La gran carrera por los minerales: ¿cómo podemos suministrar los materiales necesarios para la transición energética?

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  • Con el avance de las tecnologías de energía limpia, se prevé que la demanda de determinados minerales críticos aumente hasta un 500%.

  • No satisfacer la demanda retrasará la transición energética y podría provocar un aumento de las tensiones geopolíticas.

  • Los gobiernos deben actuar para reducir al mínimo los riesgos de escasez en el suministro de minerales.

Los últimos años han sido especialmente difíciles en muchos sentidos, y no cabe duda de que se necesita un nuevo enfoque con el objetivo de lograr un futuro más justo, equilibrado, seguro y sostenible. Se han fijado los objetivos climáticos mundiales y hoy todos sabemos adónde debe llegar el mundo en 2030. Pero ¿vamos a ser capaces de lograr esta transformación prevista?

Cada vez resulta más claro que corremos un grave peligro de no alcanzar los objetivos de reducción de temperaturas y de descarbonización de los sistemas mundiales para 2030. Además, debemos afrontar una incertidumbre aún mayor en relación con la aplicación de tecnologías nuevas o más limpias, lo que depende en gran medida de la disponibilidad de los minerales críticos necesarios para la transición energética.

La escasez de minerales

Para 2050, la capacidad de energía renovable debe triplicarse en el marco del Escenario de Políticas Anunciadas (STEPS) y puede multiplicarse por seis en el marco del Escenario de Desarrollo Sostenible. Estos esfuerzos por desplegar fuentes de energía e infraestructuras más limpias están directamente vinculados a la capacidad de suministrar los materiales utilizados para fabricar aerogeneradores, paneles solares, vehículos eléctricos y redes eléctricas.

Según la AIE, un coche eléctrico típico requiere seis veces más insumos minerales que un coche convencional, y una central eólica terrestre requiere nueve veces más recursos minerales que una central de gas. Desde 2010, la cantidad media de minerales necesaria para una nueva unidad de capacidad de generación eléctrica ha aumentado un 50 % a medida que ha crecido la proporción de energías renovables en las nuevas inversiones.

Las principales instituciones del mundo, desde organismos internacionales hasta grupos de reflexión, el mundo académico y otros, han destacado el papel fundamental de los minerales para la transición energética. Las previsiones muestran aumentos relativos de gran magnitud en la demanda de hasta casi un 500% de determinados minerales, especialmente los concentrados en las tecnologías de almacenamiento de energía.

Conscientes de la brecha existente entre la oferta y la demanda de minerales críticos, la industria, los gobiernos y los organismos internacionales ya estudian numerosas respuestas para atender la creciente demanda, como ampliar las minas existentes, desarrollar otras nuevas, diseñar modelos circulares y centrarse en la eficiencia de la extracción, entre otras. No obstante, estas soluciones podrían no llegar con rapidez debido a múltiples factores, como el tiempo necesario para desarrollar nuevos proyectos, las restricciones de licencias, la volatilidad geopolítica, el acceso al capital y las cadenas de suministro no operativas. Los gobiernos y los reguladores podrían necesitar actuar para evitar posibles escaseces críticas en los mercados de metales.

Riesgos materiales

El mundo necesita una transición energética rápida para alcanzar los objetivos y las proyecciones definidos a escala mundial. Surgen tres riesgos si no logramos corregir los desequilibrios entre la oferta y la demanda de materiales para la transición energética, y si nuestros esfuerzos por cerrar las brechas existentes fracasan.

En primer lugar, se produciría un retroceso en la adopción de tecnologías de energía renovable y un aumento de la demanda de combustibles fósiles. Ya estamos viendo esta tendencia inversa en Europa como respuesta a la escasez de gas tras la guerra en Ucrania.

En segundo lugar, es probable que aumenten las tensiones geopolíticas a medida que los países compitan por asegurar el acceso a estos minerales críticos. Veríamos un nacionalismo de recursos creciente que se traduce en políticas comerciales y regulatorias más restrictivas, lo que limita el acceso a los materiales de algunos países y fragmenta la economía mundial.

