Mantén la calma y apaga el aire acondicionado: el ahorro energético de Japón es un modelo para Europa

Japan's energy crisis a decade ago offers lessons on how to cope with energy shortages.
Japan's energy crisis a decade ago offers lessons on how to cope with energy shortages.Image: REUTERS/Issei Kato
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  • Los ministros de Energía de la UE han aprobado una propuesta para que los países miembros reduzcan voluntariamente el consumo de gas un 15 %, ante la incertidumbre sobre el suministro procedente de Rusia debido a la guerra en Ucrania.

  • Los hogares y las empresas europeos también deberían recurrir a Japón para aprender a hacer frente a la escasez de energía.

  • Durante la crisis energética de Japón, hace una década, los centros comerciales apagaron las escaleras mecánicas, las fábricas redujeron los tiempos de las cadenas de montaje y los equipos deportivos profesionales dejaron de jugar por la noche para reducir la necesidad de iluminación.

  • Pedir a la gente que atenuara las luces y subiera por las escaleras en vez de usar los ascensores también ayudó a reducir el consumo de energía.

Mientras Europa se prepara para la escasez de energía provocada por los recortes del suministro de gas ruso, la crisis energética que vivió Japón hace una década ofrece lecciones de supervivencia a hogares y empresas, como atenuar las luces y subir por las escaleras.

Los ministros de Energía de la UE aprobaron el martes una propuesta para que los países miembros reduzcan voluntariamente el consumo de gas un 15 % entre agosto y marzo, ante la incertidumbre sobre el suministro procedente de Rusia debido a la guerra en Ucrania.

El ahorro energético, o «setsuden», se convirtió en un proyecto nacional para Japón tras el terremoto y tsunami de marzo de 2011, que desencadenaron una fusión del núcleo en la central nuclear de Fukushima Daiichi.

En las semanas y meses siguientes, los centros comerciales apagaron las escaleras mecánicas, las fábricas redujeron los tiempos de las cadenas de montaje y los salones de juego de pachinko —famosos por sus luces intermitentes y sus ruidosas máquinas— cerraron temporalmente.

La actitud de muchos japoneses en aquel momento era: «Tenemos que hacer algo; de lo contrario, habrá un desastre», recordó Koichiro Tanaka, del Instituto de Economía Energética de Japón.

La intensa presión social —del tipo que garantizó un cumplimiento casi total del uso de mascarillas por parte de la población durante la pandemia de COVID-19— también influyó, dijo.

Tokyo Electric Power Co. (9501.T), operadora de la instalación de Fukushima, perdió alrededor del 40 % de su capacidad de generación eléctrica.

Inmediatamente después del accidente, emitió su primer calendario de apagones programados y, durante las semanas siguientes, interrumpió el suministro eléctrico de forma intermitente en la zona de la capital. Finalmente, volvió a poner en marcha antiguas centrales de gas y carbón.

En mayo de ese año, el Gobierno instó a los ciudadanos y las empresas de Tokio y el norte de Japón a reducir el consumo eléctrico un 15 % durante las horas punta del verano. Este año Japón vuelve a aplicar medidas similares, mientras también afronta un suministro energético más limitado.

Cool Biz

La mayoría de las empresas japonesas adoptaron medidas de austeridad en cuanto se produjo el desastre de 2011: apagaron las luces y dejaron los ascensores inactivos. El Ministerio de Medio Ambiente se propuso una reducción aún mayor, del 25 %, con medidas como apagar más de la mitad de sus impresoras durante las horas punta y pedir a los trabajadores que llevaran sus propias bebidas frías para poder desenchufar las máquinas expendedoras.

Los equipos profesionales de béisbol y fútbol suspendieron los partidos nocturnos y trasladaron los encuentros a la tarde para reducir la demanda de iluminación. Los responsables de los lugares de trabajo subieron los termostatos y animaron a los empleados a adoptar la campaña gubernamental «Cool Biz», que promovía vestir ropa más ligera en verano.

El fabricante de automóviles Nissan Motor Co. (7201.T) reorganizó los horarios de los turnos en sus fábricas para aliviar la carga de la red durante las horas punta de media tarde, y la cadena de tiendas de conveniencia Lawson Inc. (2651.T) cambió a bombillas LED e instaló paneles solares en muchas de sus tiendas.

La opinión pública se volvió contra la energía nuclear y, a finales de 2013, Japón había dejado inactivos sus 54 reactores nucleares, que suministraban alrededor de una cuarta parte de la electricidad del país, aunque desde entonces se ha vuelto a poner en marcha un pequeño número de ellos.

Para cubrir el déficit energético, Japón recurrió a combustibles fósiles como el gas natural licuado (GNL), el carbón y el petróleo. Tras el desastre, las importaciones de GNL de Qatar se dispararon y en 2012 superaron en más del doble los niveles de 2010, hasta alcanzar los 15,66 millones de toneladas.

El aumento de las importaciones de energía fue uno de los factores que hicieron que Japón registrara en 2011 su primer déficit comercial en 31 años. Tras el terremoto y la escasez de energía, la economía cayó en recesión, frenando una incipiente recuperación de la crisis financiera mundial.

El producto interno bruto cayó un 0,9 % en el trimestre en que ocurrió el accidente y se mantuvo sin cambios durante todo 2011.

Las diferencias entre los estándares de voltaje de las regiones oriental y occidental del país dificultaban incluso compartir electricidad dentro de Japón, dijo Tanaka.

«En el caso de los europeos, como están conectados por redes eléctricas, quizá tengan la sensación de que siempre pueden recurrir a alguien en última instancia», dijo. «Aquí en Japón no tenemos ese lujo. Solo estamos nosotros».

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