Los plásticos desempeñan un papel importante en la vida cotidiana y en la tecnología que impulsará la transición ecológica.
Pero se fabrican a partir de combustibles fósiles, y esto representa entre el 4 y el 8 % del consumo mundial de petróleo.
Debemos pasar a los plásticos con emisiones netas cero. Tenemos la tecnología; ahora solo hace falta voluntad.
Todo tiene dos caras, y los plásticos también.
Empecemos por el lado positivo. Los plásticos moldean y facilitan toda la vida moderna. Están presentes en todo tipo de productos, desde los teléfonos inteligentes hasta las suelas de los zapatos, así como en las lentes de las gafas, los colchones, los balones de fútbol y los frigoríficos. Además, los plásticos son una parte fundamental de nuestros esfuerzos por crear un mundo verdaderamente sostenible. Sin ellos, no girarían los molinos de viento ni circularían los coches eléctricos, y las viviendas consumirían mucha más energía. El agua se filtraría y gran parte de las cosechas no estaría disponible para alimentar a la creciente población mundial.
Es comprensible, entonces, que el plástico sea un material tan solicitado. Actualmente, se producen alrededor de 370 millones de toneladas en todo el mundo al año, y los expertos prevén que el consumo vuelva a triplicarse de aquí a 2050.
Pasemos ahora al lado menos positivo. Esto exige hablar con claridad y escuchar con atención. Los plásticos no solo forman parte de la solución, sino también del problema, al menos por ahora. Esto se debe a que contribuyen a las tres crisis que afrontan nuestro planeta y la humanidad: el cambio climático, el agotamiento de los recursos naturales y la destrucción y contaminación del medio ambiente. Esto tiene que ver con la forma en que se producen actualmente los plásticos y con el uso que hacen de ellos los consumidores.
El presente: plásticos a partir de petróleo crudo
Las industrias química y del plástico son responsables de alrededor del 7 % de las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero. Para 2030, podrían alcanzar un nivel equivalente al de alrededor de 300 nuevas centrales eléctricas de carbón. A esto se vincula estrechamente el tema de los recursos: fabricamos plásticos extrayendo petróleo crudo del subsuelo y procesándolo. Esto representa entre el 4 y el 8 % de nuestro consumo mundial anual de petróleo. Según los expertos, para 2050 la creciente demanda de plásticos podría elevar esta cifra hasta un 20 %.
Por muy útiles que sean los plásticos, normalmente se desechan después de usarlos o simplemente se tiran. Entre 1950 y 2015, nada menos que el 80 % de los residuos plásticos acabó en vertederos o en el medio ambiente. En todo el mundo, solo se recicla alrededor del 15 % del plástico producido cada año. Por cierto, esto no se aplica únicamente al plástico. De los aproximadamente 100.000 millones de toneladas de materiales que circulan en el mundo, solo se reciclan 8.600 millones. En otras palabras, la circularidad mundial es de apenas el 8,6 %.
Y ahora llegamos al núcleo del problema: tenemos un sistema que no está a la altura de los tiempos. De hecho, tenía un defecto desde el principio. También aquí veo tres aspectos clave. Primero: el crecimiento exponencial. El principio rector del orden económico imperante es «más»: más consumo, más producción, más uso de recursos. Segundo, la obsolescencia: el consumo y los productos se diseñan para durar poco y ser reemplazados. No deberían durar mucho, sino romperse, quedar anticuados o pasar de moda. Y tercero, como ya se ha mencionado, la intensidad climática. Nuestra vida cotidiana y los procesos industriales siguen basándose predominantemente en combustibles fósiles y energía fósil, y liberan miles de millones de toneladas de gases de efecto invernadero.
El futuro: plásticos a partir de fuentes renovables
La salida de este callejón sin salida es un cambio sistémico: abandonar la economía lineal y adoptar la economía circular. Esto es especialmente cierto para la industria del plástico. Y aquí volvemos al lado positivo, porque ya existen las ideas, las soluciones y los enfoques prácticos necesarios para producir plásticos climáticamente neutros de esta manera. El elemento clave es el componente básico de los plásticos: el carbono. Debemos obtenerlo de fuentes distintas del petróleo crudo; concretamente, de materias primas renovables: residuos, biomasa e incluso CO2.
De este modo, el carbono circulará en vez de liberarse a la atmósfera. El petróleo puede permanecer bajo tierra. Son buenas noticias para el clima y los recursos. Al mismo tiempo, podremos combatir la contaminación ambiental de tal manera que, en el futuro, los plásticos usados acabarán con menos frecuencia —o incluso dejarán de acabar— en vertederos, ríos y el océano. En su lugar, se reciclarán.
Hacia plásticos con emisiones netas cero
Un equipo de científicos de Alemania, Suiza y Estados Unidos ha desvelado recientemente este panorama general. Su investigación muestra cómo puede utilizarse la combinación de materias primas formada por biomasa, CO2 y residuos reciclados (con una tasa efectiva de reciclaje del 70 %) para producir plástico con emisiones netas cero. Sin embargo, es necesario añadir energía eólica sin emisiones. Según los expertos, así se ahorran energía y costes en comparación con el método convencional de producción basado en combustibles fósiles, combinado con la captura y el almacenamiento de CO2.
Materias primas renovables y energía renovable: esta es la combinación ganadora para una producción de plásticos orientada al futuro, así como para los procesos y las huellas de carbono de muchas otras industrias que dependen de los plásticos. Si, al mismo tiempo, se limpia la naturaleza de residuos plásticos, ojalá en el futuro podamos hablar de los plásticos en términos mayoritariamente positivos.


