La demanda de energía y la necesidad de que los países se aseguren de poder satisfacerla nunca habían sido tan grandes como hoy.
Hay una fuente de energía a la que cada vez más países recurren como parte de su matriz para garantizar la seguridad energética: el gas natural licuado (GNL).
El GNL es un combustible flexible cuyas deficiencias se abordan cada vez más mediante la innovación, lo que permite que sea una parte importante de un enfoque equilibrado y equitativo para satisfacer la demanda mundial de seguridad energética
La demanda de energía y la necesidad de que los países se aseguren de poder satisfacerla nunca habían sido tan grandes como hoy. El mundo intenta responder a esa demanda con una variedad cada vez más amplia de fuentes de energía más limpias: desde las renovables, como la eólica y la solar, hasta el creciente interés por la energía nuclear y las fuentes de origen biológico, como el combustible de aviación sostenible.
A pesar de esta diversidad y de la innovación que la impulsa, hay una fuente de energía a la que cada vez más países recurren como parte de su matriz para garantizar la seguridad energética: el gas natural licuado (GNL).
A principios de este año, por ejemplo, el uso de energía generada con gas se duplicó en la India, lo que redujo ligeramente el uso de combustibles fósiles con mayores emisiones para suministrar electricidad a la población. Dado que el gas producido en el país se destina en gran medida a usos como la producción de fertilizantes y el combustible para cocinar en las ciudades, gran parte de la nueva demanda de gas solo puede satisfacerse de forma fiable mediante importaciones de GNL.
Aunque las energías renovables y la nuclear están cobrando importancia y seguirán haciéndolo, el GNL destaca por su flexibilidad y sus múltiples aplicaciones. Estas son variadas. Vietnam, por ejemplo, apuesta con fuerza por el GNL importado y prevé construir 15 nuevas centrales eléctricas alimentadas con GNL de aquí a 2035, con una capacidad combinada superior a 22 gigavatios.
Según el informe Perspectivas del GNL 2024 de Shell, se prevé que la demanda mundial aumente más de un 50% de aquí a 2040. Este crecimiento estará impulsado en gran medida por el abandono de los combustibles fósiles con mayores emisiones, una transición que ya está en marcha en la India y más avanzada en otros mercados emergentes. Además de reforzar la seguridad energética, esto impulsa el desarrollo económico. Es necesario financiar y construir redes de distribución de gas, centrales eléctricas e instalaciones de fabricación; ese proceso crea empleo y hace crecer la economía local.
El reto de las emisiones
A pesar de todo esto, el GNL tiene detractores. Algunos cuestionan el paso a otro combustible fósil cuando existen muchos combustibles más respetuosos con el medio ambiente. En otras palabras, ¿cómo equilibramos la necesidad de seguridad energética, que el GNL satisface con facilidad, con la necesidad de reducir las emisiones que exige gran parte del mundo?
No hay una respuesta sencilla ni única, pero los argumentos a favor del GNL son sólidos. Ante todo, usar GNL en lugar de combustibles fósiles con mayores emisiones reduce de forma inmediata y considerable la intensidad de carbono, por no mencionar una reducción de casi el 100% de la contaminación por partículas.
También está la cuestión de la fiabilidad y la continuidad. Como muestra la experiencia de la India, aunque la energía eólica y la solar son excelentes recursos energéticos, son intermitentes; el GNL aporta estabilidad a la red cuando disminuye la generación renovable.
Más allá de estas ventajas relativas, el cambio al GNL también ha impulsado la innovación. Durante años, la promesa de capturar carbono en los puntos de extracción, licuefacción y combustión del gas fue más hipotética que escalable; hoy ya no es así. Cada vez hay más proyectos de captura de carbono a gran escala en marcha en todo el mundo, lo que demuestra que tenemos la capacidad de detener el carbono y mantenerlo bajo tierra, donde debe estar.
Del mismo modo, los avances en el uso de radares y drones para detectar fugas de metano, así como el refuerzo de los contenedores de almacenamiento y transporte de GNL, han empezado a reducir significativamente la intensidad de carbono de toda la cadena de suministro de GNL.
Podemos esperar que algún día el mundo funcione con una nueva fuente de energía, quizá algo que aún no hemos imaginado. Hasta entonces, sin embargo, contaremos con todas las fuentes mencionadas: una matriz energética que incluye la eólica, la solar, el hidrógeno, los biocombustibles, la energía nuclear (fisión) y, sí, el GNL, todas trabajando juntas para satisfacer nuestras necesidades mundiales.
Aunque cada fuente tiene sus deficiencias, también tiene sus ventajas. Esa historia de equilibrio es también la historia del GNL: un combustible flexible cuyas deficiencias se abordan cada vez más gracias a la innovación humana, lo que permite que sea una parte importante de un enfoque equilibrado y equitativo para satisfacer la demanda mundial de seguridad energética.


