Qué podemos aprender del apagón ibérico sobre cómo construir una red eléctrica resiliente

A local police car patrols a shopping street without electric lighting to prevent theft and looting in the stores in the early morning hours during a power outage which hit large parts of Spain, in Ronda, Spain April 29, 2025. REUTERS/Jon Nazca
The major power outage in Spain and Portugal affected millions.Image: REUTERS/Jon Nazca
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  • El apagón de la península ibérica puso de relieve la dependencia de la sociedad moderna de la electricidad, al convertirse en el mayor apagón de Europa en años.

  • Es probable que estas perturbaciones sean cada vez más frecuentes debido al aumento de la demanda de electricidad, la transición hacia energías limpias y los fenómenos climáticos extremos.

  • Afortunadamente, existen diversas soluciones para que los sectores privado y público eviten futuras y costosas interrupciones del suministro energético y contribuyan a reforzar la resiliencia eléctrica.

¿Cómo puede funcionar la sociedad moderna en un mundo sin electricidad? Hace poco, la península ibérica afrontó la cruda realidad de este desafío al sufrir el mayor apagón de Europa en dos décadas.

El apagón de abril dejó sin electricidad a decenas de millones de personas en España y Portugal y afectó a las redes de transporte, banca y comunicaciones, mientras los hospitales dependían de generadores de emergencia.

Este no fue el primer apagón perturbador ocurrido en Europa este año. En marzo, el aeropuerto de Londres Heathrow cerró tras un incendio en la única subestación que suministraba electricidad a uno de los centros de transporte más transitados del mundo; se cancelaron vuelos y miles de hogares se quedaron sin electricidad. Se desconoce la causa del incendio, pero se estima que el coste total para el sector aéreo supera los 60 millones de libras (78 millones de dólares).

Ambos incidentes ponen de relieve la urgente necesidad de mejorar la preparación general y la resiliencia de los sistemas eléctricos, ante el aumento de la demanda mundial de electricidad, la transición hacia energías limpias y la creciente frecuencia de fenómenos climáticos peligrosos.

La buena noticia es que existen soluciones para que los sectores privado y público eviten futuras y costosas interrupciones del suministro energético.

Qué ocurrió durante el apagón ibérico

El corte de suministro ibérico del 28 de abril sirvió de llamada de atención para las redes eléctricas.

Antes de analizar lo ocurrido ese día, hay que entender que un sistema eléctrico seguro y fiable funciona dentro de un rango de tensión constante, mantiene unos umbrales de frecuencia específicos y equilibra continuamente la oferta y la demanda.

Además, la estabilidad y la seguridad suelen mejorar cuando las redes nacionales están conectadas a través de las fronteras. En este caso, la red española está conectada con las de Francia y Portugal para facilitar el comercio de electricidad y reforzar la seguridad.

Esto es lo que sabemos actualmente sobre el incidente, según lo presentado por EPRI y ENTSO-E:

  • Alrededor de las 12:30 CEST se produjo un evento similar a una pérdida de generación. Por lo general, estos eventos provocan un desequilibrio entre la oferta y la demanda de electricidad, lo que hace que baje la frecuencia de la red. El sistema responde recurriendo a la inercia y a la generación de respaldo, así como desconectando cargas. En este caso, el sistema reaccionó según lo previsto.

  • Poco después, se produjo un segundo evento similar a una pérdida de generación. En ocasiones, la generación se desconecta para proteger los equipos de daños físicos en respuesta a una sobretensión, que puede deberse a fluctuaciones de frecuencia u otras inestabilidades de la red.

  • Unos segundos después, la interconexión entre España y Francia se interrumpió debido a la inestabilidad de la red. En ese momento, España exportaba electricidad, por lo que la interrupción le impidió seguir exportando ese excedente de energía, lo que generó un exceso de generación dentro del país. A continuación, colapsó la red eléctrica española, seguida de la portuguesa.

