Presentamos la Eficiencia Energética 2.0: la red eléctrica del futuro, diseñada para las energías renovables

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  • Para alcanzar las cero emisiones netas en 2050, debemos replantear a fondo la eficiencia energética.

  • Una transición a gran escala hacia las energías renovables exige electrificar siempre que sea posible, crear una red más flexible, utilizar el hidrógeno de forma inteligente e integrar los sectores.

  • Los políticos y los responsables de la toma de decisiones deben empezar a considerar las energías renovables, la electrificación y la eficiencia energética como tres palancas inseparables de la descarbonización.

De cara a la cumbre climática COP28 en los Emiratos Árabes Unidos, los principales actores piden triplicar las energías renovables y duplicar la eficiencia energética para 2030. Si bien los compromisos en materia de energías renovables suelen acaparar titulares en la antesala de estos eventos, en el caso de la eficiencia energética se trata de un terreno relativamente nuevo.

Los compromisos vinculados a la eficiencia energética son absolutamente necesarios en un mundo que aspira a alcanzar las emisiones netas cero en 2050. Sin embargo, el pensamiento de muchos líderes en torno a la eficiencia energética sigue anclado en la era de los combustibles fósiles. Para que estos compromisos audaces y orientados al futuro generen un impacto real en el impulso a la descarbonización, los líderes deben actualizar su visión de la eficiencia energética para reflejar una red energética basada en gran medida en las energías renovables.

Presentamos la Eficiencia Energética 2.0

En un sistema basado en combustibles fósiles, la eficiencia energética ha consistido en utilizar menos energía para obtener el mismo resultado, como aumentar el rendimiento de combustible de los vehículos. Y aunque esto sigue siendo crucial, las energías renovables producen electricidad, no gas ni carbón. Por ello, ha llegado el momento de replantear la eficiencia energética para una red energética electrificada.

Para crear una red renovable altamente eficiente desde el punto de vista energético, debemos hacer cuatro cosas: electrificar siempre que sea posible; ser más flexibles; utilizar el hidrógeno de forma inteligente, e integrar los sectores.

En conjunto, estos elementos constituyen una nueva comprensión de la eficiencia energética, moldeada para la era de las energías renovables. Se trata de la «Eficiencia Energética 2.0».

Crear la red eficiente del futuro

Estamos dejando atrás la era de los combustibles fósiles, pero no hemos preparado nuestro sistema energético para el futuro. La implementación de la Eficiencia Energética 2.0 exigirá actuar en todos los frentes. A continuación, se explica cómo los responsables políticos, los legisladores y las empresas pueden actuar en torno a los cuatro elementos de la Eficiencia Energética 2.0 para preparar la transición a gran escala hacia las energías renovables:

1. Electrificar siempre que sea posible

Al pasar de un sistema energético basado en combustibles fósiles a uno totalmente electrificado, podemos reducir hasta un 40% del consumo final de energía. La electrificación es, en sí misma, una forma de eficiencia energética, ya que la mayoría de las tecnologías eléctricas presentan una menor tasa de pérdida de energía al desempeñar la misma función que su equivalente de combustibles fósiles. Pensemos en las bombas de calor, que son entre tres y cinco veces más eficientes que las alternativas de gas. O en los vehículos eléctricos, que tienen una pérdida de energía de solo entre el 15 y el 20 %, frente al 64-75 % de los vehículos con motor de combustión.

2. Crear una red más flexible

Reinventar la eficiencia energética no consiste únicamente en utilizar menos energía, sino también en utilizarla en el momento adecuado. El viento no siempre sopla y el sol no siempre brilla, por lo que debemos encontrar formas de suministrar energía a los hogares y las empresas cuando las energías renovables no están generando electricidad. Las principales herramientas para lograrlo son las tecnologías de flexibilidad de la demanda, que reducen los picos de demanda y automatizan el almacenamiento de energía para los periodos de baja oferta.

Una investigación de Danfoss concluyó que, al maximizar el potencial de la flexibilidad de la demanda, la UE y el Reino Unido pueden ahorrar anualmente 40 millones de toneladas de emisiones de CO2. Esto se debe a que ahorrar una unidad de energía durante las horas punta evita muchas más emisiones de carbono que ahorrar una unidad durante las horas de baja demanda. Además de estos beneficios medioambientales, la flexibilidad de la demanda puede generar ahorros sociales anuales de 10 500 millones de euros para 2030, y los hogares pueden ahorrar un 7 % de media en sus facturas de electricidad. No hay ninguna razón por la que esta lógica no pueda aplicarse también a otros mercados eléctricos de todo el mundo.

3. Utilizar el hidrógeno de forma inteligente

Alimentar nuestro futuro sistema energético con energías renovables exigirá un rápido aumento de la escala del hidrógeno, ya que nos permite descarbonizar los sectores de difícil electrificación. Sin embargo, la conversión de hidrógeno requiere cantidades increíbles de energía. De hecho, para 2030, la producción de hidrógeno requerirá más de la mitad de la demanda total de electricidad actual. Las tecnologías de alta eficiencia para la electrólisis serán esenciales para reducir la demanda energética del hidrógeno, garantizar la seguridad energética y estabilizar la red.

De igual modo, dado que la producción de hidrógeno es un proceso muy intensivo en energía, debemos asegurarnos de utilizarlo con los fines adecuados. Por ejemplo, utilizar hidrógeno para calentar los hogares del Reino Unido requeriría seis veces más capacidad eólica marina que si calentáramos los hogares con bombas de calor. En cambio, el hidrógeno será más eficaz para descarbonizar industrias de difícil reducción de emisiones, como el transporte marítimo de larga distancia, la aviación de larga distancia y la producción de acero.

4. Integrar los sectores

El calor residual es la fuente sin explotar más grande del mundo. Mediante la integración estratégica de los sectores y el aprovechamiento del calor residual, podemos, en última instancia, reducir la demanda de producción de energía y maximizar la eficiencia. Para 2030, hasta un 53 % de la energía aportada a nivel mundial se desperdiciará en forma de calor residual. Sin embargo, este calor puede captarse y reutilizarse para alimentar maquinaria, así como para calentar edificios y agua mediante una integración más profunda de los sectores.

Es hora de actuar en materia de eficiencia energética

La eficiencia energética no es una reflexión posterior a las energías renovables. En el sistema energético del futuro, la eficiencia energética debe ocupar un lugar central. Debemos trabajar en armonía con el despliegue de las energías renovables y la electrificación para alcanzar nuestros objetivos climáticos, garantizar la seguridad energética, impulsar la economía y transformar en profundidad la forma en que se gobierna y consume la energía. La Eficiencia Energética 2.0 es la forma más rápida y rentable de convertir un escenario de cero emisiones netas en 2050 en una realidad.

La AIE es muy consciente de la necesidad de construir redes preparadas para la transición energética y ha advertido de que, hasta ahora, no hemos actuado con la suficiente rapidez en este ámbito. Sin embargo, la buena noticia es que ya disponemos de la tecnología necesaria. No necesitamos magia, pero sí necesitamos una acción política inmediata para escalar las soluciones.

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