La infraestructura de energía renovable de Europa está cada vez más expuesta a riesgos climáticos extremos.
Las medidas de resiliencia son asequibles, probadas y fundamentales para desbloquear la inversión a largo plazo.
La política, las estrategias de seguros y el capital privado deben alinearse para construir sistemas energéticos preparados para el clima.
Europa se encuentra en una coyuntura crítica. Alcanzar las emisiones netas cero exige una transición rápida y amplia hacia la energía limpia. Al mismo tiempo, abastecer al continente con fuentes renovables de producción propia reforzará la seguridad del suministro. Como señaló recientemente la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen recientemente destacó, estamos entrando en una nueva era de abundancia renovable: un futuro configurado por nuestro compromiso con la energía eólica, solar e hidroeléctrica.
Sin embargo, al acelerar este cambio vital, nos enfrentamos a una paradoja: la propia infraestructura diseñada para hacer realidad nuestro futuro bajo en carbono es cada vez más vulnerable a los crecientes riesgos climáticos que pretende mitigar. Debemos salvaguardar nuestra transición energética desplegando soluciones de resiliencia que protejan esa infraestructura y respalden la inversión.
La buena noticia es que las soluciones técnicas están disponibles y son rentables. Un marco normativo más propicio, con incentivos vinculados a la resiliencia para las empresas y con la adaptación climática integrada en la planificación, permitiría su implantación más amplia y sistemática.
La acción en materia de resiliencia climática debe producirse ahora
Debido a la evolución de los patrones climáticos, los fenómenos meteorológicos extremos son cada vez más intensos y graves. Una investigación reciente de Zurich, que analizó más de 25 000 instalaciones de generación y almacenamiento de energía en los principales países europeos, demostró que los activos renovables, que están llamados a ser cada vez más cruciales para el futuro bajo en carbono de la región, son muy vulnerables a estos fenómenos meteorológicos extremos. El 83 % de la capacidad renovable en funcionamiento y el 92 % de los activos de almacenamiento presentan un riesgo elevado. De la capacidad renovable existente, casi la mitad (46 %) se encuentra en riesgo crítico.
Sin una acción urgente, la transición energética de Europa podría estancarse. La inacción podría generar daños que superen los 270 000 millones de euros para 2050. Además, las interrupciones del suministro provocarán implicaciones en materia de seguridad, económicas y sociales.
El desafío se agrava por el hecho de que aproximadamente 60 % de las pérdidas relacionadas con el clima a escala mundial –el 75 % en Europa – no están aseguradas. Las empresas no pueden permitirse confiar simplemente en las aseguradoras para «reconstruir mejor» tras la llegada de un desastre. La resiliencia debe integrarse desde el principio, garantizando que la nueva infraestructura esté diseñada para resistir futuras perturbaciones climáticas. Dado que se prevé que la capacidad de generación de energía a partir de activos renovables aumente casi dos tercios (62 %) para 2030, existe una oportunidad de hacer que la transición a la energía limpia sea «resiliente desde el diseño».
Garantizar un sistema energético resiliente para el futuro de Europa
Comprender el riesgo es el primer paso para construir resiliencia. Las aseguradoras pueden desempeñar un papel importante utilizando su modelización avanzada para trazar la evolución de los riesgos de activos específicos a lo largo del tiempo, como hemos demostrado en nuestra investigación.
El segundo paso consiste en actuar para prevenir y minimizar los riesgos antes de que se produzcan los siniestros. Reforzar la resiliencia de la infraestructura de energía renovable puede reducir considerablemente las pérdidas esperadas, mantener la disponibilidad de seguros y fomentar la inversión en activos nuevos y existentes. Solo la infraestructura diseñada para resistir riesgos futuros atraerá el capital a largo plazo necesario para impulsar nuestro futuro. Una vez más, las aseguradoras pueden ayudar aprovechando su experiencia en gestión de riesgos para orientar a responsables políticos y empresas hacia las medidas de resiliencia más eficaces en contextos específicos, desde equipos elevados hasta estructuras reforzadas de parques eólicos o solares.
El argumento empresarial a favor de la resiliencia es claro: destinar de forma proactiva solo entre el 2 y el 5 % de un presupuesto de gasto de capital puede reducir las pérdidas esperadas hasta en un 50 %. Las aseguradoras pueden ayudar a las empresas a medir los beneficios financieros de las medidas de reducción de riesgos. Esta información es crucial para la planificación empresarial, con el fin de orientar las decisiones sobre gastos de capital alineadas con la tolerancia al riesgo.
El camino a seguir: un imperativo colaborativo
Para lograr la infraestructura energética resiliente que Europa necesita para avanzar en una transición rápida y sostenida, se requiere una acción decidida. Debemos:
Mejorar la resiliencia climática de los activos existentes. Por ejemplo, construir parques solares sobre pilotes en zonas propensas a inundaciones o diseñar aerogeneradores capaces de resistir una mayor intensidad de tormentas dejará de ser opcional para convertirse en esencial. Los gobiernos nacionales y las autoridades europeas deberían incentivar la adopción de estas medidas por parte de las empresas. Los responsables políticos también tienen un papel fundamental que desempeñar para crear las condiciones adecuadas para que las tecnologías innovadoras surjan, resulten comercialmente viables y se amplíen a gran escala.
Adoptar pruebas de estrés climático para los nuevos activos de generación y almacenamiento. Con un crecimiento previsto del 36 % en la electricidad europea generada a partir de energías renovables para 2030, debemos asegurar que la nueva infraestructura se construya para durar en un clima cambiante. Toda política y todo proyecto deberían someterse a pruebas de estrés frente a escenarios con un aumento de temperatura de 3,5 a 4 °C, teniendo en cuenta que Europa es el continente que más rápido se calienta del mundo.
Integrar la resiliencia en los procesos de planificación y diseño. Los gobiernos deben defender la resiliencia como principio básico en el despliegue de toda nueva infraestructura energética, por ejemplo, basando las decisiones de ubicación en la modelización del riesgo climático.
Desbloquear la inversión en medidas de resiliencia. Los responsables políticos deben explorar y aprovechar soluciones de financiación combinada para atraer capital privado y colaborar con instituciones financieras y empresas energéticas con el fin de crear una cartera de activos de resiliencia susceptibles de inversión. El seguro puede ser decisivo para mejorar el perfil de riesgo de los proyectos y desbloquear préstamos o inversiones.
Ahora es el momento de actuar. Juntos, podemos construir un sistema energético que no solo cumpla los objetivos climáticos de Europa, sino que también salvaguarde el crecimiento económico y la prosperidad para las generaciones venideras.


