Puede que los países en desarrollo no dispongan de los mismos fondos públicos que los países más ricos, pero están atrayendo inversiones privadas para proyectos de energía renovable bien diseñados y de mayor escala, afirma el Banco Mundial.
Marruecos cuenta con proyectos de energía renovable que representan dos quintas partes de su capacidad energética instalada.
India registra el crecimiento más rápido de la electricidad renovable entre las principales economías.
Los gobiernos pueden allanar el camino para la inversión del sector privado fijando objetivos ambiciosos de energía limpia, elaborando regulaciones favorables a los inversores y recurriendo a instituciones financieras internacionales para mitigar los riesgos.
Las fuentes de energía renovable pueden ayudar a los países a mitigar el cambio climático, aumentar su resiliencia ante la volatilidad de los precios y reducir los costos energéticos. Esto es especialmente urgente ahora, ya que el fuerte aumento de los costos de los combustibles fósiles, provocado por la guerra en Ucrania, está perjudicando gravemente a los países pobres que importan energía.
Durante décadas, organizaciones económicas y científicas han instado a los líderes a crear políticas que promuevan las energías renovables como parte de los esfuerzos mundiales fundamentales para combatir el cambio climático. Además de reducir las emisiones de carbono, los proyectos de energía renovable a gran escala también ofrecen beneficios económicos demostrables para los inversores, los gobiernos y, en especial, los consumidores que necesitan electricidad fiable y de bajo costo.
¿Por qué tantos países siguen dependiendo hoy de los combustibles fósiles importados?
Aunque quizá los países en desarrollo no dispongan de fondos públicos para construir suficiente infraestructura nueva, los proyectos de energía renovable bien diseñados y de mayor escala pueden atraer, y de hecho atraen, la inversión privada necesaria para poner las plantas en marcha.
Durante años, los combustibles fósiles fueron relativamente baratos. Por eso, tanto a los países como a las personas les resultaba difícil invertir por adelantado en nueva infraestructura de energía limpia.
Pensemos, por ejemplo, en una persona que invierte en un automóvil eléctrico. Aunque comprar el nuevo vehículo eléctrico pueda ser más caro, durante toda su vida útil, el ahorro derivado de gastar menos en combustible y en mantenimiento compensará con creces el mayor costo inicial. Para convertir los elevados desembolsos iniciales de capital en beneficios a más largo plazo y resolver el problema de la asequibilidad de los costos iniciales más altos, se necesita acceso a financiación. De hecho, la disponibilidad de opciones de crédito y arrendamiento de vehículos en los países desarrollados hace posibles una parte significativa de las ventas de automóviles eléctricos caros.
Sin embargo, en los países en desarrollo, la falta de acceso a financiación en condiciones razonables hace inasequibles las costosas inversiones iniciales en energías renovables. Además, las incertidumbres macroeconómicas y políticas disuaden a los inversores del sector privado de apoyar las energías renovables. En la crisis actual, liberarse de los combustibles fósiles resulta aún más difícil, mientras los países se apresuran a ampliar soluciones a corto plazo para hacer frente a la escasez de combustible.
Las energías renovables son el camino que debemos elegir
Afortunadamente, ha aumentado el interés por construir infraestructura moderna y a gran escala. Solo en 2020, los sectores público y privado invirtieron más de 300.000 millones de dólares en energías renovables, aunque las inversiones anuales en energía limpia deben más que triplicarse para 2030 a fin de alcanzar emisiones netas cero en 2050.
Para atraer la financiación privada que tanto se necesita, los países en desarrollo deben poner en marcha una cartera de proyectos de infraestructura renovable a gran escala que garantice un rendimiento de la inversión y, al mismo tiempo, mantenga los costos al alcance de los consumidores, incluso de los más pobres.
En las Reuniones de Primavera de 2022 del Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Grupo Banco Mundial (GBM), conocimos a algunos países que están abriendo nuevos caminos hacia la autosuficiencia y el crecimiento económico mediante recursos renovables.
Marruecos avanza a toda máquina hacia un futuro sostenible
Marruecos ha desarrollado proyectos de energía renovable que ahora representan casi el 40 % de su capacidad energética instalada, y se ha fijado el objetivo de superar el 50 % para 2030. La Dra. Leila Benali, ministra de Transición Energética y Desarrollo Sostenible de Marruecos, explicó que hace más de una década su país se propuso elaborar políticas integrales en apoyo de la infraestructura renovable, lo que ha dado lugar a 60 proyectos que han atraído más de 5.000 millones de dólares en inversiones. Las políticas gubernamentales respaldan la cartera de proyectos viables de infraestructura renovable a gran escala y brindan a los inversores privados la confianza necesaria para aportar el capital requerido.
«Estamos intentando garantizar que mejore el rendimiento del capital invertido en los proyectos, en particular en los más competitivos en energía eólica, solar y ahora hidrógeno, para que sea una estrategia sostenible», nos dijo la Dra. Benali.
El Complejo Solar Noor Ouarzazate de Marruecos es la mayor planta de energía solar de concentración del mundo. Se extiende por 3.000 hectáreas de desierto y tiene una capacidad total de 580 MW de potencia, suficiente para cubrir las necesidades energéticas de un millón de hogares. El país también ha desarrollado más de una docena de parques eólicos a gran escala y ha ofrecido incentivos para que empresas y hogares inviertan en sus propios paneles solares y ahorren en costos energéticos.
Impulsar la energía solar en India
Otro ejemplo es India, que ha logrado el crecimiento más rápido de la electricidad renovable entre las principales economías. Indu Shekhar Chaturvedi, secretario del Ministerio de Energías Nuevas y Renovables del país, explicó que India adoptó un enfoque proactivo al ofrecer incentivos e instrumentos de gestión de riesgos desde el principio, para que las empresas de servicios públicos pudieran incorporar fuentes de energía renovable sin sufrir pérdidas económicas.
Estos ejemplos sirven de guía para otros países que aún carecen de una cartera fiable de proyectos financiables. Entre los desafíos figuran las limitaciones técnicas para integrar la energía en la red, unos marcos regulatorios inadecuados y una capacidad débil de contratación y planificación. Los gobiernos deben allanar el camino para el sector privado fijando objetivos ambiciosos de energía limpia, elaborando regulaciones favorables a los inversores y recurriendo a instituciones financieras internacionales para mitigar los riesgos.
El Grupo Banco Mundial ayuda a Marruecos, India y otros países a desarrollar recursos de energía renovable de forma más barata, rápida y eficaz, mediante la puesta en marcha de una cartera de proyectos de energía renovable financiables.
En los últimos años, el Banco Mundial ha invertido más de 8.000 millones de dólares en energía limpia, acceso a energías renovables e infraestructura relacionada, y ha catalizado más de 20.000 millones de dólares en inversiones privadas en capacidad de generación de energía renovable. Nuestra financiación para soluciones de energía renovable distribuida ha ido en aumento, y las inversiones ya superan los 2.000 millones de dólares, la mayoría en África subsahariana.
Liberar al mundo de los combustibles fósiles puede parecer abrumador en estos tiempos difíciles, pero cuanto más tardemos, más costoso será. Contamos con la tecnología y las herramientas financieras necesarias para crear un mundo más verde y, al mismo tiempo, impulsar las economías y la resiliencia. Debemos invertir en nuestro futuro ahora, no más adelante.


