Actualmente, estas economías representan más de un tercio del PIB mundial y se prevé que concentren el 74 % del consumo de energía para 2050.
Se ha demostrado que invertir en energía limpia en los EMDE constituye una doble oportunidad viable y atractiva para mejorar el rendimiento y los retornos a largo plazo.
Es urgente que los mercados emergentes y las economías en desarrollo (EMDE) aceleren sus inversiones en energía limpia. Esto es crucial no solo para satisfacer de forma asequible y segura la demanda energética futura, sino también para alcanzar los objetivos climáticos mundiales.
Al mismo tiempo, este desafío brinda una enorme oportunidad para impulsar el crecimiento y la prosperidad en estos países y cambiar la percepción sobre el potencial de inversión que ofrecen.
Sin embargo, la magnitud del desafío es inmensa. La inversión en energía limpia en los EMDE (excluida China) debe multiplicarse entre cinco y siete veces para respaldar la transición hacia vías de desarrollo con bajas emisiones de carbono: de los actuales 270 000 millones de dólares al año a, como mínimo, 1,7 billones de dólares para comienzos de la década de 2030. Aunque la inversión ha aumentado recientemente, se concentra en un pequeño número de países y sectores, y más del 90 % del incremento desde 2021 se ha producido en las economías avanzadas y China.
Hasta ahora, solo una quinta parte de la inversión mundial en energía limpia se ha destinado a los EMDE (excluida China), pese a que estas economías representan actualmente más de un tercio del PIB mundial y alrededor de dos tercios de la población mundial; además, se prevé que concentren el 74 % del consumo de energía para 2050.
Los compromisos de la COP28 de triplicar la energía renovable, así como el reciente compromiso de la COP29 sobre almacenamiento y capacidad de la red eléctrica, son una importante estrella guía, pero solo se podrá avanzar de verdad si los gobiernos, las instituciones financieras y el sector privado trabajan juntos en pos de los mismos objetivos y aprovechan el potencial aún sin explotar que ofrecen estas regiones.
Desmontar una idea errónea
Históricamente, las inversiones en los EMDE se han visto afectadas por la volatilidad del mercado causada por factores tanto externos como internos. Estos factores suelen incluir la incertidumbre política, las tensiones comerciales, las perturbaciones de los mercados financieros, los efectos indirectos de un crecimiento inferior al previsto en las principales economías y los riesgos geopolíticos. Esto ha generado perspectivas de rentabilidad negativas y un ciclo de bajo rendimiento que se perpetúa a sí mismo y ha disuadido la inversión.
Pese a los avances graduales, la mayoría de los EMDE aún carecen de las calificaciones crediticias de grado de inversión necesarias para atraer a grandes inversores institucionales y de mercados de capitales profundos que permitan captar financiación nacional e internacional. Un estudio reciente del Foro Económico Mundial destacó que el 74 % de los EMDE recibió una calificación de riesgo soberano de B+ o inferior de agencias de calificación crediticia como Standard & Poor’s, Moody’s y DBRS, lo que los sitúa fuera de los límites aceptables para la mayoría de los inversores privados, dadas sus obligaciones fiduciarias y regulatorias.
Como consecuencia, las estrategias destinadas a generar un impacto positivo han llegado a implicar una disyuntiva entre desarrollo y beneficios. En torno a la financiación de la energía limpia en estas economías existe una narrativa común de «ayuda». Asimismo, el costo del endeudamiento de los EMDE afecta a la sostenibilidad de su deuda y a su margen fiscal, lo que a su vez retrasa el avance de sus agendas verdes.
En última instancia, tal como se expone en la Guía de Sharm el-Sheij para una financiación justa, las soluciones financieras deben ser equitativas, accesibles y asequibles para que los EMDE puedan superar estos desafíos e impulsar un crecimiento sostenible e inclusivo.
Una doble oportunidad
La supuesta dicotomía entre el impacto en el desarrollo y los retornos carece de fundamento. De hecho, se ha demostrado que invertir en energía limpia en los EMDE constituye una doble oportunidad viable y atractiva para mejorar el rendimiento y los retornos a largo plazo, al tiempo que fomenta un crecimiento económico sostenible e inclusivo. Aunque numerosos estudios y casos prácticos lo demuestran, la información sigue estando fragmentada.
En un esfuerzo colectivo por desmontar esta idea errónea y destacar el atractivo potencial de la inversión en energía limpia en los EMDE, la Red para Movilizar la Inversión en Energía Limpia en los EMDE del Foro Económico Mundial, que copresidimos, ha elaborado un singular Manual de soluciones. Esta plataforma presenta 100 casos prácticos replicables de 47 EMDE que han logrado movilizar financiación para la energía limpia y, al mismo tiempo, generar un impacto significativo en el desarrollo.
El manual se basa en tres pilares —medidas de política, herramientas de mitigación de riesgos y mecanismos de financiación—, cada uno de los cuales presenta soluciones para fortalecer la confianza de los inversores y aumentar los flujos de capital mediante la mitigación de riesgos y la creación de condiciones que fomenten la estabilidad.
Un ejemplo concreto es la puesta en marcha por parte de Africa Finance Corporation (AFC) de un instrumento de financiación puente íntegramente en capital para impulsar el proyecto del parque eólico Red Sea Power (RSP) de 60 MW en Yibuti. La financiación puente íntegramente en capital ayudó a reducir los riesgos asociados con la construcción y puesta en servicio del proyecto, lo que lo hizo más atractivo para los inversores posteriores y sentó las bases para futuras inversiones en la región.
Los análisis detallados de los enfoques nacionales también muestran cómo los países han obtenido miles de millones en capital para energía limpia mediante una combinación integral de estrategias, como beneficios fiscales, subastas, garantías y canjes de deuda.
Por ejemplo, al adoptar un enfoque integral que moviliza diversas herramientas de política y regulación, Egipto atrajo financiación suficiente para multiplicar por 4 y por 19 su producción de electricidad eólica y solar respectivamente entre 2014 y 2021. Además, desde su lanzamiento durante la COP27, la Plataforma Nacional de Egipto para el Nexo entre el Agua, los Alimentos y la Energía (نُوَفِّــي) movilizó 3.900 millones de dólares en inversiones del sector privado para financiar proyectos de energía renovable de 4,2 GW, incluidos proyectos eólicos y solares.
Estas reformas impulsadas por los propios países son fundamentales para crear un entorno propicio para los inversores y, en última instancia, son necesarias para impulsar el desarrollo sostenible a escala nacional y mundial.
Los EMDE se encuentran en un momento decisivo para impulsar su propio desarrollo económico y, al mismo tiempo, garantizar un futuro más verde para el mundo. Dado que la financiación en condiciones favorables y la asistencia oficial para el desarrollo siguen rezagadas, los recursos financieros nacionales están bajo presión y la incertidumbre geopolítica evoluciona, la colaboración entre tres actores fundamentales —los gobiernos, las instituciones financieras y el sector privado— resulta crucial.
Coordinar las intervenciones de política, desplegar herramientas de mitigación de riesgos y desarrollar mecanismos de financiación innovadores ayudará a crear perfiles de riesgo y rentabilidad atractivos para los inversores en los EMDE. Aprovechar estas oportunidades y orientar la inversión hacia los EMDE contribuirá a estimular las inversiones necesarias y abrirá camino hacia un futuro más verde y un crecimiento económico sostenible.


