América Latina necesita emprender una nueva etapa de desarrollo económico y social que, sobre la base de los logros alcanzados en materia de crecimiento económico y reducción de la pobreza, se centre en mejorar la infraestructura a largo plazo, los servicios públicos y el nivel de vida. Actualmente se está produciendo un cambio en el ámbito social y político, a medida que las políticas pasan a centrarse en mejorar la competitividad en el contexto de la inclusión social.
Argentina —anfitriona del Foro Económico Mundial sobre América Latina de este año, que se reúne esta semana— busca desarrollar su economía mediante su vinculación con el mundo, la cooperación entre los sectores público y privado y la reformulación de las relaciones entre las partes interesadas. Imagino que la evolución de la industria argentina del petróleo y el gas se convertirá en un hito de esta transformación más amplia.
La energía como caso de estudio del desafío latinoamericano
A nivel regional, ha cambiado la naturaleza de la base de recursos de la industria. América Latina es un importante productor de energía, que aporta el 12% del petróleo mundial y el 7% del gas natural mundial, y también es un consumidor significativo.
Sin embargo, la mayor parte de la producción actual de petróleo y gas de América Latina proviene de yacimientos convencionales maduros, mientras que los nuevos recursos son el shale, el presal, los yacimientos de aguas profundas y las arenas bituminosas. Todos estos recursos se encuentran cerca de sus límites técnicos y económicos en el entorno de precios actual. Los precios actuales de los hidrocarburos, consecuencia de la crisis de sobreoferta de 2014, dificultan que los países productores de la región mantengan sus niveles de producción.
En este entorno, las empresas productoras de América Latina están modificando su forma de trabajar y centrándose en:
(i) ajustar la estrategia de gastos de capital de exploración y desarrollo de cada empresa,
(ii) revisar y redefinir las relaciones entre las distintas partes interesadas de la industria, es decir, el Gobierno, las empresas operadoras, las empresas de servicios, los sindicatos y los clientes, y
(iii) introducir tecnologías avanzadas en el terreno.
Estos factores convergen en un mismo objetivo: lograr una mayor eficiencia para que los proyectos sean económicamente viables y, así, aumentar la producción y las reservas.
Argentina no es una excepción. El potencial de los recursos no convencionales genera esperanzas de una nueva etapa en la tendencia de producción y la reposición de reservas. La industria está sentando las bases para desarrollar los recursos de shale y otros recursos no convencionales de petróleo y gas de Argentina.
Recientemente, las partes interesadas de la industria firmaron un acuerdo que define las condiciones para desarrollar Vaca Muerta. El acuerdo busca mejorar la eficiencia operativa, garantizar la estabilidad regulatoria y establecer señales de precios alineadas con los mercados internacionales.
El acuerdo es un primer paso prometedor hacia la expansión de la actividad y el empleo, que se apoyaría en la experiencia de las empresas y la fuerza laboral ya establecidas en la cuenca.
Además, otros aspectos también deben madurar: el mercado de servicios petroleros debe volverse más competitivo; la infraestructura debe ampliarse y llegar hasta los márgenes de la cuenca; y la logística general debe mejorar para facilitar el acceso a los enormes volúmenes de materiales que exige la explotación no convencional. Por último, deben incorporarse las tecnologías y técnicas más recientes para mejorar la productividad.
Junto con el desafío de desarrollar los nuevos recursos, los países productores y las empresas operadoras de América Latina deben afrontar el reto de mantener la producción de los yacimientos convencionales con niveles competitivos.
La lucha contra el declive de la producción se basa en mejorar constantemente la eficiencia operativa y mantener un flujo continuo de inversiones.
Cerro Dragón, un yacimiento maduro operado por Pan American Energy con sesenta años de historia productiva, se ha revitalizado gracias a la excelencia operativa y a una visión de inversión a largo plazo, hasta convertirse en el principal yacimiento petrolífero productor de Argentina. La estrategia de desarrollo a gran escala adoptada en este yacimiento ha demostrado ser sólida al atravesar cambios regulatorios y altibajos del mercado.
El nuevo contexto del mercado y la realidad de los recursos sitúan la eficiencia en el centro del debate sobre el petróleo y el gas en América Latina.
Una gran oportunidad para sumarse al debate
Para la industria del petróleo y el gas, ha llegado el momento de trabajar en conjunto para desarrollar la vasta base de recursos de hidrocarburos de la región, con el fin de lograr un crecimiento sostenible y fortalecer el empleo. Este tema, junto con la integración de los mercados energéticos, la transición hacia una economía con menos emisiones de carbono y otros asuntos, hace que la agenda energética de nuestro Foro Económico Mundial sobre América Latina sea más interesante que nunca.
La perspectiva de la industria energética también permite percibir los desafíos más amplios que afronta la región. En los debates de nuestro Foro Económico Mundial, enriquecidos por la participación de personas de todas las industrias y de los sectores público y privado, descubriremos qué soluciones pueden ser viables y qué desafíos siguen pendientes. Sin duda, las partes interesadas de la región se beneficiarán de la perspectiva global que todos aportaremos a esta cumbre.


