La demanda de electricidad está aumentando debido a una mayor electrificación y al uso cada vez más extendido de la inteligencia artificial (IA) y otras nuevas tecnologías con un elevado consumo energético.
Pausar el cierre de algunas centrales eléctricas de combustibles fósiles y utilizar con más eficiencia la infraestructura de transmisión existente ayudaría a mantener la competitividad económica mientras se despliegan nuevas soluciones energéticas para atender esta demanda.
En la Reunión Anual 2026 del Foro Económico Mundial, los participantes debatirán soluciones para proteger el medio ambiente e impulsar el crecimiento económico.
La era de cerrar todas las centrales térmicas de combustibles fósiles que están listas para su retiro ha terminado. Un uso más eficiente de los activos de transmisión y de la red, combinado con la prolongación de la vida útil de las centrales de combustibles fósiles para garantizar la fiabilidad de la red durante unas pocas horas al año, es ahora la única opción racional en la era actual de aceleración de la electrificación y expansión de la inteligencia artificial (IA).
La necesidad relativamente repentina de ampliar rápidamente el suministro eléctrico en todo el mundo exige este enfoque completamente nuevo. Retrasar el cierre de centrales antiguas e ineficientes para que sigan disponibles, principalmente como generación de uso limitado durante fenómenos extremos, es una solución. Esto reducirá las emisiones de carbono a lo largo del ciclo de vida al evitar la construcción de nuevas unidades térmicas de reemplazo que funcionarían con mucha más frecuencia. Así se contribuiría a mantener una transición energética exitosa y, al mismo tiempo, garantizar la competitividad económica y la asequibilidad.
Pausar el cierre de centrales térmicas de combustibles fósiles garantizará que sus reemplazos futuros sean la combinación óptima de tecnologías flexibles y limpias. También dará tiempo para actualizar las normas y los protocolos de los mercados eléctricos, de modo que las soluciones emergentes, como el almacenamiento de energía en baterías, tengan el mismo acceso a la red y puedan ampliarse rápidamente.
Hay capacidad disponible en la red
El factor fundamental que impulsa este cambio de perspectiva y de políticas es que, por diseño, la red de transmisión existente y las flotas de centrales térmicas de países de todo el mundo están infrautilizadas. A menudo hay una capacidad de reserva considerable disponible durante casi todas las horas y en casi todas las condiciones, debido a la redundancia deliberada de las redes eléctricas y las empresas de servicios públicos.
Tomemos como ejemplo Estados Unidos: los datos de su Administración de Información Energética muestran que cientos de miles de megavatios de centrales eléctricas de combustibles fósiles funcionaron durante apenas el 10-20 % del tiempo en 2023. Y aunque las tasas de utilización de la red de transmisión suelen promediar el 50-60 % a lo largo de todo el año, los períodos de mayor tensión para la red, cuando la utilización alcanza su nivel más alto, normalmente no superan las 100 horas anuales, es decir, el 1 % de las horas de cada año.
Tras la rápida expansión mundial de la energía solar fotovoltaica durante la última década, los momentos de mayor riesgo para la fiabilidad de la red suelen darse hoy durante los períodos de máxima «carga neta» invernal. Es cuando la producción renovable se ve afectada por condiciones meteorológicas frías y oscuras, conocidas en Alemania como «dunkelflaute» (calmas oscuras). En Estados Unidos, algunas de las situaciones operativas más difíciles y políticamente delicadas también se dan cuando se producen días inusualmente calurosos o fríos durante la primavera y el otoño, también conocidos como estaciones de transición. En esos períodos, casi un tercio de toda la flota de centrales térmicas puede quedar fuera de servicio por mantenimiento programado.
En algunas zonas de Estados Unidos, cerrar centrales térmicas en un contexto en el que la demanda impulsada por la IA genera gran preocupación por los costos para los consumidores —aunque las centrales sean activos antiguos, inflexibles y de uso limitado— ya está provocando tormentas políticas.
