Los proyectos de infraestructura energética se guían cada vez más por tecnologías digitales y una planificación ecológica.
Esto significa que las nuevas soluciones energéticas se centran más en proteger el suelo, el agua y la calidad del aire, además de generar electricidad.
En China, varios proyectos van más allá de los gigavatios para crear sistemas más adaptables y multifuncionales que evolucionan junto con la naturaleza.
A medida que países como China aceleran sus inversiones en energía limpia, resulta cada vez más claro que las energías renovables no solo están cambiando la forma en que abastecemos de energía al mundo, sino que están transformando profundamente la relación entre las personas y la naturaleza. Como resultado, la transición energética ha pasado de ser una vía hacia la descarbonización a convertirse en un catalizador de la transformación sistémica.
En China, las nuevas soluciones energéticas se guían por tecnologías digitales y una planificación ecológica. Estos innovadores proyectos energéticos impulsan la modernización industrial, restauran paisajes degradados y refuerzan la resiliencia climática. Promueven el desarrollo verde para ayudar a integrar la protección ambiental, la modernización económica y el progreso social.
Limpiar el aire: controles de emisiones e industria de cero emisiones netas
La descarbonización de la generación eléctrica sigue siendo la piedra angular de los esfuerzos mundiales de mitigación del cambio climático. En 2024, la capacidad mundial de generación eléctrica renovable aumentó un 15,1 %, y China representó más del 60 % de las nuevas instalaciones. Este rápido crecimiento desempeña un papel fundamental en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. En China, las emisiones de CO₂ de la generación eléctrica se han estabilizado pese al aumento de la demanda de electricidad.
Esta infraestructura de energía limpia sienta las bases para el surgimiento de conglomerados industriales de cero emisiones netas. Sectores emergentes como el hidrógeno verde, los vehículos eléctricos y los servicios digitales de energía se concentran en torno a centros de energía renovable. Estos ecosistemas industriales respaldan una descarbonización profunda de las actividades económicas tradicionales y generan empleo en los ámbitos técnico, de la construcción y de los servicios. Esto podría propiciar economías regionales más inclusivas y sostenibles.
Según la Comisión Nacional de Desarrollo y Reforma de China, iniciativas piloto en provincias como Mongolia Interior y Qinghai ya utilizan energías renovables para crear sistemas industriales integrados con bajas emisiones de carbono.
En la región de Ordos, en Mongolia Interior, se están desarrollando bases de demostración a gran escala de energía eólica, solar, hidrógeno y almacenamiento, junto con la modernización de parques industriales. Esto ayuda a sectores con altas emisiones, como la fabricación de productos químicos a partir del carbón, a avanzar hacia modelos de cero emisiones netas.
En la prefectura de Haixi, en Qinghai, la energía solar y eólica abastecen a industrias de gran consumo energético, como la fundición de aluminio y la producción de materiales para baterías. Esto está creando cadenas de valor electrificadas y descarbonizadas.
A medida que China avanza hacia sus objetivos duales de carbono, estos modelos integrados muestran cómo la infraestructura limpia, las cadenas de suministro modernas y el desarrollo regional pueden respaldar una transición justa y sostenible.
Recuperar la tierra: innovación solar y restauración ecológica
La desertificación se está acelerando debido al cambio climático y ya afecta a unos 500 millones de personasen todo el mundo. En este contexto, las medidas tradicionales, como la reforestación, la agrosilvicultura y la gestión sostenible de la tierra, siguen siendo fundamentales. El control de la desertificación con energía solar también está surgiendo como una solución innovadora basada en la naturaleza que complementa estos esfuerzos y amplía el potencial de los paneles solares o la energía fotovoltaica (FV) para contribuir tanto a la resiliencia ambiental como a la transición energética.
En el desierto de Gobi y la meseta de Loes, en China, grandes conjuntos de paneles fotovoltaicos están mitigando la degradación del suelo. Al reducir el polvo arrastrado por el viento y retener la humedad del suelo, estas instalaciones crean microclimas que favorecen el crecimiento de hierbas autóctonas y arbustos bajos, estabilizan el suelo y restauran la biodiversidad.