Se plantearon varias teorías sobre las causas o los factores que contribuyeron al incidente, incluida la especulación de que la culpa era de las energías renovables. Se descartaron teorías como las oscilaciones entre áreas, los ciberataques y los fenómenos atmosféricos poco comunes.

Este frigorífico solar mantiene los alimentos frescos durante los cortes de luz.
Este frigorífico solar mantiene los alimentos frescos durante los cortes de luz.
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El operador del sistema de transmisión español Red Eléctrica y la Comisión Europea han iniciado investigaciones independientes sobre el incidente. Sin embargo, independientemente de la causa, el apagón puso de relieve que las redes eléctricas deben ser más resilientes y estar preparadas para el futuro.

Los sistemas eléctricos afrontan dos presiones

En economías avanzadas como las de Europa y Norteamérica, los sistemas eléctricos se diseñaron para respaldar la generación centralizada y los flujos de energía unidireccionales, y para adaptarse a un clima estable que ya no existe. Es necesario actualizar estos sistemas para responder a las realidades energéticas actuales, entre ellas:

  • El aumento de la demanda de electricidad, impulsado por las crecientes necesidades de la población, la electrificación de los usos finales, la expansión de centros de datos con gran consumo energético para respaldar la IA, el incremento de las necesidades de refrigeración (para equipos y personas) y la adopción de vehículos eléctricos.

  • Fuentes de energía renovable descentralizadas, como la solar y la eólica, que utilizan dispositivos electrónicos llamados inversores en lugar de motores. A diferencia de la generación tradicional, estas fuentes carecen de la inercia —o «impulso» natural— que ayuda a mantener estable la red. La inercia de la generación síncrona responde al instante liberando energía cinética.

  • Los riesgos climáticos, en particular el calor extremo y el estrés hídrico, ya están perturbando la generación de electricidad y se perfilan como los principales factores de pérdidas y tensiones en nuestros sistemas eléctricos. Según una estimación, si las temperaturas mundiales superan los 2 ºC por encima de los niveles preindustriales, algo que se prevé que ocurra para 2045, la capacidad de las centrales nucleares de EE. UU. y de las centrales térmicas de la UE podría disminuir un 4,5 %. Sin una transición mundial inmediata y rápida hacia las energías renovables, los riesgos climáticos pronto se convertirán en factores de estrés crónico para los sistemas energéticos.

Estas presiones no son insuperables. La redundancia y la planificación para contingencias pueden evolucionar y garantizar el funcionamiento de la infraestructura actual. Estos desafíos tampoco deben ralentizar la transición hacia energías limpias; al contrario, reforzar la resiliencia es esencial para avanzar hacia una electricidad con bajas emisiones de carbono y, al mismo tiempo, resistir las dos presiones del aumento de la demanda y la intensificación de las amenazas climáticas.

La resiliencia, la nueva frontera de la política energética

Incidentes como el apagón ibérico ponen al descubierto deficiencias más profundas en materia de resiliencia. Los sistemas eléctricos incorporan resiliencia desde su diseño; sin embargo, en el contexto actual, esta debe reforzarse. Hay diversas soluciones para lograrlo:

Añadir inercia al sistema

El apagón ibérico puso de manifiesto que faltaba inercia en el sistema. A medida que los combustibles fósiles se sustituyen por fuentes de energía más baratas y limpias, la red eléctrica debe adaptarse a nuevos desafíos de fiabilidad y almacenamiento, que pueden abordarse con tecnologías como el almacenamiento hidroeléctrico por bombeo, los sistemas de almacenamiento de energía en baterías, los volantes de inercia y la energía térmica síncrona.

Una mayor implantación de fuentes de energía renovable puede reforzar la resiliencia del sistema al descentralizar la generación eléctrica. De cara al futuro, también podrían surgir nuevos tipos de servicios de apoyo a la red en distintas jurisdicciones para proporcionar inercia y energía flexible de respaldo cuando sea necesario.

