Los desafíos de hoy no pueden resolverse con las soluciones de ayer.
Nuestra recuperación debe basarse en la creación de valor integral, y ahí es donde entra en juego el enfoque de valor sistémico.
Desde esta perspectiva, el desarrollo sostenible puede vincularse con los esfuerzos de descarbonización que allanan el camino hacia una economía de cero emisiones netas.
Hoy, el mundo afronta una serie de emergencias globales convergentes relacionadas con la economía, el medio ambiente y la sociedad.
Los nuevos desafíos y la rapidez de los cambios necesarios no pueden afrontarse con soluciones del pasado. Seguir haciendo las cosas como siempre ya no es una opción; solo demuestra que nuestros sistemas actuales han fracasado a la hora de garantizar la sostenibilidad económica, social y ambiental.
Economía de cero emisiones netas: invertir en el futuro que queremos
Ha llegado el momento de preguntarnos, como sociedad, si las inversiones que impulsan la recuperación económica crearán valor a largo plazo. Hay muchas formas de estimular la economía y el empleo, pero solo una permite hacerlo y, al mismo tiempo, mejorar el medio ambiente: invertir en infraestructuras con bajas emisiones de carbono.
Las tecnologías limpias son fundamentales para la recuperación verde: constituyen una inversión ejemplar que genera valor inmediato y futuro, y puede crear una economía más resiliente mientras combate el calentamiento global. De hecho, decidir si se invierte o no en tecnologías con bajas emisiones de carbono equivale a decidir si se invierte en el futuro o en el pasado.
Gracias a las lecciones aprendidas de crisis anteriores, crece el consenso sobre la necesidad de construir una recuperación basada en la creación de valor integral. De hecho, centrarse tradicionalmente en los costos no sirve para encontrar soluciones a los problemas interconectados del presente.
Los nuevos desafíos requieren nuevos sistemas de soluciones
Si queremos prosperidad más allá de los criterios de costos, las industrias deben valorarse por su capacidad de crear riqueza sin externalidades negativas.
Sin embargo, el cambio real hacia una economía de cero emisiones netas requiere una perspectiva basada en el pensamiento sistémico. Por eso, ACCIONA ha colaborado con el Grupo de Acción de la Industria Eléctrica del Foro Económico Mundial para crear el nuevo marco de valor sistémico.
Este marco evalúa de forma más integral los resultados económicos, ambientales, sociales y técnicos de las posibles soluciones energéticas en distintos mercados. Su objetivo es ampliar el enfoque político y comercial más allá de los costos, para incluir el valor y acelerar la transición hacia una economía de cero emisiones netas.
Hace apenas unos años, fijar un horizonte de neutralidad de carbono era un ideal utópico. Hoy, países y empresas exigen un horizonte de descarbonización total, algo que ACCIONA siempre ha defendido.
Si tomamos como ejemplo lo ocurrido con las energías renovables, las principales organizaciones del sector energético han subestimado durante años su ritmo de crecimiento. Esta es una de las muchas razones para el optimismo. Ahora más que nunca, la misión es posible: solo tenemos que ampliar el uso de tecnologías que ya existen.
Reconocer todo el valor que las infraestructuras con bajas emisiones de carbono aportan a la economía acelerará la transición hacia un futuro con bajas emisiones de carbono o una economía de cero emisiones netas. El contexto de cada país o región varía según una combinación de distintos puntos de partida para la transición energética, diferentes niveles de ambición y distintos grados de dependencia de las cadenas de suministro y los combustibles fósiles.
Independientemente del contexto geográfico, tanto los «mercados de adición» (aquellos donde la demanda de electricidad crece de manera significativa) como los «mercados de sustitución» (aquellos donde la demanda no crece y predomina la capacidad instalada de origen fósil) entienden que la neutralidad de carbono para 2050 no es negociable, por el simple hecho de que la naturaleza no entiende de inacción climática.
El estrecho vínculo entre la descarbonización y el desarrollo sostenible
Un análisis del Foro Económico Mundial, con el apoyo de Accenture, muestra oportunidades de recuperación a corto plazo vinculadas a la expansión de las energías renovables en distintos mercados, independientemente de la etapa en que se encuentre cada país en su propia transición hacia la energía limpia: desde mejorar la infraestructura de la red eléctrica en India hasta ampliar la energía eólica terrestre y solar en Estados Unidos, pasando por el uso creciente de las renovables para electrificar la movilidad, la calefacción y la industria en Europa.
De hecho, esto es especialmente importante en los países en desarrollo. Actualmente, se estima que 840 millones de personas siguen sin tener acceso a la electricidad y 2.600 millones carecen de acceso a combustibles limpios para cocinar.
En muchos países, las energías renovables y las tecnologías limpias ofrecen una solución a corto plazo, ya que pueden desplegarse rápidamente y generar más inversión y empleo, al tiempo que impulsan la transición hacia una economía sostenible y de cero emisiones netas.
Por ejemplo, el sector de las energías renovables de Sudáfrica es el mayor del África subsahariana y atrajo más de la mitad de toda la inversión en energía limpia entre 2009 y 2018; la inversión extranjera directa (IED) representó el 30 % de la inversión sudafricana en energía limpia. Una mayor implantación de las energías renovables mediante la IED puede garantizar fuentes nacionales de electricidad que no se vean afectadas por las cadenas de suministro de combustibles, reducir los niveles de contaminación y crear numerosas oportunidades de empleo, desde la fabricación de componentes locales hasta la construcción de instalaciones renovables.
¿Qué está haciendo el Foro Económico Mundial para impulsar la transición hacia la energía limpia?
La transición energética se amortiza por sí sola
En todos los países y contextos, invertir en soluciones de energía limpia ofrece muchos más beneficios que otras opciones. De hecho, la transformación prevista hacia una economía de cero emisiones netas se amortizaría por sí sola: cada dólar invertido generaría un retorno de entre 3 y 8 dólares gracias al ahorro derivado de la reducción de las externalidades.
Los períodos de crisis ofrecen la oportunidad de reflexionar sobre quiénes queremos ser cuando los superemos. En estos momentos, en los que se redefinen los modelos, es importante recordar que alcanzar un futuro que respete el planeta y a las personas es hoy más viable desde el punto de vista tecnológico que nunca.
Para obtener más información sobre el trabajo del Foro Económico Mundial en materia de valor sistémico, consulte https://www.weforum.org/projects/system-value

