Qué significan el hidrógeno y la transición energética mundial para la industria en 2022

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  • El hidrógeno, como vector energético, desempeñará un papel importante en la descarbonización de múltiples industrias.

  • Las alianzas entre políticos, empresas y particulares serán clave para garantizar una transición exitosa hacia una energía más ecológica.

  • Estados Unidos y China están bien posicionados para la revolución de las energías renovables, mientras que la UE seguirá siendo importadora de energía.

«El agua es el carbón del futuro». Así resumió el escritor francés Jules Verne la cuestión hace casi 150 años. «Los elementos hidrógeno y oxígeno, descompuestos por la corriente eléctrica, suministrarán en el futuro la energía de la Tierra», añadió.

¿Tendrá razón Verne? ¿Es el hidrógeno realmente la ‘bala de plata’ que impulsará la descarbonización de la Tierra? ¿O es simplemente un ‘tren de la exageración’, como lo describe Forbes?

Una cosa es segura: el hidrógeno por sí solo no detendrá el cambio climático. Lo que más necesitamos para lograr una transición energética exitosa es un rápido crecimiento de las energías renovables en general, junto con la ampliación de la red para transportar la electricidad renovable a las regiones de consumo.

Paralelamente, debemos lograr que los sistemas energéticos existentes sean más eficientes y recurrir a soluciones provisionales. El paso del carbón al gas permitirá ahorrar una gran cantidad de dióxido de carbono de forma especialmente rápida.

El hidrógeno desempeñará un papel en la descarbonización

El hidrógeno, cuando se produce a partir de electricidad limpia, es considerado por muchos como un factor clave que hará posible la transición mundial hacia una energía sostenible y un componente vital para alcanzar economías con emisiones netas cero. Sin embargo, actualmente se limita a un número reducido de aplicaciones industriales y es más costoso que otras alternativas a los combustibles fósiles.

No obstante, el mercado mundial del hidrógeno está cobrando impulso, y con razón. El hidrógeno, también conocido como H2, desempeñará un papel importante como vector energético, que permite transferir energía de un lugar a otro.

De hecho, puede ayudar a impulsar la descarbonización de sectores industriales enteros y, con ello, combatir el cambio climático, ya sea como e-combustible en el sector del transporte o como medio para reducir las emisiones en la producción de acero y en otras muchas industrias.

El hidrógeno también puede desempeñar un papel fundamental para llevar energía a las zonas que habitualmente la importan. La energía puede producirse de forma competitiva en zonas donde las renovables, como la eólica, están ampliamente disponibles, convertirse en hidrógeno u otras moléculas y, después, transportarse a las regiones importadoras.

Por último, la energía almacenada en forma de hidrógeno ayudará a estabilizar las redes eléctricas, cada vez más volátiles. Incluso cuando no sopla el viento ni brilla el sol, necesitamos fuentes de electricidad que puedan intervenir y garantizar que los apagones pasen a la historia.

La transición energética exigirá trabajar juntos

Ahora debemos llevar las normas tecnológicas del hidrógeno a un nivel industrial y dar forma activamente al mercado, a lo largo de toda la cadena de valor, para que todo esto funcione. Esta tarea requerirá valentía y determinación, junto con una firme convicción en el éxito final de la transición.

Para lograrlo, se necesitan alianzas entre los líderes políticos, la comunidad empresarial y la sociedad en su conjunto, junto con una acción dinámica. En esencia, debemos trabajar juntos, ¡ya!

Chile es un claro ejemplo de lo que quiero decir. En el ventoso sur del país se construye la primera planta integrada y comercial a gran escala del mundo para la producción de combustibles climáticamente neutros, en un proyecto llamado Haru Oni. El trabajo está impulsado por socios comprometidos que nunca antes habían colaborado de esta manera.

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Y ese es solo un ejemplo de cómo podemos convertir grandes ideas en acciones concretas cuando trabajamos juntos más allá de las fronteras. La buena noticia es que numerosos países respaldan estos esfuerzos y se han fijado objetivos ambiciosos en el ámbito del hidrógeno.

La tarea ahora es ampliar la industria y producir hidrógeno a partir de energías renovables de forma económica, es decir, hidrógeno «verde». También en este ámbito las señales apuntan en la dirección correcta. Las tarifas de la electricidad renovable necesaria para producir hidrógeno verde están bajando, al igual que los precios de los electrolizadores que se utilizan para separar el agua en hidrógeno y oxígeno.

El paso a las renovables cambiará las estructuras globales

Para lograrlo, necesitaremos un segundo componente importante: la confianza. ¿Por qué? Porque un sistema energético sostenible basado en renovables cambiará de forma masiva las estructuras políticas del mundo. Algo que puede ser bueno para el clima mundial podría provocar graves convulsiones geopolíticas, y este asunto debe debatirse abierta y honestamente.

¿Qué significará la expansión del hidrógeno para las relaciones entre los exportadores tradicionales de combustibles fósiles, los nuevos productores de hidrógeno y los mercados importadores existentes? A medida que cambien los flujos comerciales mundiales, surgirán nuevas alianzas políticas y los exportadores actuales perderán influencia.

Una cosa está clara: los exportadores actuales de combustibles fósiles se enfrentan a cierta competencia. El crecimiento de las renovables favorecerá a las regiones donde sopla el viento con frecuencia o brilla el sol de manera habitual. Pero ¿qué significará concretamente este cambio para las principales regiones económicas?

Según un estudio publicado en Energy Research & Social Science, Estados Unidos y China están bien posicionados. Ambos disponen de abundantes recursos naturales y desempeñan un papel importante como productores de tecnología energética. Además, cada uno tiene un amplio potencial para producir las grandes cantidades de hidrógeno que necesitarán.

¿Qué hace el Foro Económico Mundial en relación con la transición a la energía limpia?

La Unión Europea, por su parte, seguirá siendo importadora de energía. Debido a la elevada densidad de población de amplias zonas de la UE, una expansión masiva de las energías renovables resulta socialmente difícil. El objetivo para Europa será aprovechar tanto su sólida y bien interconectada infraestructura de redes como su potente posición tecnológica.

Resulta más difícil evaluar el papel que desempeñarán en el futuro los principales productores de petróleo y gas. Rusia, Oriente Medio y otras regiones productoras se enfrentan a una transformación masiva. Pero, como ocurre con cualquier cambio importante, los riesgos van de la mano de las grandes oportunidades que genera la expansión de las renovables.

La transición energética ofrece oportunidades para todos

Pese a todos los riesgos geopolíticos que conlleva la transición energética, esta ofrece enormes oportunidades a los exportadores tradicionales de energía, a los importadores y a los nuevos proveedores. Es un esfuerzo que requerirá relaciones comerciales internacionales más profundas, transferencias de tecnología y un marco político que garantice que una transición energética exitosa no deje a nadie atrás.

Por ello, deberíamos adoptar el lema de este año del Foro Económico Mundial: «Trabajar juntos, restaurar la confianza». Si los líderes políticos, las empresas y la sociedad en su conjunto lo toman en serio, el hidrógeno puede desempeñar un papel importante en la transición energética. Aprovechemos estas oportunidades, de forma colectiva y con confianza.

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