En una serie de publicaciones de blog en torno al reciente lanzamiento del informe Global Energy Architecture Performance Index Report 2013 del Foro Económico Mundial, Espen Mehlum, director asociado del Equipo de Industrias Energéticas del Foro Económico Mundial, explica cómo les fue a los países en el índice.
¿Qué hace que el sistema energético de un país funcione bien? Es una preocupación fundamental a medida que las naciones de todo el mundo se adaptan a una nueva realidad energética. El aumento de la demanda energética, los costos y las inquietudes en materia de sostenibilidad están intensificando la presión para el cambio, mientras que los avances tecnológicos y las innovaciones en materia de políticas abren nuevas oportunidades. En este punto de inflexión en la historia de la energía, los responsables de políticas necesitan herramientas que orienten las decisiones y permitan monitorear el progreso a medida que gestionan la transición de los sistemas energéticos.
El Energy Architecture Performance Index, lanzado por el Foro Económico Mundial el 12 de diciembre de 2012, evalúa 105 países en 16 indicadores clave, que se relacionan con las funciones básicas de los sistemas energéticos: respaldar el crecimiento y el desarrollo económicos, garantizar la seguridad energética y el acceso a la energía para todos, con una huella ambiental mínima.
Noruega encabeza el ranking mundial, seguida por Suecia, Francia y Suiza. En Noruega, la riqueza en recursos se ha combinado con una buena política energética a lo largo del tiempo para obtener resultados destacados. Noruega también ha interconectado sus redes eléctrica y de gas con países vecinos, lo que refuerza su propia seguridad energética y contribuye a la seguridad de otros países.
Sin embargo, al observar los resultados globales, la riqueza en recursos no aparece como un factor determinante del desempeño en el estudio. Muchos países con grandes reservas de hidrocarburos obtienen resultados en el nivel inferior (ninguno de los países de la OPEP figura entre los 50 primeros), y muchos países sin una base sólida de recursos naturales logran buenos resultados. Los países europeos dominan los 10 primeros puestos, pero también Colombia y Nueva Zelanda han logrado un lugar en ese grupo. Contar con una combinación de combustibles relativamente baja en carbono y una intensidad energética baja de la economía son factores comunes entre los 10 países del grupo de cabeza.
En general, los países latinoamericanos obtuvieron resultados bastante buenos en el índice, con Brasil como el primero entre los BRIC, en el puesto 21. Estados Unidos ocupa el puesto 55 y China el 74. Incluso en los países que avanzan, la meta de un sistema energético perfecto sigue lejos; todos los países tienen margen de mejora, incluida Noruega.
Se necesita una gran transformación energética a nivel mundial para encaminarnos hacia una senda más sostenible. La dimensión de sostenibilidad es la más débil dentro del triángulo de imperativos, posiblemente porque históricamente no ha sido un factor tan importante como la seguridad energética y el costo de la energía. Además, cambiar los sistemas energéticos requiere tiempo.
En la dimensión de sostenibilidad (donde medimos la intensidad de las emisiones, incluidos CO2, NOx y material particulado) y en la proporción de combustibles bajos en carbono en la combinación energética, Suecia, Francia y Letonia obtienen las puntuaciones más altas. Perú, Colombia y Suiza se ubican entre los tres primeros por la contribución de sus sistemas energéticos al crecimiento y al desarrollo económicos. Esta dimensión mide factores como la intensidad energética de la economía, los costos de la energía y el nivel de distorsión de precios de los combustibles, así como el valor neto de las importaciones y exportaciones de energía. En cuanto a la seguridad energética y el acceso, Noruega, Canadá y Dinamarca son los países con mejores resultados. En este caso, el índice mide, entre otros indicadores, la diversidad de las fuentes de suministro energético, el nivel de acceso a la energía y la autosuficiencia.
El Energy Architecture Performance Index es una herramienta que permite a los responsables de la toma de decisiones monitorear el desempeño de su sistema energético y evaluar las áreas que deben mejorar como parte de la transición de su país. Para ello, deben adoptar un enfoque de sistema integrado, equilibrar las compensaciones inherentes a las decisiones de política energética y operar dentro de un contexto energético global en constante cambio.
Autor: Espen Mehlum es director asociado del Equipo de Industrias Energéticas del Foro Económico Mundial.
Imagen: Una bombilla tradicional con filamento de carbono REUTERS/Ina Fassbender

