Para alcanzar el cero neto, necesitamos algunos cambios de comportamiento. Un especialista en psicología analiza el desafío

If we can recycle, can we also embrace other behaviours that will help us get to net zero?
Getting to net zero involves decision-making by people as agents of change.Image: REUTERS/Molly Darlington
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  • Tres quintos de las medidas necesarias para alcanzar el “cero neto” requieren un cambio de comportamiento y social, según el Comité sobre el Cambio Climático del Reino Unido.

  • Lorraine Whitmarsh, catedrática de Psicología Ambiental, explica cómo es probable que la ciudadanía del Reino Unido se adapte a estos cambios.

  • Whitmarsh establece comparaciones con los cambios de comportamiento provocados por la COVID-19 como posible modelo para el cambio ambiental.

Tres quintos de las medidas necesarias para alcanzar las emisiones “cero neto” requerirán al menos cierto grado de cambio de comportamiento y social, según los asesores climáticos del Gobierno del Reino Unido, el Comité sobre el Cambio Climático. Sin embargo, esto solo tiene en cuenta los cambios en el comportamiento de los consumidores, como pasar de coches de gasolina a coches eléctricos, o de calderas de gas a bombas de calor. Se trata de una definición muy restrictiva del cambio de comportamiento y social. Las personas no son solo consumidores; son ciudadanos, padres y madres, miembros de comunidades, empleados, empleadores y actores políticos

Como especialista en psicología ambiental, llevo mucho tiempo interesándome por cómo los cambios en nuestro comportamiento cotidiano pueden ayudar a combatir el cambio climático. Estos cambios no se limitan a que las personas compren coches eléctricos y coman menos carne roja, aunque este comportamiento de consumo es importante. Otros cambios incluirán que más personas acepten infraestructuras bajas en carbono a gran escala, o que decidan emprender acciones políticas (votar, protestar, boicotear) o acciones comunitarias y de voluntariado. Y también significará que más personas creen y difundan narrativas que normalicen y promuevan estilos de vida bajos en carbono, y que denuncien la inacción de empresas, gobiernos, amigos y familiares.

Si se utiliza esta definición más amplia de “cambio de comportamiento”, se deduce que cerca del 100 % de lo necesario para alcanzar el cero neto requerirá al menos cierto grado de cambio de comportamiento, porque implica la toma de decisiones por parte de las personas como agentes de cambio.

Una cuestión de cuándo

Los investigadores reconocen cada vez más la importancia no solo de cómo intervenir para lograr un cambio social y de estilo de vida, sino también cuándo. Gran parte de nuestro comportamiento es habitual: rutinas inconscientes desencadenadas por señales contextuales (“son las 8 de la mañana, hora de ir al trabajo”) en lugar de una deliberación consciente entre alternativas (“¿qué medio de transporte sería el mejor hoy?”). Los hábitos figuran entre los mayores obstáculos para el cambio de estilo de vida, pues actúan para “consolidar” el comportamiento. Asimismo, el cambio organizacional y normativo puede verse frustrado por las rutinas y la preferencia por el statu quo.

Pero, dado que los hábitos y las rutinas se activan con contextos estables, como empezar a trabajar en el mismo lugar y a la misma hora todos los días, un cambio de contexto altera los hábitos. En coherencia con ello, los “momentos de cambio” se han identificado como una de las palancas más importantes para el cambio de estilo de vida. Las investigaciones muestran que las alteraciones, ya sean personales (como mudarse de casa) o sociales (una recesión económica, fenómenos meteorológicos extremos), pueden ofrecer oportunidades para transformar las prácticas sociales, por ejemplo, pasar de desplazarse al trabajo en coche a teletrabajar desde casa.

Además, las intervenciones dirigidas a estos momentos de cambio son más eficaces que en otros momentos. Por ejemplo, las medidas para reducir el uso del coche y ahorrar energía son más eficaces cuando se programan para justo después de mudarse. Otras oportunidades para intervenir incluyen hitos como el inicio de un nuevo año o cumplir 18 años, tener un hijo, jubilarse o la COVID-19.

La pandemia ha demostrado hasta qué punto el cambio de comportamiento puede ser a gran escala y rápido. El paso a lo que podríamos llamar «vida en confinamiento» ha reducido involuntariamente las emisiones de carbono. A medida que salimos del confinamiento, ¿cómo podemos aprender de este cambio?

Momentos de cambio provocados por la COVID

La COVID-19 ha provocado quizá la mayor alteración de los estilos de vida desde la Segunda Guerra Mundial. La ciudadanía trabaja, consume e interactúa de nuevas formas, algunas de las cuales pueden resultar más deseables tanto a nivel personal como ambiental. Las restricciones por la COVID han reducido los desplazamientos al trabajo, los vuelos, el consumo y el desperdicio de alimentos, y han fomentado aficiones más respetuosas con el clima, como la jardinería y la lectura. Muchas personas tienen intención de mantener estos cambios impuestos en su estilo de vida una vez levantadas las restricciones, porque les aportan beneficios más amplios, como ahorrar dinero y mejorar la salud y el bienestar.

Es importante señalar, por supuesto, que las intenciones no siempre se traducen en un cambio de comportamiento. Dado que los nuevos hábitos tardan dos o tres meses en formarse, los periodos de confinamiento en la mayoría de los países han sido lo bastante largos como para establecer nuevas rutinas. Sin embargo, al levantarse las restricciones existe el riesgo de recaída en los hábitos anteriores, sobre todo si las medidas de estímulo económico favorecen un consumo desenfrenado y con alta intensidad de carbono.

Muchas personas tienen intención de mantener los cambios impuestos en su estilo de vida una vez levantadas las restricciones por la COVID. Image: Centro para el Cambio Climático y las Transformaciones Sociales

Por tanto, aunque la COVID-19 puede representar una ventana de oportunidad única, es probable que el cambio hacia estilos de vida bajos en carbono solo se produzca con una infraestructura adecuada y con incentivos que promuevan y consoliden nuevas rutinas. Afortunadamente, existe un fuerte apoyo público a una recuperación verde y a políticas que incluyan el cambio a un transporte bajo en carbono o la reducción del consumo de carne roja. Esto proporciona un mandato para adoptar medidas climáticas audaces que establezcan y consoliden hábitos bajos en carbono.

A medida que las restricciones por la COVID se relajan en el Reino Unido y en otros lugares, y las personas vuelven a cambiar su comportamiento, debemos pensar en cómo “reconstruir mejor”. Alcanzar el cero neto será central en esa misión, y que se logre dependerá, en gran medida, del cambio de comportamiento.

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