La alianza que impulsó una revolución energética

La alianza que impulsó una revolución energética
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En un momento en que escasean las buenas noticias económicas, la observancia de ayer del Día Mundial de la Energía ofreció la oportunidad de celebrar algunas noticias positivas – positivas, al menos, desde el punto de vista de las economías desarrolladas del mundo, que últimamente han tenido dificultades para recuperarse de un estancamiento prolongado.

Un factor importante que motivó el foro del Día Mundial de la Energía sobre “La cara verde de la seguridad energética”, convocado en Washington por la Delegación de la Unión Europea en Estados Unidos, fue la reciente caída brusca de los precios mundiales de la energía. El descenso del coste de la energía, gracias al enorme aumento de los suministros de petróleo y gas natural, está ahora en condiciones de proporcionar a las economías avanzadas un estímulo adicional muy necesario.

Además, el actual exceso mundial de petróleo y gas natural también ofrece la oportunidad de subrayar un ejemplo de un programa de innovación exitoso que ha contribuido a fortalecer la competitividad económica. El éxito del programa estadounidense a largo plazo para crear métodos nuevos y mejores de producción de petróleo y gas natural – un éxito que ha transformado el sector energético mundial – ilustra la creatividad que puede liberar la cooperación público-privada cuandolos gobiernos y las industrias, trabajando juntos, invierten con paciencia para fortalecer la productividad en industrias y sectores específicamente seleccionados.

El precio mundial del petróleo crudo ha caído alrededor de un 25 por ciento – desde más de 110 dólares por barril a mediados del verano hasta unos 80 dólares por barril esta semana – gracias a una combinación de la reducción de la demanda (debido a la débil actividad económica en muchos países industrializados) y al aumento considerable de la producción de petróleo y gas natural. Pese a las tensiones geopolíticas que afectan actualmente a varias regiones productoras de petróleo importantes, se prevé que sigan llegando grandes suministros de petróleo y gas natural al mercado, lo que mantendrá la presión a la baja sobre los precios de la energía.

Gran parte del aumento de la oferta tiene su origen en América del Norte, donde “la revolución en el gas de esquisto estadounidense y el ‘petróleo de yacimientos compactos’ es real”, según el experto en política energética e historiador Daniel Yergin. Escribiendo esta semana en el Financial Times, Yergin señaló que “la producción de petróleo crudo de Estados Unidos ha aumentado casi un 80 por ciento desde 2008, lo que aporta 3,9 millones de barriles adicionales al día. . . . Las arenas bituminosas de Canadá han añadido otro millón de barriles diarios a la oferta norteamericana durante el mismo período.”

La caída del precio de los suministros de energía ayuda a aliviar parte del pesimismo que reinó en las recientes Reuniones Anuales del Grupo Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. La revolución energética está en condiciones de generar un impacto económico positivo y poderoso: a medida que las industrias y los consumidores paguen menos por el petróleo y el gas natural, recibirán el equivalente a una rebaja fiscal, y Yergin calcula que su beneficio asciende a unos 160.000 millones de dólares al año, solo en la economía de Estados Unidos. Un estímulo de esta naturaleza, si también ayuda a reactivar la actividad económica en Europa, impulsará las economías que se han visto sumidas en lo que amenaza con convertirse en un “estancamiento secular” a largo plazo.

Para los automovilistas occidentales, que llevan mucho tiempo sufriendo y que ahora pagan menos en la gasolinera –y para los consumidores de gasóleo de calefacción y gas natural que aguardan sus primeras facturas de calefacción de la temporada fría–, la caída del precio del petróleo y el exceso de gas natural pueden parecer un deus ex machina económico.

Conviene, por tanto, recordar: ¿qué impulsó la llegada de estos nuevos suministros de energía? Nuevas técnicas – “fracturación hidráulica” y “perforación horizontal” – han ayudado a extraer de formaciones rocosas subterráneas yacimientos de petróleo y gas natural que antes eran de difícil acceso.

Y cómo se desarrollaron esas técnicas? Mediante programas de innovación bien orientados que fueron financiados inicialmente por el gobierno de Estados Unidos y que luego aplicaron los innovadores del sector energético.

Una las piezas: esta revolución llegó gracias a iniciativas de inversión con visión de futuro e impulsadas por el gobierno para promover industrias competitivas e innovación.

