propulsión basados en combustibles fósiles. Pero, en este aspecto, la propia industria naviera va por delante de los gobiernos rezagados que intentan frenar el progreso en la OMI. Bajo los auspicios de la coalición Getting to Zero, más de 120 grandes empresas ya trabajan para comercializar buques de cero emisiones en los próximos diez años.

Estos planes aportarán beneficios de gran alcance a los países en desarrollo ricos en energía renovable. El transporte marítimo limpio ofrece un triple beneficio: además de reducir la carga de la contaminación atmosférica, disminuye las cuantiosas facturas de importación de petróleo e impulsa la inversión extranjera en los sectores nacionales de energías renovables. Por ejemplo, según un estudio del Environmental Defense Fund, Chile podría desbloquear hasta 90 000 millones de dólares de inversión en infraestructura de energías renovables si sus buques pasaran de los combustibles fósiles a combustibles basados en hidrógeno verde producido con energías renovables.

Como ocurre con tantos otros aspectos del debate climático, el verdadero obstáculo para alcanzar un futuro sostenible no es la tecnología, sino la política. Si los gobiernos finalmente logran acordar normas de emisiones estrictas para todos los buques del mundo en la OMI este año, habrán trazado el rumbo hacia un sistema de comercio mundial más limpio y ecológico, impulsado por energías renovables abundantes. Eso sería bueno para el planeta, para el océano y para la humanidad.

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