Cómo invertir en la eliminación progresiva del carbón puede generar una oportunidad de 85 billones de dólares

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  • Acelerar la eliminación progresiva del carbón podría desbloquear una oportunidad económica mundial valorada en 85 billones de dólares, según el Fondo Monetario Internacional (FMI).

  • Los importantes desafíos financieros, especialmente en las economías emergentes dependientes del carbón, dificultan la transición pese a sus posibles beneficios.

  • Las alianzas público-privadas son esenciales para gestionar los riesgos y garantizar una transición sostenible del carbón a la energía limpia.

Acelerar la eliminación progresiva del carbón, el combustible fósil más contaminante del mundo, determinará nuestras posibilidades de limitar los efectos más catastróficos del cambio climático. El argumento económico a favor de eliminar progresivamente el carbón es indiscutible: el FMI estima que el mundo obtendría una ganancia neta de 85 billones de dólares si eliminara progresivamente la generación de electricidad a partir del carbón conforme a un cronograma alineado con el objetivo de 1,5 °C.

Sin embargo, aún estamos lejos de donde debemos estar. Tenemos que reducir las emisiones del carbón cinco veces más rápido para alcanzar este objetivo, ya que el carbón es el mayor contribuyente mundial a las emisiones de carbono. Como señala el FMI, un principio económico clave es garantizar que «no se deje valor sobre la mesa». Entonces, ¿por qué no estamos invirtiendo en eliminar progresivamente el carbón al ritmo que necesitamos?

El acceso al capital se enfrenta a varios desafíos

El carbón no es barato. Los enormes costos de los daños que causa el carbón a través del cambio climático superan con creces los de eliminarlo progresivamente y sustituirlo por energía renovable. Una transición así representa una oportunidad de 85 billones de dólares: el 1,3 % del PIB mundial actual por año hasta 2100.

Asimismo, en la mayoría de los casos, las nuevas energías renovables son ahora mucho más baratas que las nuevas centrales de carbón y las centrales de carbón existentes. Según un análisis de 2020, sustituir el carbón por energía limpia podría haber ahorrado a los consumidores de electricidad 39.000 millones de dólares en 2020, 86.000 millones en 2022 y otros 141.000 millones en 2025.

Reconfigurar la economía es un desafío considerable. Esto es especialmente cierto en las economías emergentes muy dependientes del carbón, donde las centrales de carbón relativamente nuevas se construyeron con deuda aún pendiente de pago y la demanda de electricidad crece rápidamente. La transición requiere una inversión inicial considerable, y acceder a ella no es fácil en un entorno de tasas de interés elevadas.

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Ampliar la financiación: una alianza público-privada

Los beneficios de la transición del carbón a la energía limpia se sentirán en todo el mundo gracias a la reducción del riesgo climático. Hay sólidos argumentos a favor de utilizar financiación pública internacional para ayudar a las economías emergentes a acceder a la inversión inicial que necesitan. Ya existen instrumentos para ello. Por ejemplo, CIF ACT es un fondo concesional dedicado a las transiciones relacionadas con el carbón, y se han establecido Alianzas para una Transición Energética Justa a fin de apoyar la transición para abandonar el carbón en Indonesia, Vietnam y Sudáfrica.

Sin embargo, dada la magnitud del desafío, la financiación pública por sí sola no bastará. También necesitamos financiación privada. Los claros beneficios económicos indican que debería ser posible movilizar financiación privada, y ya hay excelentes ejemplos de cómo hacerlo.

En Tocopilla, una región de Chile dependiente del carbón, Engie, propietaria de una central de carbón, estableció un mecanismo de financiación combinada para cerrar su última unidad de carbón en 2022 y sustituirla por 151 MW de energía eólica. En Filipinas, ACEN, miembro de la Alianza para Abandonar el Carbón, ha adelantado la fecha de cierre de la central de carbón SLTEC al vender su participación accionaria a inversores privados que podrían reducir el costo del capital. En Indonesia, el Banco Asiático de Desarrollo está trabajando con el Gobierno indonesio y socios del sector privado para buscar maneras de cerrar antes de lo previsto Cirebon–1, una central eléctrica de carbón de 660 MW.

Pero no avanzamos lo suficientemente rápido: ¿cuál es el problema?

Gestión de los riesgos

Invertir en la transición conlleva varios riesgos. Sustituir la energía del carbón por energías renovables es un proceso que requiere tiempo y respaldo político. Los inversores deben tener la certeza de que habrá las políticas de apoyo adecuadas y de que los planes no cambiarán ni se revertirán.