Puestos en marcha durante las administraciones de Ford y Carter –cuando las repetidas crisis del petróleo generaban temores de que el mundo industrializado se viera amenazado por recortes de producción y subidas de precios de los países ricos en petróleo–, los esfuerzos pragmáticos de I+D en métodos alternativos de producción de petróleo se llevaron a cabo de forma constante por el Departamento de Energía de Estados Unidos (DOE) y la U.S. Bureau of Mines, apoyándose en conocimientos tecnológicos clave de la red de laboratorios nacionales de investigación financiada con fondos de los contribuyentes.

Una vez que esa investigación inicial financiada por el gobierno sentó las bases de nuevas tecnologías y técnicas, el sector privado entró en juego y desempeñó su papel indispensable. Una asociación público-privada a través del Gas Research Institute ayudó a perfeccionar las nuevas técnicas, mientras que las políticas fiscales favorables a la innovación concedieron un tratamiento fiscal federal ventajoso al compromiso de I+D de los inversores con el sector energético. Un defensor de las nuevas tecnologías, George P. Mitchell, promovió con fervor la fracturación hidráulica y la perforación horizontal, incluso cuando los escépticos se burlaban. Investigadores del Breakthrough Institute afirman: “Donde Mitchell resultó inestimable fue [en] vincular el trabajo de los investigadores gubernamentales y en combinar diferentes tecnologías desarrolladas a nivel federal para crear un producto comercial.”

La experimentación decidida de Mitchell con las nuevas tecnologías se apoyó en la crucial inversión gubernamental en I+D. Su espíritu emprendedor fue aún más notable si se tiene en cuenta la oposición de numerosos absolutistas del libre mercado en el Capitolio, que despreciaban cualquier tipo de asociación público-privada que tolerara un papel gubernamental activo. El equipo de Mitchell reconoce el mérito a quien corresponde: “El DOE lo inició, y otras personas tomaron el relevo y lo llevaron adelante”, según el antiguo vicepresidente de Mitchell y geólogo jefe. “No se puede minimizar la participación del DOE.”

De hecho, el impacto de los menores precios del petróleo y del gas natural es tan dramático que algunos especialistas en política energética, como se analizó en el evento de hoy de la Unión Europea, comprensiblemente se preocupan de que los precios más bajos de la energía puedan adormecer a los gobiernos y a los consumidores con una falsa sensación de seguridad: los costes energéticos más bajos pueden eliminar un estímulo basado en el precio para seguir invirtiendo en fuentes de energía alternativas más limpias y sostenibles. Esa preocupación supone sin duda un auténtico desafío para la estrategia a largo plazo de energía limpia y de lucha contra el cambio climático. Para evitar ese resultado se necesitarán iniciativas de innovación y, quizá, ajustes en la política fiscal que promuevan la inversión en fuentes de energía sostenibles e impongan desincentivos al uso de combustibles fósiles que intensifican las emisiones de gases de efecto invernadero. Estas medidas ayudarían a diversificar la combinación de fuentes de energía de manera que, a largo plazo, reduzcan de forma constante la dependencia de todas las formas de combustibles fósiles y aceleren la transición hacia las fuentes renovables.

Al mirar atrás en la historia de los actuales precios más bajos del petróleo y del gas natural, uno se siente tentado a decir: una política industrial bien orientada –o, si prefiere usar la jerga modernizada,estrategias de competitividad – inspiró la revolución actual de la política energética. Es la última prueba de que las estrategias de competitividad, con el sector público y el sector privado desempeñando ambos un papel constructivo, pueden contribuir a un cambio económico positivo.

Así que la próxima vez que un defensor dogmático de la pasividad del laissez-faire intente decirle que el gobierno siempre debe mantenerse completamente al margen de la economía, o se burle de que todas las formas de estrategia de competitividad son meros intentos condenados al fracaso de “elegir ganadores y perdedores”: recuérdele que el laissez-faire es fatalista respecto al impacto económico positivo de laasociación entre gobierno e industria que desencadenó la revolución del gas de esquisto y del petróleo de yacimientos compactos. Ese éxito, dirigido por el gobierno e impulsado por el sector privado, aporta pruebas contundentes de quelas estrategias activistas que promueven la investigación y la inversión en sectores prioritarios de la economía, pueden generar un espectacular rendimiento en forma de mayor productividad.

Publicado en colaboración con Banco Mundial

Autor: Christopher Colford es oficial de comunicación del Banco Mundial, en su Red de Desarrollo del Sector Financiero y Privado.

Imagen: Una llamarada de gas natural se ve en las afueras de Williston, Dakota del Norte, el 12 de marzo de 2013. REUTERS/Shannon Stapleton

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