Los minerales son componentes básicos fundamentales de muchas tecnologías que nos proporcionan energía renovable.
La pandemia ha puesto de manifiesto debilidades en las cadenas de suministro de minerales críticos, según un informe de la AIE.
La producción está concentrada en unos pocos países, sujetos a desafíos geopolíticos, mientras que la demanda, que crece con rapidez, podría dar lugar a escasez.
Se necesitarán inversiones inteligentes en capacidad minera y un abastecimiento responsable para estabilizar el mercado y alcanzar las emisiones netas cero en 2050.
Cuando pensamos en el cambio global hacia la energía renovable, los minerales no son lo primero que nos viene a la mente. Pero son componentes básicos esenciales para todo tipo de infraestructuras de energía limpia, desde los aerogeneradores y los paneles solares hasta los vehículos eléctricos y las baterías que los alimentan.
A principios de este año, el Banco Mundial pronosticó un aumento del 500 % en la producción de minerales como el grafito, el litio y el cobalto de aquí a 2050 para alimentar la transición energética.
Como en tantos otros sectores, la pandemia de COVID-19 ha sacado a la luz debilidades poco conocidas en las cadenas de suministro mundiales de minerales para la energía limpia. Por ejemplo, en Perú, uno de los principales proveedores mundiales de cobre, la minería se paralizó debido a las medidas de confinamiento del país. En Sudáfrica, el confinamiento alteró de forma significativa la producción mundial de platino, otro mineral esencial en muchas tecnologías de energía limpia.
Esto pone de relieve algunos de los riesgos asociados a la disponibilidad de minerales críticos. Gran parte de su producción mundial está concentrada en unos pocos países, que se ven afectados por desafíos geopolíticos y que, por tanto, podrían tener dificultades para satisfacer la demanda.
Minerales críticos: garantizar la disponibilidad
Un informe de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) expone ahora la necesidad de disponer de suministros fiables y abastecidos de forma responsable para impulsar la carrera hacia las emisiones netas cero de aquí a 2050, y cómo garantizar una disponibilidad adecuada.
Aumento de la demanda
Las tecnologías de energía limpia a menudo requieren más minerales críticos que sus equivalentes tradicionales. Un coche eléctrico utiliza cinco veces más minerales que un vehículo de combustión, y un parque eólico terrestre necesita ocho veces más minerales que una central de gas convencional de la misma capacidad. Asimismo, las centrales eléctricas de combustibles fósiles más eficientes necesitan bastante más níquel que sus homólogas menos eficientes.
El rápido aumento de los precios del cobalto entre 2016 y 2018 fue un ejemplo de la presión que la descarbonización puede ejercer sobre los minerales críticos, según indica el informe: el cobalto se utiliza en las baterías, junto con el litio.
El panorama geopolítico de
En comparación con los combustibles fósiles, la producción de muchos minerales críticos está concentrada en menos países: de hecho, los tres principales productores controlan bastante más de tres cuartas partes de la producción mundial.
Cerca de dos tercios del suministro mundial de tierras raras –que se utilizan en todo, desde imanes hasta pilas de combustible– se producen en China, que además domina la cadena de suministro de tierras raras más allá de la extracción.
Mientras tanto, tres cuartas partes del platino mundial procede de Sudáfrica. Cuando la producción se detuvo debido a las medidas de confinamiento por la COVID-19, la perturbación se dejó sentir en todo el mundo.
Esta concentración geográfica de los minerales críticos significa que los suministros pueden verse afectados no solo por factores geológicos y de mercado locales, sino también por cambios normativos. Las restricciones a las tierras raras procedentes de China y al níquel de Indonesia, junto con una prima sobre el cobalto impuesta por la República Democrática del Congo (que produce más del 70 % del suministro mundial), son ejemplos de cómo la geopolítica puede favorecer u obstaculizar la carrera del mundo hacia las emisiones netas cero, afirma la AIE.
Abastecimiento responsable
Lo que muestra el informe de la AIE es que, mientras el debate público sobre la lucha contra el cambio climático se centra en gran medida en el escaparate –las nuevas tecnologías que todos vemos contribuyendo a la reducción de CO2–, es igual de importante fijarse en la trastienda.
Esto significa que los minerales críticos con los que se fabrican estas tecnologías –como los aerogeneradores, los paneles solares y las baterías– también deben obtenerse de forma sostenible y responsable.
Como señala la AIE, en algunos mercados los mineros deben trabajar en condiciones de alto riesgo y algunos procesos de extracción son, en sí mismos, contaminantes. Por ejemplo, la extracción de tierras raras utiliza sustancias químicas nocivas y genera grandes volúmenes de residuos y aguas residuales, según indica la agencia.
Es hora de invertir en minerales críticos
Pero dar la vuelta a esta situación y establecer un ecosistema de “economía circular” para los minerales críticos supone un reto considerable.
“Todavía hay que inventar muchas de las técnicas para crear un suministro sostenible de minerales”, Bénédicte Cenki-Tok, profesora asociada de la Universidad de Montpellier, escribió en The Conversation. “Debemos invertir en geociencias, crear nuevas herramientas para la exploración, la extracción, el beneficio y la recuperación; tratar el material sobrante de la minería como un recurso en lugar de como residuo; desarrollar la minería urbana y encontrar sustitutos y procedimientos de reciclaje eficaces.”
En lo que respecta a la protección de la cadena de suministro de minerales, la AIE formula varias recomendaciones tanto para las empresas como para los gobiernos. Por ejemplo, es urgente seguir invirtiendo en nuevas minas para crear capacidad de cara al crecimiento futuro. Además, es necesario impulsar el abastecimiento y el reciclaje sostenibles y responsables de minerales críticos por encima de los niveles actuales.
Sin estas consideraciones, existe el riesgo de que los componentes básicos de las tecnologías sostenibles se conviertan en un obstáculo para su propio objetivo: alcanzar las emisiones netas cero en los próximos 30 años.


