En los últimos dos siglos, la esperanza de vida se ha duplicado aproximadamente, mientras que el petróleo, el gas y el carbón han contribuido a mejorar el nivel de vida de miles de millones de personas, especialmente en el mundo occidental.
Sin embargo, a medida que nuestra calidad de vida ha mejorado de forma constante, también hemos vertido CO2 a la atmósfera, reduciendo la cantidad de emisiones que la Tierra podía soportar antes de que cambiara su clima. Ahora es urgente limitar esas emisiones y mantener el aumento de la temperatura media mundial por debajo de los 2 °C.
Invertir en gas natural
Aunque el Acuerdo de París ha sido histórico, los compromisos nacionales que impulsó no bastan para alcanzar ese objetivo.
Según la Agencia Internacional de la Energía, París nos situó en la senda de un aumento de 2,7 °C de la temperatura media mundial para 2100.
Esta cuestión es especialmente importante para nuestra empresa.
Eni está en el centro de numerosas iniciativas climáticas, entre ellas la divulgación de información financiera relacionada con el clima, que apoyamos y promovemos como parte del Grupo de Trabajo sobre Divulgaciones Financieras Relacionadas con el Clima.
Creemos que la única manera realista de mantenernos por debajo de los 2 °C es reequilibrar la combinación energética actual en favor del gas natural —que emite mucho menos CO2 que combustibles comparables— y, al mismo tiempo, seguir invirtiendo en energías renovables.
Este cambio hacia la inversión en gas natural solo tendrá éxito si colaboramos con el mundo en desarrollo y logramos proporcionar energía limpia y asequible a los miles de millones de personas que todavía no tienen un acceso equitativo a ella.
Veamos primero la combinación energética. Los esfuerzos por reequilibrarla han sido descoordinados y, en ocasiones, contraproducentes. Hasta que las energías renovables alcancen una escala crítica, debemos reducir el uso de combustibles contaminantes y favorecer las alternativas menos contaminantes, entre las que el gas natural es el mejor ejemplo.
El carbón plantea un problema evidente: satisface el 29% de la demanda de energía, pero es responsable del 46% de las emisiones.
Si mañana pudiéramos sustituir todo el carbón por gas natural, estaríamos a mitad de camino de lograr suficientes reducciones de emisiones para mantener el aumento de la temperatura por debajo de los 2 °C.
Optar por invertir en gas natural en lugar de carbón
Una manera de fomentar el cambio y aumentar la inversión en gas natural es establecer límites a las emisiones de CO2 de las centrales eléctricas. Estas solo podrían acceder a mecanismos de financiación o, sencillamente, funcionar si emitieran menos de un umbral determinado; por ejemplo, 550 gramos de CO2 por kilovatio/hora, como se debate en Europa.
La biomasa, que en su día fue aclamada como una salvadora renovable, también plantea problemas. Su uso masivo, sobre todo en los países en desarrollo para calentar y cocinar alimentos, causa alrededor de 4 millones de muertes al año por enfermedades respiratorias y contribuye a la deforestación y la desertificación.

El mundo en desarrollo será clave para que este cambio en la combinación energética tenga éxito.
Esto significa, especialmente para Europa, prestar atención a África.
Los países del continente suelen ser ricos en recursos, pero desde hace mucho tiempo se niega a sus ciudadanos un acceso equitativo a la energía. Estos países necesitan infraestructuras con bajas emisiones de carbono y fuentes de suministro fiables para que todos podamos alcanzar colectivamente nuestros objetivos climáticos.
Para que esto ocurra, debemos asegurarnos de que los recursos africanos beneficien a África.
La producción de gas natural ofrece la oportunidad de lograr un acceso a la energía más limpio y sencillo.
Los nuevos descubrimientos de gas natural en Egipto —así como en los cercanos Chipre e Israel— y el emergente centro de producción de Mozambique complementarán los flujos existentes de África Occidental y permitirán desarrollar un mercado del gas más amplio, integrado y flexible.
En Eni, nos comprometemos a suministrar a los mercados locales gran parte del gas natural descubierto que estamos desarrollando en todo el continente.
La cooperación entre Europa y África es clave. Aportará nuevas inversiones y tecnologías, y aumentará el acceso y la estabilidad energéticos en beneficio de todos en ambas regiones.
Pero el tiempo apremia: ya hemos consumido más de dos tercios de nuestro presupuesto de carbono. Debemos actuar ahora para asegurarnos de cumplir los objetivos de 2 °C y, al mismo tiempo, extender de manera efectiva al mundo en desarrollo los beneficios que han aportado el petróleo y el gas natural.
Optar por invertir en gas natural, además de en otras energías renovables, es el camino a seguir.