Reforzar las interconexiones

Para mejorar la fiabilidad de la red y prevenir apagones, los responsables de formular políticas deberían considerar la conexión de las redes eléctricas a través de las fronteras nacionales. Las interconexiones pueden formar parte de una estrategia de resiliencia con varias capas, al permitir compartir recursos eléctricos durante emergencias y ofrecer beneficios adicionales, como una mayor competitividad del mercado.

Aunque, en el caso del reciente apagón, las interconexiones fueron más bien un factor contribuyente y Portugal también se vio afectado posteriormente, en otros casos, como los huracanes de Texas de 2021, compartir electricidad con otras regiones podría haber ahorrado casi 100 millones de dólares en daños por cada gigavatio de interconexión. Estas estrategias requieren colaboración transfronteriza, armonización de los códigos de red y marcos normativos sólidos.

Desarrollar almacenamiento e infraestructura inteligente

El sistema también debe desplegar soluciones de almacenamiento que complementen la generación renovable y proporcionen un suministro firme, o que permitan responder rápidamente ante un desequilibrio eléctrico. La flexibilidad del sistema puede desarrollarse mediante infraestructura inteligente, gestión de la demanda y microrredes descentralizadas, lo que contribuye a garantizar una red eléctrica dinámica y segura.

Al mismo tiempo, los operadores de la red deben garantizar que la energía limpia esté disponible y pueda estabilizar la red, idealmente mediante inversores formadores de red. Estas inversiones también pueden utilizarse para responder a los riesgos climáticos.

Hacer frente a los riesgos climáticos

Se pueden tomar diversas medidas para hacer frente a los riesgos climáticos. Las medidas preventivas, como la gestión sostenible de la vegetación, el seguimiento meteorológico y la previsión de la capacidad dinámica de las líneas, podrían mitigar proactivamente los riesgos y las pérdidas.

Dado que se prevé que las empresas de servicios públicos que cotizan en bolsa sufran pérdidas de entre 33 000 y 37 000 millones de dólares en bienes, instalaciones y equipos debido al cambio climático para 2035, también se necesitan infraestructuras resistentes al calor y tecnologías de refrigeración.

Mientras tanto, la IA y los datos en tiempo real pueden aprovecharse para crear soluciones tecnológicas, como modelos de impacto climático o sistemas de alerta temprana energética, que utilizan la observación de la Tierra y sensores del internet de las cosas para identificar riesgos climáticos a lo largo de la cadena de valor antes de que se vea comprometida la infraestructura de la red.

Gobernanza

También es necesario abordar las necesidades operativas de los sistemas energéticos. Para mantener la seguridad energética, es esencial definir funciones, incentivos y normativas claros en todo el sector eléctrico.

Esto puede lograrse institucionalizando las responsabilidades y los incentivos, e identificando y mitigando sistemáticamente los riesgos, a la vez que se refuerzan los mecanismos de prevención y recuperación.

Las colaboraciones entre sectores pueden facilitar el intercambio de buenas prácticas e impulsar el progreso colectivo en materia de adaptación climática y resiliencia de los sistemas, mientras que las alianzas público-privadas pueden promover un enfoque sistémico de la generación de energía, la transición y la resiliencia para evitar apagones a gran escala.

Estas estrategias proactivas refuerzan la resiliencia de la red y proporcionan una infraestructura eléctrica fiable. Sin ellas, las comunidades y las empresas seguirán afrontando cortes de suministro perturbadores y costosos como el apagón ibérico. Si trabajamos juntos, podemos convertir las vulnerabilidades energéticas de hoy en una ventaja adaptativa para mañana.

Los autores desean agradecer a Marta Wilhelmi Corona (ECP 2025, Resiliencia y adaptación climáticas) y a Flora Mccrone (responsable de Interacciones inmersivas, Centro para la Naturaleza y el Clima) sus valiosas contribuciones y comentarios.

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