En tercer lugar, al aumentar la actividad minera, consumiríamos más energía y agua, generaríamos más residuos y, por tanto, aumentaríamos la presión ambiental sobre los ecosistemas si la transición no se realiza de la manera más responsable.

Estos acontecimientos harían subir el precio de las materias primas y de las tecnologías energéticas, con un impacto directo en los consumidores finales, lo que retrasaría aún más la transición energética. En el plano comercial, no satisfacer la demanda también provocará una destrucción de valor debido al retraso en el despliegue de tecnologías limpias en distintos sectores y a la imposibilidad de capturar valor a partir de las altas valoraciones ESG.

Según la Agencia Internacional de la Energía, para cumplir los objetivos del Acuerdo de París, los sectores que contribuyen a la transición energética ecológica serán responsables de más del 45 % de la demanda total de cobre, del 61 % de la demanda de níquel, del 69 % de la demanda de cobalto y de un impresionante 92 % de la demanda de litio en 2040. Se trata de un aumento drástico respecto a los niveles del 8-29 % registrados a finales de la década pasada, y planteará un enorme desafío para el lado de la oferta del mercado; incluye el litio, el cobalto, el níquel, el manganeso y el grafito, que son fundamentales para las baterías de iones de litio de alto rendimiento de uso generalizado. La transmisión y distribución eléctrica, las redes y la infraestructura de generación de energía renovable requerirán cantidades significativas de cobre y aluminio, que constituyen la columna vertebral de la transición energética.

Para 2026, los vehículos eléctricos representarán la mitad de la demanda de cobalto. La mayoría de los fabricantes de vehículos eléctricos prevé presentar nuevos BEV (vehículos eléctricos de batería) para finales de 2024. Esto se alinea con el compromiso de 18 de los 20 mayores fabricantes de automóviles de Estados Unidos de ampliar su oferta de vehículos eléctricos; varios de ellos se han comprometido a pasar al 100 % eléctrico en los próximos años.

Estas estadísticas refuerzan aún más la idea de que los minerales críticos ejercerán presión sobre la transición energética. Según la AIE, los riesgos para la fiabilidad, la asequibilidad y la sostenibilidad del suministro de minerales son manejables, pero también son una realidad. La forma en que respondan los responsables políticos y las empresas determinará si los minerales críticos son un catalizador fundamental de las transiciones hacia la energía limpia o un cuello de botella en el proceso.

Minería: un nuevo enfoque

Comprender mejor los riesgos derivados del desequilibrio entre la oferta y la demanda de minerales críticos, así como sus implicaciones, es necesario y, sin duda, un primer paso hacia la acción. Ya conocemos la importancia del sector minero y de los metales para la transición energética, pero sigue siendo necesario pensar en estrategias que unan las acciones de los distintos sectores afectados por las brechas de minerales.

¿Cómo impulsa el Foro Económico Mundial la transición energética?

El Centro de Energía y Materiales conecta a líderes para comprender las complejas transiciones que están transformando los sistemas energéticos, de materiales e industriales. Ofrece una plataforma para explorar cómo se cruzan la seguridad energética, la asequibilidad y la sostenibilidad.

Mediante la colaboración a lo largo de las cadenas de valor y entre regiones, el Centro permite establecer vías compartidas que ayudan a los socios a alinearse en torno a soluciones prácticas para una transición segura, baja en carbono y equitativa.

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Prevenir el escenario desafiante ya señalado en numerosos estudios requiere más que replantear los procesos de producción, poner en marcha nuevas minas y centrarse en el reciclaje de materiales. Es necesario ir más allá de la planificación de la demanda y actuar definiendo estrategias capaces de hacer frente a los riesgos. Ha llegado el momento de un nuevo enfoque, centrado en construir una coalición capaz de afrontar los desafíos de forma integrada, sistemática y colaborativa.

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