La energía nuclear recibe cada vez más apoyo en la lucha contra el cambio climático.
Alcanzar las emisiones netas cero de carbono requerirá duplicar la capacidad nuclear.
Tecnologías como los reactores modulares pequeños y los depósitos de combustible gastado están aumentando la accesibilidad y la seguridad de la energía nuclear.
Cuando, junto con un equipo de expertos del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), me dirigía a la conferencia climática COP26 de la ONU en Glasgow en noviembre pasado, la creciente crisis energética ya se hacía evidente en las colas en las gasolineras y en las conversaciones preocupadas por el aumento del 400 % en los precios del gas natural.
Impulsar la energía nuclear en la lucha contra el cambio climático
Por primera vez, la energía nuclear estuvo representada en la mesa de la COP y su creciente aceptación, especialmente entre los jóvenes, era palpable. La energía nuclear llevaba mucho tiempo esperando este momento; produce más energía baja en carbono que cualquier otra fuente, salvo la hidroeléctrica.
Hoy, apenas unos meses después de la COP, vemos cómo las consecuencias del conflicto militar en Ucrania empiezan a convertir ese interés en acción. Gobiernos de Bélgica a Japón han anunciado su intención de prolongar la vida útil de las centrales nucleares, alegando inquietud por la inestabilidad geopolítica. En todo el mundo, los líderes están preocupados por la escasez de petróleo y gas natural y por las fuertes subidas de los precios de la electricidad y la gasolina, que socavan las economías y la estabilidad política de sus países.
El director de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) la califica como nuestra primera crisis energética mundial. Hay pocas dudas de que esta crisis acelerará un cambio en nuestra infraestructura energética. Aún está por decidir si serán el carbón y el gas, o la energía nuclear, los que trabajen junto con la energía hidroeléctrica, eólica, solar y otras renovables para suministrar electricidad ininterrumpida. Si, pese a las presiones a corto plazo, los gobiernos dan prioridad a avanzar hacia precios más previsibles a largo plazo, cumplir sus objetivos climáticos y reducir los 8 millones de muertes anuales causadas por la contaminación atmosférica, la capacidad nuclear crecerá.
Los pronosticadores, incluidos los del Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, la AIE y el OIEA, han analizado los datos que sustentan la situación actual y las metas que los países dicen querer alcanzar en las próximas décadas, y han concluido que el camino requerirá duplicar la capacidad nuclear.
Confío en que se puede lograr. Ya se ha logrado antes. El cuarenta por ciento de las centrales nucleares que operan hoy se construyeron como consecuencia de la última gran crisis energética y ahora, tras importantes costos iniciales, suministran parte de la electricidad más barata del mundo. Desde el punto de vista técnico, la energía nuclear tiene la ventaja de la alta densidad energética del átomo, lo que significa que puede suministrar energía ininterrumpida a gran escala con una huella física y de carbono comparativamente mínima; su combustible puede almacenarse para evitar grandes fluctuaciones de precios o interrupciones del suministro; y el volumen físico de sus residuos es pequeño.

Más de 440 reactores nucleares en funcionamiento en todo el mundo producen una cuarta parte de la electricidad baja en carbono, y actualmente hay más de 50 reactores en construcción. Unos 30 países están estudiando, planificando o preparando activamente la construcción de centrales nucleares, pues consideran que ofrecen fuentes fiables de energía baja en carbono a largo plazo y estimulan la actividad económica y el empleo.
A medida que una parte considerable de la flota actual de reactores nucleares llega al final de su vida útil prevista, varios países están prolongando con éxito su funcionamiento, ganando tiempo para poner en marcha nuevas fuentes bajas en carbono. Hemos avanzado mucho desde que esos reactores se construyeron en las décadas de 1970 y 1980. Y, lo que es importante, ya existe una solución técnica para la cuestión fundamental de qué hacer con los residuos nucleares. El depósito de combustible gastado de Onkalo, en Finlandianos muestra el camino a seguir, y varios otros países también están trabajando en proyectos de este tipo.
Mientras tanto, se están desarrollando innovaciones como los reactores modulares pequeños (SMR, por sus siglas en inglés). Cuando lleguen al mercado, ofrecerán opciones a países e industrias para los que los reactores más grandes quizá no sean la opción adecuada. Los SMR serán más rápidos y asequibles de construir, tendrán un mayor nivel de seguridad inherente gracias a su diseño, ofrecerán más flexibilidad para combinarse con fuentes renovables variables, como la solar y la eólica, y están siendo desarrollados por muchos países de todo el mundo.
Sin embargo, hay requisitos importantes que deben tenerse en cuenta. Para construir SMR o cualquier central nuclear, las condiciones regulatorias y de financiación deben ser adecuadas. Aún queda trabajo por hacer en este ámbito. La industria cuenta con mucha experiencia sobre la que apoyarse y algunos países, entre ellos el Reino Unido, están dando con respuestas innovadoras en materia de regulación y financiación.
Onkalo, en Finlandia, puede servir de referente, pero más países tendrán que seguir trabajando en soluciones para los residuos nucleares actuales y futuros, tanto mediante su reciclaje y reutilización como con la construcción de depósitos. A lo largo de todo el ciclo del combustible, la seguridad tecnológica nuclear, la seguridad física y las salvaguardias —ámbitos esenciales del mandato del OIEA— son fundamentales para el futuro de la energía nuclear. Constituyen la base esencial de la confianza pública, que se construye mediante una comunicación pública honesta y constante y la participación de las partes interesadas.
Confío en que, en estos ámbitos de importancia crucial, la comunidad internacional seguirá trabajando de forma conjunta, pese a cualquier desacuerdo geopolítico más amplio. Mi confianza no se basa únicamente en que el OIEA ayudará a hacerlo realidad, sino también en que he visto cómo ocurre incluso en los últimos meses.
En marzo, mientras el conflicto en Ucrania ocupaba la mente y el corazón de todos, los Estados partes se reunieron en Viena y examinaron con éxito la Convención sobre la protección física de los materiales nucleares, confirmando el compromiso mundial con la seguridad física nuclear. Y cada día veo que los países siguen trabajando en su aplicación, compartiendo conocimientos especializados y ofreciendo apoyo en muchos ámbitos de la energía y la ciencia nucleares.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial respecto a la transición hacia la energía limpia?
Las decisiones que toman hoy los científicos, los líderes y la ciudadanía me dan esperanzas de que la crisis energética que estamos viviendo será un catalizador para acelerar la transición hacia un futuro energético bajo en carbono, en el que la energía nuclear suministre electricidad y respalde el paso a una economía del hidrógeno, al tiempo que ayuda a descarbonizar sectores industriales y de transporte difíciles de transformar. Depende de todos nosotros asegurarnos de no desperdiciar esta oportunidad.