Los sistemas agrovoltaicos, que combinan la agricultura con la producción de energía solar, también se están expandiendo en China. Investigaciones recientes muestran que destinar a parques solares diseñados con criterios ecológicos incluso una pequeña parte de las tierras de cultivo que actualmente se utilizan para biocombustibles puede aumentar considerablemente la eficiencia energética y mejorar los servicios ecosistémicos.
El distrito de Zhangwu, en la provincia de Liaoning, sufrió una grave desertificación, pero ahora alberga un proyecto fotovoltaico de 500 megavatios que se conectó a la red en fase de prueba a finales de 2024. Esta iniciativa del Grupo China Huaneng integra el riego por goteo, el enriquecimiento orgánico del suelo y la plantación para recuperar tierras desertificadas.
Estos proyectos innovadores demuestran cómo la transición energética puede armonizarse con la restauración ecológica, recuperando tierras degradadas mientras se genera energía limpia. Los sistemas de energía renovable pueden servir de puente entre la infraestructura energética y la gestión responsable de los ecosistemas al recuperar tierras degradadas, aumentar la biodiversidad y permitir usos multifuncionales del suelo.
Equilibrar el ciclo del agua: energía hidroeléctrica y resiliencia climática
A medida que el cambio climático intensifica los fenómenos meteorológicos extremos y altera los patrones hidrológicos, la gestión del agua se ha convertido en un pilar central de la sostenibilidad regional en China. Gestionada mediante macrodatos y tecnologías avanzadas, la energía hidroeléctrica puede servir como herramienta multifuncional de resiliencia al generar energía limpia, almacenar agua y mitigar el riesgo de inundaciones y sequías.
En 2024, China registró 26 crecidas en los principales ríos, la cifra más alta desde que comenzaron los registros en 1998, lo que llevó al Ministerio de Recursos Hídricos del país a emitir 4.303 avisos de inundación. Los embalses hidroeléctricos desempeñaron un papel fundamental al almacenar 147.100 millones de metros cúbicos de agua de inundación, reduciendo considerablemente los daños y protegiendo vidas y bienes.
En el río Lancang, en el suroeste de China, 12 centrales hidroeléctricas en cascada utilizan sistemas digitales de supervisión y controles centralizados para toda la cuenca. Esto ha mejorado la eficiencia de la generación eléctrica en las estaciones húmedas y secas y ha optimizado la operación conjunta de los embalses.
Estos sistemas contribuyen a la resiliencia hídrica regional. Durante las graves sequías del río Mekong de 2016 y 2019, las descargas de emergencia aguas arriba ayudaron a aliviar la escasez aguas abajo. Solo en 2016 se liberaron 12.650 millones de metros cúbicos de agua: un 85 % más que el caudal natural registrado en la estación hidrológica de Jinghong.
Las instalaciones hidroeléctricas de China se han convertido gradualmente en parte integral de su infraestructura verde. En este contexto, la energía hidroeléctrica no es solo un vector energético, sino también una plataforma para la planificación integrada del agua y la energía. Esta infraestructura renovable promueve la resiliencia climática, los servicios ecosistémicos y la colaboración transfronteriza, elementos fundamentales del desarrollo sostenible en un clima cambiante.
Reimaginar la energía para un futuro más verde
A medida que el mundo avanza hacia los objetivos de cero emisiones netas, las nuevas soluciones energéticas deben diseñarse teniendo en cuenta tres cuestiones fundamentales: la reducción de carbono, la seguridad del suministro energético y la regeneración ecológica y el desarrollo sostenible.
Este enfoque integrado también refleja la necesidad de una coexistencia armoniosa entre la humanidad y la naturaleza. Significa que las nuevas soluciones energéticas deben ir más allá de los gigavatios y convertirse en sistemas más adaptables y multifuncionales que evolucionen junto con la naturaleza. Así podemos reimaginar la energía como una fuerza regeneradora para las personas y el planeta.