Centrales térmicas existentes: una solución rápida y de bajo costo
El costo también se ha convertido en un factor, por supuesto. En 2025, la consultora energética Grid Strategies calculó que el costo medio de retrasar los cierres y mantener más tiempo en funcionamiento las centrales térmicas sería de 89,31 dólares por kilovatio-año (kW-año, una medida de la capacidad de una central eléctrica) para las centrales próximas al retiro que suelen mantenerse en reserva para situaciones extremas. Esto significa que una central de 500 megavatios (MW) al final de su vida útil costaría 44,6 millones de dólares al año. Mientras tanto, construir una nueva central eléctrica alimentada con gas cuesta más de 2.700 dólares/kW; es decir, 1.350 millones de dólares para una central de 500 MW.
Por lo tanto, solo el costo de capital de reemplazar una central térmica existente por un nuevo generador de ciclo combinado de gas natural —sin siquiera incluir la necesidad de obtener rentabilidad para los accionistas— sería unas 30 veces (2.700 dólares/89 dólares) mayor que el costo anual de mantener disponible durante unos años más la antigua central de combustibles fósiles. Y aunque se decida construir, John Ketchum, director ejecutivo de la empresa eléctrica estadounidense NextEra Energy, afirma que la compañía no podrá poner en servicio nueva capacidad térmica alimentada con gas hasta 2032. Los plazos de entrega pueden llegar a cinco años en el caso de equipos eléctricos críticos de alta tensión, como los transformadores.
Retrasar el cierre de centrales térmicas también evitará que los planificadores y operadores del mercado tomen decisiones precipitadas y motivadas políticamente. Si se considera que la construcción de nueva generación alimentada con gas es la principal solución de reemplazo, podría consolidar otros 50 años de infraestructura de combustibles fósiles de una generación anterior y las emisiones asociadas a lo largo de su ciclo de vida. Posponer 10 años el retiro de una central de carbón (de uso limitado) abriría un margen de tiempo para que las tecnologías emergentes se expandan rápidamente. Esto podría mantener una trayectoria hacia una transición energética baja en carbono y maximizar la asequibilidad de los precios de la electricidad durante ese período.
Además de retrasar los cierres, utilizar con más eficiencia la red de transmisión existente es fundamental para proteger a los consumidores del costo de una expansión innecesaria de la red. La instalación de grandes cantidades de almacenamiento en baterías a escala de red, capaces de responder de inmediato, ya está optimizando la infraestructura de transmisión en funcionamiento en Australia y en los estados estadounidenses de Texas y California. Estos activos también proporcionan un respaldo fiable y esencial a las flotas de centrales térmicas de combustibles fósiles durante los períodos de muchas interrupciones de servicio propios de las estaciones de transición.
Combinar un uso más eficiente de los activos antiguos con el despliegue distribuido de tecnologías flexibles de respuesta a la demanda para optimizar los flujos de transmisión permitiría a los operadores del mercado habilitar rápida y fácilmente grandes cantidades de capacidad de red varada. En todo el mundo, el mayor obstáculo para ello es la falta de incentivos regulatorios y basados en la rentabilidad. Este tipo de estímulo podría impulsar a los operadores de la red y a las empresas de servicios públicos a utilizar con más eficiencia los activos existentes, en vez de recompensarlos únicamente por construir nuevos equipos.
Por qué tiene sentido retrasar el cierre de centrales de combustibles fósiles
En lugar de apresurarnos a toda costa a cerrar las centrales de combustibles fósiles envejecidas, consideremos retrasar su retiro para que sigan disponibles, principalmente como generación de uso limitado durante fenómenos extremos. Esta estrategia es mucho más rentable para atender las crecientes preocupaciones sobre la fiabilidad en un momento de rápido aumento de la demanda eléctrica y costos de construcción disparados.
Quizá más importante aún, pausar el cierre de centrales térmicas daría tiempo a los operadores del mercado, los organismos normativos y los políticos para observar cuánto crecerá finalmente la demanda de electricidad como resultado del actual auge de la IA. Podrían aprovechar ese tiempo para desarrollar normas de mercado y vías de acceso que fomenten el despliegue de las tecnologías más actuales y de las soluciones más rentables.
Un esfuerzo mundial concertado para utilizar con más eficiencia las centrales eléctricas y las líneas de transmisión construidas hace décadas podría ayudar a evitar una expansión excesiva y potencialmente costosa de infraestructura innecesaria y rápidamente obsoleta, en esta nueva era de crecimiento estratégicamente vital del suministro eléctrico.


