Cómo podrían los impuestos a las ganancias extraordinarias impulsar los esfuerzos para alcanzar las cero emisiones netas

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  • Cada vez hay más voces que piden que las empresas energéticas paguen impuestos sobre las ganancias extraordinarias, mientras el aumento de los precios de la energía contribuye a una crisis del coste de la vida.

  • Una alternativa a los impuestos sobre las ganancias extraordinarias consiste en obligar a las empresas a reinvertir parte de esos excedentes en proyectos de energías alternativas para impulsar su valor.

  • Redistribuir las ganancias en proyectos de energías alternativas aporta beneficios sociales, pero también depende de que las empresas lleven a cabo esa redistribución, lo que exige mecanismos de confianza y rendición de cuentas.

El repunte de los precios mundiales del petróleo en 2022, cuando el crudo llegó a superar los 120 dólares por barril y los precios de la gasolina en Estados Unidos excedieron los 5 dólares por galón, intensificó las demandas para que se apliquen impuestos sobre las ganancias extraordinarias a las petroleras. Entre las voces más destacadas están la del secretario general de las Naciones Unidas, António Guterres, quien instó a «todas las economías desarrolladas a gravar las ganancias extraordinarias de las empresas de combustibles fósiles», y la del gobernador Gavin Newsom de California, donde los precios de la gasolina están muy por encima de los 6 dólares por galón y quien escribió en Twitter: «No nos vamos a quedar de brazos cruzados mientras las codiciosas petroleras estafan a los californianos».

Por definición, los impuestos sobre las ganancias extraordinarias gravan los beneficios excesivos generados por interrupciones del suministro y acontecimientos macroeconómicos. La Ley del Impuesto sobre las Ganancias Extraordinarias del Petróleo Crudo de 1980, promulgada durante las interrupciones del suministro de petróleo de la OPEP, ofrece una definición y un contexto histórico. Define una ganancia extraordinaria como el «exceso del precio de extracción» de un barril de petróleo crudo (es decir, el precio al que se vende) con respecto a un precio base ajustado por inflación. En términos sencillos, los impuestos sobre las ganancias extraordinarias pueden reducirse a una relación de causa y efecto: cuando una perturbación del suministro genera ganancias anormales o inusuales, los gobiernos recaudan impuestos que redistribuyen la riqueza de las empresas energéticas a la población.

Las actuales demandas de impuestos sobre las ganancias extraordinarias responden al repunte de las ganancias de las petroleras debido a las interrupciones del suministro causadas por la guerra de Ucrania y a la manipulación de Rusia del suministro energético. Los precios más altos de la energía también han contribuido a una inflación vertiginosa que sigue encareciendo los bienes y aumentando la carga económica para los consumidores de bajos ingresos.

Incluso entre los directivos de la industria petrolera, se considera ampliamente inevitable un impuesto sobre las ganancias extraordinarias. El director ejecutivo de Shell, Ben van Beurden, declaró recientemente en el Energy Intelligence Forum de Londres: «De un modo u otro, debe haber una intervención del gobierno que de alguna manera proteja a las personas más pobres. Eso podría significar que los gobiernos tengan que gravar a las personas que están en esta sala para pagarlo». Más tarde, un portavoz de Shell aclaró que su comentario se refería a las empresas, no a las personas.

Ganancias extraordinarias e inversiones para alcanzar las cero emisiones netas

Sin embargo, cabe argumentar que se debería permitir a las empresas energéticas conservar parte de sus ganancias extraordinarias para financiar inversiones a corto plazo en energías alternativas y combatir el cambio climático.

Muchos países, empresas y otras entidades se han comprometido a apoyar las cero emisiones netas. La industria energética está en el centro de este cambio, debido a la necesidad de abandonar una economía basada en combustibles fósiles y pasar a fuentes de energía renovables. La Agencia Internacional de la Energíaobservó: «La brecha entre el discurso y la acción debe cerrarse si queremos tener alguna posibilidad de alcanzar las cero emisiones netas para 2050… Para ello se requiere una transformación total de los sistemas energéticos que sustentan nuestras economías».

Esa transformación requiere capital, que podría obtenerse a corto plazo si la industria del petróleo y el gas canaliza las ganancias extraordinarias hacia las fuentes de energía y tecnologías de próxima generación. Hasta hace poco, el sector del petróleo y el gas había estado sometido a presiones desde el punto de vista de la inversión.

Por ejemplo, hasta hace poco, una estrategia popular entre muchos gestores de fondos consistía en adoptar una posición larga en acciones tecnológicas —con la expectativa de que aumentaran de valor en relación con el índice de referencia— y una posición corta en acciones energéticas —previendo que perdieran valor en relación con el índice de referencia—. La adopción de este enfoque subraya que, hasta hace poco, la energía iba a la zaga de otros sectores, lo que podía hacerla menos atractiva desde la perspectiva de los mercados de capitales. Eso podría afectar a la transición energética.

En este contexto, cabe argumentar que redistribuir las ganancias extraordinarias en inversiones para alcanzar las cero emisiones netas generaría importantes beneficios sociales. Sin embargo, este argumento tiene sus salvedades:

  • ¿Confianza en las empresas o en el gobierno? Uno de los factores decisivos es si se considera que los gobiernos o las empresas son más confiables a la hora de distribuir las ganancias extraordinarias. Algunas personas podrían preferir que los gobiernos entregaran pagos en efectivo a quienes se encuentren por debajo de cierto nivel de ingresos. Aunque ese dinero compensaría el aumento de los gastos de energía y otros gastos del hogar, hay otros beneficios sociales que considerar, especialmente dada la urgencia de los objetivos de cero emisiones netas.

  • La ejecución está en manos de las empresas. Los gobiernos seguirán estableciendo mandatos sobre el cambio climático. Sin embargo, la responsabilidad última de ejecutarlos correctamente recaerá en las empresas. Por ejemplo, Shell se ha fijado el objetivo de alcanzar las cero emisiones netas para 2050 (incluido el alcance 3, que exige los esfuerzos más intensos), y Equinor, de Noruega, y BP han asumido compromisos similares. Además, ExxonMobil ha expresado públicamente su disposición a transformar sus operaciones.

  • Las empresas deben comunicar su compromiso y sus avances. Dado lo mucho que está en juego con el cambio climático y la necesidad ampliamente reconocida de adoptar medidas decisivas, las empresas energéticas deben demostrar su disposición y capacidad para canalizar sus ganancias hacia inversiones destinadas a alcanzar las cero emisiones netas. Esto requiere una comunicación constante entre las empresas energéticas y las partes interesadas, incluidos los organismos reguladores, los inversores en aspectos ambientales, sociales y de gobernanza corporativa, los inversores activistas y otros grupos de vigilancia.

El objetivo de los impuestos sobre las ganancias extraordinarias no es castigar, sino redistribuir las ganancias en beneficio del bien común. En el contexto actual, la aplicación de un impuesto sobre las ganancias extraordinarias debe entenderse como una forma de establecer la sinergia adecuada entre brindar ayuda a las personas con menores ingresos y garantizar, al mismo tiempo, la inversión en estrategias para alcanzar las cero emisiones netas. Lograr este equilibrio beneficiaría a la sociedad y al planeta.

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