Los instrumentos de financiación verde pueden ofrecer una forma de reducir el costo del capital, pero los inversores deben tener la certeza de que sus inversiones reducirán realmente las emisiones. Deben saber que las emisiones reducidas en una central de carbón no se compensarán en otro lugar. También deben saber que habrá el respaldo adecuado del mercado y de la red eléctrica para las nuevas energías renovables.

La Alianza para Abandonar el Carbón busca abordar estos desafíos alentando a los gobiernos y las empresas de servicios públicos a elaborar planes energéticos creíbles a largo plazo, que incluyan compromisos de no construir nuevas centrales de carbón y un calendario para eliminar progresivamente el carbón.

La respuesta es invertir, no desinvertir

Además de estos riesgos reales, otro factor que frena el flujo de financiación hacia las transiciones relacionadas con el carbón es la creencia de que las empresas deberían evitar toda inversión en generación eléctrica con carbón y otros sectores con altas emisiones. Sin embargo, construir nuevas instalaciones de energías renovables es solo una cara de la transición. La otra consiste en apoyar la reducción de emisiones y el eventual cierre de las centrales de carbón existentes.

Es necesario elaborar planes para pagar o renegociar las deudas contraídas para construir estas centrales, reestructurar los contratos a largo plazo de suministro de energía a la red, e involucrar y apoyar a los trabajadores y las comunidades que han dependido de su funcionamiento para que puedan planificar el futuro.

Cuando los inversores responsables deciden que su única opción es vender activos con altas emisiones, a menudo los sustituyen inversores menos escrupulosos o con menos recursos, cuyo único objetivo es obtener el máximo rendimiento manteniendo la central en funcionamiento el mayor tiempo posible, sin prestar mucha atención al futuro a largo plazo de la comunidad. En vez de abandonar los sectores con altas emisiones, hay que alentar a las instituciones financieras con compromisos de cero emisiones netas a involucrarse e invertir en ellos, y apoyarlas para que encuentren maneras de reducir las emisiones y adelantar el cierre.

Ya hay excelentes ejemplos de instituciones que hacen precisamente eso. Por ejemplo, HSBC, miembro de la Alianza para Abandonar el Carbón, está apoyando iniciativas para reconvertir las centrales de carbón para utilizarlas como almacenes de calor o puntos de interconexión a la red para las energías renovables. Lamentablemente, la falta de consenso y de un marco regulatorio claro frena el trabajo en este ámbito.

¿Cómo abordamos estos desafíos?

Hay que abordar dos cuestiones clave.

En primer lugar, este es un ámbito nuevo y conlleva muchos riesgos. Para ampliar las inversiones, es necesario elaborar, junto con las instituciones financieras y para ellas, directrices sobre cómo gestionar estos riesgos de manera responsable.

Este trabajo ya está en marcha. El año pasado, la Alianza Financiera de Glasgow para las Cero Emisiones Netas trabajó con sus miembros para elaborar directrices destinadas a las instituciones financieras sobre cómo gestionar activamente los riesgos al invertir en centrales de carbón para eliminarlas progresivamente. Además, las instituciones financieras necesitan apoyo y reconocimiento. Los reguladores deben dejar claro que invertir en la reducción de emisiones de las centrales de carbón existentes puede considerarse un uso sensato de la financiación para la transición, siempre que los riesgos se gestionen de manera responsable.

Este otoño, la Alianza para Abandonar el Carbón publicará una versión revisada de sus principios financieros para orientar a las empresas a la hora de decidir qué medidas tomar en este ámbito, según su contexto particular. Los principios financieros dejan claro que la participación y la inversión en la eliminación progresiva y gestionada del carbón deben ocupar un lugar central en las políticas sobre carbón térmico alineadas con el objetivo de cero emisiones netas.

Aunque, con miembros que representan a casi un tercio de los gobiernos del mundo y a instituciones financieras que gestionan activos por valor de más de 17 billones de dólares, tenemos una voz importante, el verdadero cambio debe darse en las políticas y la regulación gubernamentales. Por eso apoyamos la Comisión para la Transición del Carbón, una nueva iniciativa dirigida por los gobiernos de Indonesia y Francia para acelerar la transición del carbón. Esta iniciativa se basa en el principio de la Alianza para Abandonar el Carbón según el cual debemos reunir a gobiernos, instituciones financieras, reguladores y empresas de servicios públicos para alcanzar el consenso necesario sobre la vía que se seguirá, las formas de gestionar el proceso y las funciones de cada parte interesada.

En la COP29 de Bakú, la Comisión publicará sus primeras conclusiones y recomendaciones, incluidas las relativas a cómo crear un entorno propicio para desbloquear la oportunidad de 85 billones de dólares.

Para obtener más información, haz clic aquí para conocer el trabajo del Foro Económico Mundial sobre la transición del carbón a las energías renovables.

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